Autor: López Jiménez, Pedro. 
   Los límites de un programa     
 
 Diario 16.    14/09/1979.  Páginas: 1. Párrafos: 8. 

Los limites de un programa

Pedro López Jiménez

Llevamos largos meses definiendo que el país se enfrenta a tres grandes problemas: el desarrollo de las

autonomías,-como parte sustancial, aunque no única del desarrollo constitucional; el terrorismo y el orden

público, y la crisis económica.

Los dos primeros problemas se encuentran entre la solución y la asunción. El tema autonómico ha sido

descargado de su carga política potencialmente explosiva con los Estatutos vasco y catalán; quedan,

obviamente, dos grandes aspectos, el desarrollo de los Estatutos mencionados y la extensión de las

autonomías al resto del Estado. Pero es lícito esperar que en esta fase habrá que resolver problemas

prácticos y objetivables de menor entidad, aunque de gran complejidad, que los ya resueltos.

Con el terrorismo y el orden público habrá que navegar entre la esperanza y la paciencia. La aprobación

del Estatuto vasco puede contrarrestar, a medio plazo, la acción de la ETA, y las Fuerzas de Seguridad del

Estado van estando progresivamente mejor preparadas para su función, pero el reciente atentado en

"Inglaterra contra lord Mountbatten muestra como la hidra de siete cabezas de la locura asesina, resurge

en medio de medidas políticas y policiales.

Respecto al orden público, la situación es similar, con matizaciones. La actuación del sistema judicial

requiere profundas reformas. La propia mentalización de la ciudadanía es necesaria; no es infrecuente la

comisión ifnpune de delitos en las calles ante la inhibición de todos los testigos. Pero en definitiva,

.también, ia exigencia dé una mayor eficacia de las Fuerzas de Orden Público debería producirse desde la

esperanza y con resistencia. El desánimo ante un problema, común a las sociedades occidentales, no va a

ayudar a su solución o, por mejor decir, a su limitación a niveles tolerables.

Pero ante los dos primeros grandes problemas se presenta una situación políticamente positiva. Con

ligeros matices, todas las fuerzas políticas representativas en el conjunto del país están de acuerdo en las

soluciones. El desarrollo autonómico se produce con acuerdo entre partidos; la lucha contra el terrorismo

y.la seguridad ciudadana son objetivos comunes a todos ellos. La comunidad nacional desea un desarrollo

autonómico positivo y enriquecedor y se vé agredida por el terrorismo y el crimen; son temas de

preocupación común, pero no de división.

Desgraciadamente no es esta la base de partida para la solución de ía crisis económica. El Gobierno

acaba, de presentar su programa económico. Retrasado en la presentación, fue preparado, sin embargo, en

un plazo breve. En el fondo, porque ha sido la plasmación en un documento de su filosofía de actuación

en los últimos meses. Es previsible que el programa se debata; probablemente en las Cortes y, en

cualquier caso, en los medios de comunicación.

La economía dista mucho de ser una ciencia exacta. Pero, además, sus reglas son instrumentales; las

medidas económicas persiguen unos fines que, en general, transcienden la propia economía para

integrarse en la política. Por ello es rara la concertación de partidos políticos para unas medidas

económicas, pues supondría coincidencia de fines políticos entre partidos opuestos. Cuando esto se

produce, en circunstancias excepcionales, también sude darse contradicción entre las medidas econó-

micas. De manera que, por un camino o por otro, al Gobierno no le queda más que definir su política

económica, mantenerla y asumir Los resultados como activo o pasivo que le será tenido en cuenta en sus

futuras confrontaciones electorales.

Sin entrar en un juicio de programa, sí merece la pena mencionar las reacciones que ha suscitado. Se le

reprocha tener ciertos límites: un sindicato pone énfasis en su elaboración sin consulta; otro anuncia que

no absorberá los costes adiciónales recientes de la energía en los niveles salariales actuales; un tercero

acusa de intentar reconstruir las tasas de excedentes empresariales (púdico sinómimo de beneficios); e!

principal partido de la oposición anuncia un programa alternativo, forma quizá de eludir el debate sobre el

presentado por el Gobierno; las organizaciones empresariales se pronuncian positivamente, aunque

translucen su inquietud por insuficientes concrecciones y seguridades...

En el fondo no son tales los límites del programa. Si la solución fuera el acuerdo entré esos varios

interlocutores, sería suponer que la economía se mueve por las decisiones de una docena de personas

alrededor de una mesa. Pero los agentes económicos son millones de trabajadores, de empresarios y de

consumidores. El problema del Gobierno es llegar a los millones de agentes económicos, explicarles,

convencerles y darles confianza. Ese es el auténtico camiíío para superar los límites del programa y no el

debate con los grandes interlocutores políticos, empresariales y sindicales. El debate será probablemente

imprescindible y, en alguna medida, conveniente; pero se inscribirá en el juego político. La economía, por

el contrario, seguirá su curso movida por la reacción, ante el programa, de los agentes económicos.

 

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