Autor: Urbano, Pilar. 
   Abderramán Rojas     
 
 ABC.    21/05/1981.  Página: 10. Páginas: 1. Párrafos: 3. 

Abderramán Rojas

El «Mixto», ese grupo parlamentario donde hay de todo, como en botica, por obra y gracia de

las defecciones de comunistas, socialistas y ucederos, y de un reglamento que impide al grupo

andalucista PSA seguir siendo grupo autónomo, puede convertirse, en septiembre, en un

denso «factor de poder parlamentario» con veintiún diputados: la tercera fuerza de votos en la

Cámara, ¡Todo un porvenir! Un extraño cajón de sastre donde sólo haría falta un buen

«concertador» para poner de acuerdo a un Bandrés y a un Pinar, a un Clavero y a un Rojas

Marcos, a un Sagaseta y a un Aizpún, a un Tamames y a un Limón... Pero al fin y a la postre

guinda decisoria a caramelear, ante cualquier votación de tronío. Y dicho esto en broma,

aunque puede ser muy serio a la hora de la llavecita blanca, paso a contarles los tres golpes de

«califato» que ayer tuvo don Alejandro Rojas Marcos, el de la barba florida. Y es que aquellos

Abderramanes de la morería andaluza no entendían gran cosa de liturgias democráticas.

Tres golpes de «califa», tres. Uno, al rebelarse, airado, cuando la Cámara, internamente

soberana y muy dueña para darse un Reglamento, decidía por exquisita ley de voto unas

normas de juego. «Nos iremos del Parlamento —anunció— a patear Andalucía entera... para

conseguir que se cambie el Reglamento, en ese punto que nos discrimina.» Dos: al erigirse

«voz soberana y autónoma de Andalucía», con gran pereza aritmética, porque mal se puede

ser «la voz soberana de Andalucía» sin contar con los 57 escaños que de Despeñaperros para

abajo tienen su sitio entre las filas del PSOE (24), del PCE (7) y de la UCD (26). Y cuando ni se

tienen los quince diputados ni los porcentajes de votos electorales que el Reglamento exige

ahora para ser «grupo autónomo». Y tres: al tratar de inmiscuir al Rey en contenciosos internos

de una institución, el Congreso. «Apelaremos al Rey... Denunciaremos ante él algo

desestabilizador para la democracia.» ¿Ignora acaso el vehemente «califa» Rojas Marcos que

el Rey no es ni debe ser el «defensor del pueblo»?; ¿que su función arbitral no puede

descender a las arenas de lidia partidista?

Ayer, desde esta columna, apunté como supe que estábamos en el kilómetro cero de la

democracia niña y hoy, tristemente, he de volver a la capitular del «catón» de escuela; «la eme

con la, ma...». Hay democratísimos señores diputados que tendrían que volver «a la première

page». Porque si nuestro parlamentarismo empieza a zambullirse en una grave crisis es por

esta razón: creerse «voz soberana» y no «voz diputada»; «voz califal» y no «voz delegada».

Ayer, sin ir más lejos, los enfadados «siete niños de Ecija» del PSA se dedicaban a cultivar la

Prensa, la radio y la televisión, clamando por «la presencia parlamentaria de Andalucía»,

mientras en el hemiciclo decaía, por su ausencia, una importante interpelación al Gobierno

sobre la «situación del campo andaluz». ¿Qué les parece? Y ayer, sin ir más lejos, también, los

mismos «niños de Ecija», con su capitán al frente, anunciaban que se iban de la Cámara

porque... tenían mucho que hacer fuera. «Y los trabajos del Parlamento nos llevan demasiado

tiempo.» Era para rasgarse, siquiera levemente, el tergal de las vestiduras. Y yo me lo rasgué:

¿Qué es más importante para esa Andalucía, bella y hambrienta, que les incendia por dentro?

¿Que siete de sus representantes sean o no sean un «bloquecito» en el Congreso? ¿O que

sus acuciantes intereses: paro, seguros de desempleo, sequía, inmigración,

descapitalización..., se defiendan en el único foro democrático, el Parlamento... y no «pateando

pueblos», a voz en cuello?—Pilar URBANO.

 

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