Autor: González Ortiz, Primo. 
   La economía de la transición     
 
 Diario 16.    13/12/1979.  Páginas: 2. Párrafos: 11. 

Diario 16/13-diciembre-79

La economía de la transición

Primo González

En el mes de octubre del año 1976 los países exportadores de petróleo miembros de la OPEP se reunían

en un pequeño Estado miembro, Qatar, para decidir los nuevos precios del petróleo. La decisión no gustó

demasiado a los países industrializados, ya que el nuevo precio oficial, de 12,61 dólares por barril,

representaba un incremento sustancial sobre el precio vigente hasta entonces.

Lejos estábamos entonces de sospechar que en el año 1979, solamente tres años después, los mismos

protagonistas discuten sobre si fijar el precio del barril en 25, en 28 o en 30 dólares, cuando ya el mercado

libre registra cotas de 40 dólares el barril con creciente frecuencia.

Edición nº l.000

13-diciembre-79/Diario16

DURANTE los últimos tres años, la economía española se ha visto sometida a un proceso de

sucesivas conmociones y de creciente deterioro, a pesar de los importantes esfuerzos realizados con la

puesta en práctica del Programa de Saneamiento y Reforma Económica elaborado por Fuentes

Quintana en el otoño del año 1977, algunos de cuyos aspectos más sobresalientes pasaron a formar parte

de los famosos pactos de la Moncloa.

Sin rumbo

A la altura del año 1976, la política económica española carecía de rumbo. En vísperas de las primeras

elecciones libres de los últimos cuarenta años, la conducción de la economía revelaba los mismos

defectos que se venían detectando desde el inicio de la crisis petrolífera, en los meses finales del año

1973, cuando España se vio privada de la posibilidad de afrontar, al igual que hicieron con urgencia casi

la totalidad de ios países industrializados, el ajuste necesario que la nueva factura petrolífera demandaba.

Ni los responsables de la política económica de los últimos gobiernos del franquismo ni los primeros de la

transición parecen haber estado a la altura de las circunstancias que la nueva crisis económica

internacional demandaba.

A mediados del año 1977 la crisis económica alcanzó su punto psicológico más profundo: las

expectativas inflacionistas se situaban entonces en porcentajes del orden del 40 por 100 y el sector

exterior mostraba alarmantes signos deficitarios, materializados en una creciente sangría de divisas.

El pacto de la Moncloa y las medidas de urgencia adoptadas por el profesor Fuentes Quintana sirvieron

para restablecer un cierto grado de disciplina en lo elemental que tuvo como consecuencia inmediata un

giro de ciento ochenta grados en la situación del sector exterior y un cambio radical "en las expectativas

de crecimiento de los precios.

Parches

Sin embargo, el Plan de Saneamiento, que consistió en aplicar una terapéutica de carácter convencional a

los problemas más urgentes del momento, se reveló al cabo de los meses incapaz de afrontar los

problemas de fondo de la economía española derivados no sólo de la peculiar crisis económica

internacional del momento sino también de las dificultades propias de un periodo de transición política.

En este sentido, si bien las medidas aplicadas para corregir las peligrosas tendencias que afloraban en el

sistema económico en 1977 fueron básicamente correctas, la voluntad reformista necesaria para afrontar

cambios estructurales más profundos fue lo suficientemente débil como para impedir que el país tomara

rumbos más satisfactorios. Desde el otoño de! año 1977, la economía española ha sido incapaz de

remontar obstáculos fundamentales tales como la recuperación de la inversión privada, la formulación de

una nueva política energética capaz de resguardar al país de los riesgos de una excesiva dependencia del

petróleo, la normalización de las relaciones laborales, la remodelación del aparato productivo industrial

para adaptarlo a las nuevas exigencias tecnológicas y comerciales surgidas tras la crisis y a la integración

en la Comunidad Económica Europea, la reforma del sistema financiero, y como consecuencia de todo

ello, el logro de tasas de crecimiento más acordes con las posibilidades potenciales del país.

El futuro

En el horizonte de los años 80 la economía española se encuentra ante la necesidad de solventar a corto

plazo dos problemas de carácter básico para asegurar el inicio de la recuperación. Por una parte, la

necesidad de garantizar un marco financiero suficientemente idóneo como para que la inversión privada

pueda encontrar los medios con los que afrontar una futura expansión. En segundo lugar, la necesidad de

un marco de relaciones laborales que permita simultáneamente un relanzamiento de la inversión y una

absorción del elevado porcentaje de desempleo que existe en estos momentos en el país y que a corto

plazo, año 1980 incluido, parece de difícil corrección.

La nueva crisis petrolífera desencadenada con motivo de los acontecimientos iraníes arroja importantes

incógnitas sobre el futuro a corto plazo, ya que el aumento del coste del petróleo para la economía

española supondrá en el año 1980 el equivalente a los ingresos por turismo de un año normal y resta

alrededor de dos puntos de las posibilidades de crecimiento económico del país. En 1980 el coste del

petróleo equivaldrá a unos seis puntos del producto interior bruto nacional, es decir, dos puntos más que

en el año actual. Este empobrecimiento relativo de la economía española tendrá que ser paliado en parte

con un aumento más sustancial aún de las exportaciones de bienes y servicios de difícil consecución en un

mundo industrializado que se enfrenta a una crisis generalizada, aunque se supone que de corta duración.

Incertidumbre

Si hemos de suponer que 1980 va a ser nuevamente un año negro, con nuevos aumentos en la tasa: de

paro, con una inflación sensiblemente igual o quizá ligeramente superior a la de este año, las esperanzas

para una recuperación de^ la economía española se cifran forzosamente a partir del año 1981. Diversos

factores externos permiten sospechar que en dicho año las expectativas generales en el mundo occidental

van a mejorar, entre otras cosas a causa de los procesos electorales en dos importantes países de

Occidente como son Estados Unidos y Francia, ninguno de los cuales podrá permanecer en la recesión

económica si sus actuales •dirigentes quieren asegurarse la reelección.

Según numerosos expertos, el año 1980 va a ser un nuevo año de transición en la economía española, una

transición que va a presenciar la prolongación de las dificultades de estos últimos meses. Este periodo

será aprovechado problablemente para profundizar en las reformas necesarias que debe afrontar la

economía española y que, aún estando pendientes de realización desde el otoño del año 77, no han

cristalizado de forma satisfactoria. El diálogo directo y la capacidad de entendimiento directa entre los

interlocutores sociales es unq de los elementos que permiten abrigar una cierta dosis de confianza en el

futuro. Y, en segundo término., la consolidación del sector privado como protagonista de la actividad

económica, una vez despejados los obstáculos que lo impedían.

N. del E.- La central sindical CC OO no ha podido ver reflejada su opinión por causas ajenas tanto a Id

voluntad de sus dirigentes como a la de este periódico que le brindó su tribuna. En breve plazo daremos

cumplida cuenta de lo que han supuesto estos mil días, así como la próxima expectativa socieconómica

para esta central obrera.

 

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