Autor: Aumente, José . 
   Acerca de la crisis en el PSA     
 
 El País.    15/01/1981.  Páginas: 1. Párrafos: 9. 

Acerca de la crisis en el PSA

JOSÉ AUMENTE

El editorial publicado en EL PAÍS (27 de diciembre de 1980), «Otra crisis en otro partido», sobre la crisis

del PSA me sugiere toda una serie de consideraciones, alguna de las cuales me gustaría resumir. Ya que,

de dicho editorial, aparte algunos datos bien vistos, pudiera deducirse que lo que en definitiva está en

crisis es la razón de ser del partido, los fundamentos de su propia existencia. Para el editorialista, al

sentirse pinzado el PSA entre el socialismo, común al PSOE, y el andalucismo, que ahora alza el partido

de Clavero, se ha visto reducido alarmantemente en su espacio de maniobra. Y esto no es enteramente

cierto, porque existe un frente de batalla absolutamente nuestro, no cubierto por nadie, que es el

nacionalismo de clase, solamente repesentado por el PSA.

Nuestra razón de ser —aquello que diferencia al PSA de los demás partidos— es la siguiente: nosotros

pensamos que más allá de la contradicción fundamental de clase —la contradicción fundamental entre

burguesías y proletariado— existe una contradicción entre pueblos, y ello en la medida que el propio

desarrollo desigual del capitalismo ha creado la división entre pueblos pobres y pueblos ricos, zonas

desarrolladas y subdesarrolladas, entre capitalismo central y periférico. Somos nacionalistas por este

motivo: porque pensamos que los intereses de clase se expresan también bajo el ropaje de los intereses

nacionalistas; incluso pensamos que el principal frente de batalla —el más eficaz en estos momentos— es

el frente nacionalista. ¿Por qué? Porque aquí está hoy la contradicción fundamental del sistema

capitalista: la existencia de zonas dependientes y colonizadas que no pueden conseguir el pleno

despliegue de sus fuerzas productivas sin romper con el sistema.

Sólo a partir de aquí se podrá comprender nuestra acción política, y sólo a partir de este hecho se tendrá

que ver cómo y por qué nuestro frente de lucha es contra los centralismos dé uno u otro color.

Nuestro campo de actuación política tendrá, pues, que desconcertar a los otros partidos dé la izquierda. Lo

grave es que desconcierte a nuestros propios militantes, atrapados en el esquema simplista izquierda-

derecha (Felipe-Carrillo contra Fraga-Suárez) y no comprendan cuál es realmente nuestro campo de

batalla. Nuestro campo de batalla es por un poder andaluz, poder para que Andalucía elabore su propia

estrategia de desarrollo. Y entonces, se demostrará en la práctica que nuestro desarrollo no es posible

dentro del capitalismo dependiente existente, sino que necesita salirse de sus moldes.

Todo nacionalismo en zona subdesarrollada es objetivamente revolucionario; no podrá ser nunca burgués

o interclasista (modelo Clavero), sino, todo lo más, convertirse en populista. Necesita contar con el

protagonismo de las clases trabajadoras, que son las verdaderamente interesadas en el mismo. Aquí, en

Andalucía, sin una burguesía industrial o comercial autóctonas que sean fuertes —como sí ocurre en

Cataluña y el País Vasco—, es inconcebible un partido semejante a Convergència i Unió (Pujol) o el

PNV. Nuestra burguesía, a las primeras de cambio, dejará en la estacada al señor Clavero, y pactará

irremediablemente con las burguesías centrales, a las que se encuentra dependientemente unida.

Ahora bien, lo que sí es cierto es que el PSA, como todos los partidos de la izquierda, se encuentra en esa

gran contradicción dialéctica que se produce entre la eficacia práctica y la. pureza ideológica (socialismo

autogestionario). No es cosa nuestra, insisto, sino que le ocurre a cualquier partido de la izquierda, sea

PSOE, PCE o MC. O ensuciarse y transigir en el duro campo de la praxis política; o mantenerse

testimonialmente puros, pero absolutamente inoperantes, y, por tanto, inútiles. Es una tensión dialéctica

que siempre debe existir, y no negarse radicalmente a la contraria, sino mantenerla viva y

enriquecedoramente en su propia dinámica. Es una tensión entre «lo que es» y «lo que debería ser».

Por otra parte, en política, como en todo lo humano, nadie tiene la verdad absoluta. Cada parte lleva su

porción de razón. No se ha tratado, por tanto, de eliminar a los críticos y autoprivarse así de una

aportación que puede ser realmente válida. Se ha tratado de asumir los planteamientos de tales críticos, y

separar a los fraccionalistas más o menos involuntarios en que entre ellos algunos se han convertido.

Aunque a veces sea necesaria la práctica de intervenciones de tipo quirúrgico, quizá cruentas, a menudo

desagradables, pero casi siempre necesarias.

En este sentido, de entrada pienso que los planteamientos mantenidos por los principales líderes de los

críticos —los siete que formaron parte del CN— estaban primitivamente bien fundamentados en cuanto

objeciones a la dirección se referían. Partían de la constatación de un hecho: la dirección ha funcionado

por arriba, se ha entretenido en sutiles maniobras de alta política, abandonando lo que debiera ser su

objetivo prioritario: insertarse en las bases, y ser el intelectual colectivo —siguiendo a Gramsci— que

debiera concienciar políticamente —andalucistamente— al pueblo andaluz. Pero todo esto, con ser cierto,

ha sido ulteriormente desbordado por la presión de unas bases —en las que los líderes disidentes, en su

lucha, necesitaron apoyarse— que estaban excesivamente sensibilizadas hacia una forma infantilmente

izquierdista de entender la política. La propia dinámica del enfrentamiento iba llevando progresivamente

a actitudes cada día más radicales. Al final estábamos en presencia de dos partidos diferentes. Y esto no

podía seguir así.

No puede olvidarse, finalmente, que La Sagrada Familia primera obra en que colaboraron juntos Marx y

Engels, es un ataque devastador contra todo idealismo revolucionario e ingenuo. Porque las ideas no

funcionan o actúan por sí solas, si no están enraizadas en las circunstancias materiales concretas, objetivas

y subjetivas, que determinan cada momento. Por tanto, lo primero es liberar a los movimientos

revolucionarios —y más si son de nuevo cuño— de todo idealismo, cualquier misticismo, y demás errores

(otra cosa es el componente utópico, tan necesario). El PSA puede y debe tener actualmente un sólo

objetivo: concienciar al pueblo andaluz.

José Aumente es presidente de la comisión permanente del PSA.

 

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