Autor: Schwartz Girón, Pedro. 
   Por qué no hay que devaluar     
 
 ABC.    31/07/1979.  Páginas: 2. Párrafos: 9. 

MARTES, 31 DE JULIO DE 1979. PAG. 3.

POR QUE NO HAY QUE DEVALUAR

Por Pedro SCHWARTZ

El valiente industrial vizcaíno don Luis Olarra se presenta como campeón de una medida de política

económica discutible: la devaluación de la peseta. No se preocupe el señor Olarra, lo que pide ya está

empezando a ocurrir: el alza de la peseta respecto del dólar se ha detenido y las reservas de divisas de

España han caído por debajo de tos 12.000 millones de dólares. Sin embargo, si yo estuviese en el lugar

de los industriales vizcaínos o catalanes no me felicitaría sin resmas, pues la caída de la peseta es señal de

que se está recrudeciendo la inflación.

Para entender por qué protestan los exportadores por la revalüación de la peseta frente al dólar, mientras

las autoridades monetarias la desean, es necesario entender algo de los mecanismos económicos que dan

lugar a la aparición de !a* inflaciones.

Las alzas continuadas y generales d« los precios son imposibles si e! Banco de España no crea dinero de

forma continuada. El fenómeno de la inflación no tiene en sí ningún misterio. Consiste en qua el dinero

pierde valor porque abunda en demasía. En efecto, una subida general de precios es una indicación de que

el dinero vale menos. Incluso si el Gobierno consigue por decreto que los precios no suban, o que no suba

el índice del coste de la vida, la creación inmoderada de dinero se refleja en que éste val» menos, pues

aparecerían colas, retrasos en el suministro de pedidos, atesoramiento de mercancías, otras tantas formas

de reducirse el bienestar que podemos obtener con nuestras pesetas.

Entonces, cabe preguntarse, ¿por qué aumenta el Banco de España la canítidad de dinero a una tasa mayor

de to que crece la producción de bienes? Al contestar esta pregunta podemos comenzar a entender la

razón de que el señor Otarra reclame la devaluación de la peseta aunque ello tenga efectos inflacionistas.

En España podemos distinguir tres grandes grupos sociales que presionan para que la cantidad «fe dinero

que reciben crezca a pesar de lo reducido del ahorro español, aún a costa de que el resto del país tenga,

que apechar con la inflación: quienes viven del gasto público, los obreros que se benefician de ios

convenios colectivos y los exportadores de bienes industriales y servicios turísticos. En efecto, el Banco

de España se ve obligado a crear dinero extra para enjugar e! déficit del sector público, para aumentar e!

crédito interior a las empresas que no pueden pagar la nómina, o para mantener devaluada la peseta y

mejorar los beneficios de tos exportadores.

Durante la dictadura de Franco, e! gasto público se mantuvo bajo y el déficit era casi inexistente. Las

causas de inflación, es decir, de financiación excesiva por el Banco de España, había que buscarlas en el

crecimiento del crédito al sector privado y en los incentivos artificiales a la exportación. Hoy en día, por

desgracia, el sector público gasta mucho más de to que recibe; según las últimas noticias, 450.000

millones de pesetas en exceso.

El caso del déficit fiscal es el que mejor permite entender por qué aparecen inflaciones. Los beneficiarios

del sector público pretenden obtener de él más de to que pagan o pagaron a! Fisco en el pa-pasado, La

Inflación nace de que un grupo social busca obtener beneficios sin coste: así, los obreros, alzas salariales

sin aumento de productividad; o los exportadores, mayores beneficios sin hacer nada por reducir sus

costes.

No es casualidad el que los exportadores estén protestando ahora y no lo hicieran el año pasado. El Banco

americano Morgan Guaranty publica todos los meses la estadística que adjunto, en la que puede verse que

el valor de la peseta ha ido subiendo; es decir, su competitivi-dad reduciéndose principalmente en este

año de 1979.

Ante este fenómeno cabrían dos tipos de reacciones por parte de los exportadores, cuyos ingresos en

dólares se cambian por cada vez menos pesetas, al ir aumentando el valor de nuestra moneda en los

mercados internacionales: una postura es tomar y exigir las medidas necesarias para que sus costes bajen

a medida que «e reducen sus ingresos en pesetas; otra postura es pedir que el Banco de España cree

dinero de la nada para •anear la caja de los exportadores.

Veamos esta segunda postura, que es la de los que piden una devaluación. El valor de la peseta en los

mercados internacionales depende, como la de cualquier otro bien, de su relativa abundancia o escasez.

Para devaluar la peseta el Banco de España tendría que imprimir billetes y así comprar a un precio más

alto que el actual los dólares que los exportadores, o los Bancos de los que son clientes, traen a sus

ventanillas.

Para el resto de los españoles, que sufrimos de una inflación nuevamente en alza, sería mucho más

conveniente el que el señor Olarra y sus amigos exportadores consiguiesen del Gobierno no una

devaluación de la peseta, sino la flexibilidad de plantillas. Ello supondría una reducción de los costes

salariales de las empresas, costes que claramente se encuentran por encima de su nivel debido, puesto que

hay paro. Así podrían sobrevivir los exportadores sin necesidad de que el Gobierno tomara medidas

inflacionistas, tales como (a creación de dinero para dar a los exportadores más pesetas por cada dólar que

obtienen en el extranjero.

¿Por qué es bueno para el resto de los españoles, en especial para los asalariados, que la peseta se

revalúe? La respuesta nos la da Mr.. Thatcher y su ministro de Hacienda, el señor Howe: la subida de la

cotización de la libra esterlina abarata las importaciones y reduce la inflación y, por lo tanto, se niegan a

tomar medidas para reducir la revaluación de su moneda. Al mismo tiempo está tomando medidas para

reducir el poder oligopolista de ios sindicatos.

En España, las importaciones equivalen a ´casi un 20 por 100 de nuestro PIB y, por tácito, su

abaratamiento suporte un correctivo notable de nuestra inflación, especialmente porque somos importado-

res de materias primas. Nuestro mercado de trabajo es tan rígido o más que e! británico.

Dos indicios hay del camino que está tlguiendo nuestro Gobierno: la peseta está empezando a caer y la

ley laboral franquista sigue vigente. Pan pera hoy y hambre para mañana.—P. ft.

 

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