Autor: PUBLIUS. 
   Depresión económica     
 
 ABC.    21/07/1979.  Páginas: 1. Párrafos: 13. 

DEPRESION ECONÓMICA

Por doquier se oyen voces lamentando el estado de la economía española. Los empresarios den uncían la

quiebra virtual de sus empresas, el alto coste del crédito, el peso de la Seguridad Social, la caída dé la

productividad, la indisciplina y el absentismo laborales. Los sindicalistas buscan a ciegas la salida de una

situación en la que sus efectivos se reducen, los parados aumentan y el salario arrancado a la patronal

queda minado por la inflación. Las familias se rebelan bajo la creciente presión fiscal y lamentan la defi-

ciente calidad de los servicios sociales.

En esta situación cada vez más negra de insolvencia, inflación, paro y estancamiento todos los españoles

sé vuelven hacia el Gobierno y le piden soluciones con urgencia. Las acusaciones suben de tono con cada

día que pasa: se decía que el Gobierno primero estaba indeciso, luego: inactivo, ahora se le tilda de

incapaz. Políticamente tales situaciones son peligrosas porque fomentan las acciones precipitadas y los

remedios milagreros.

El triunfo del señor Suárez al obtener un acuerdo con los vascos sobre el Estatuto de Euzkadi puede,

paradójicamente, convertirse en un precedente peligroso para la solución de nuestros problemas

económicos. Puede el presidente del Consejo pensar que la solución se encuentra en otra negociación al

estilo de la que culminó en el Pacto de la Moncloa, incluso si el precio del, acuerdo es esta vez un

Gobierno de coalición con el PSOE.

¿Qué política económica podría emerger de tal acuerdo, qué medidas aplicaría un Gobierno de coalición?

La parte positiva sería, desde el punto de vista de los empresarios, que quizá los sindicatos consintiesen

en una moratoria de las alzas salariales y lucharan sólo pro forma contra la autorización del despido o de

la rotación de plantillas. Con mucha suerte; podría conseguirse además ««e no quedara totalmente

abandonada la lucha contra la inflación y el Banco de España pudiera continuar la suave contención

monetaria.

Las desventajas contrapesarían con creces tales posibles logros. En primer lugar, un Gobierno de

coalición supondría un fraude a los electores españoles que dieron su voto a UCD y a una concepción de

la sociedad basada en la libertad individual, la libre competencia, y el respeto a la propiedad privada.

En segundo lugar, no hay razón para suponer que la presencia de socialistas en el Poder facilitase las

tareas de flexibilizar el mercado de t r a bajo, de reducir el gasto público y de liberalizar ia economía que

el Gobierno UCD no acomete con suficiente decisión. La filosofía socialista armoniza mal con estas

políticas económicamente ortodoxas y utilizadas en la actualidad por la mayor parte de los países

occidentales para salir de la crisis.

En tercer lugar, es probable que se volviera a instaurar una planificación a la, López Rodó. E! PSOE y el

PCE serían favorables a tal elixir. Incluso el señor Fernández Ordóñez, en una conferencia reciente en

Barcelona, aludió a la posibilidad o la necesidad de planificar la economía española para salir de la crisis.

Las palabras que empleó indican una visión trasnochada de la planificación macroeconómica: dijo que

planificación y economía de mercado son compatibles. En efecto lo son, porque una economía

empresarial y abierta es capaz de sobrevivir a toda clase de entablillamientos y enyesamientos, y mal que

bien, seguir produciendo prosperidad. La cuestión debe expresarse de otra forma: si un Gobierno de

coalición pretendiera planificar la economía española podría garantizarse que la economía iría mal cuando

el plan funcionase bien, y la economía iría bien cuando el plan fuese mal. Una cosa es realizar

proyecciones de demanda y capacidad productiva como hace el plan energético; otra, planear una

economía moderna y abierta al comercio internacional. Pero, señores, ¿quién planifica en el mundo

occidental´? ¿En qué economía de mercado ha tenido éxito la experiencia planificadora? Ciertamente no

en las social-democracias sueca, alemana O austríaca.

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El camino para salir de la crisis es otro y el Gobierno UCD es capaz de andarlo sólo si quiere. Esa es la

promesa que hizo a sus electores. Los compromisos electorales incumplidos fomentan el escepticismo

ciudadano, que es caldo´ de cultivo de las soluciones autoritarias.

La economía española está en crisis ´ por "dos razones principales: la coyuntura m u n d i a I no es

favorable y el • marco institucional en el que se mué- ; ven los agentes económicos españo 1 e s´.; es

defectuoso.

La subida de los precios de las materias primas en el mercado mundial no ha podido sino desfavorecer a

un país como España que imparta la mayor parte de sus productos, básicos, incluso los agrícolas. Este

factor no debe exagerarse, sin embargo. Los costes energéticos apenas suponen el 2 por 100 de los costes

totales; de nuestra actividad industrial. Las exportaciones españolas se han desarrollado

espectacularmente desde julio de 1977 a pesar de un comercio mundial inerte y de la apreciación de la

peseta. Eí mal es otro.

Estamos pagando ahora el precio de •. alegres experimentos y culpables parálisis. Durante dos años se ha

calumniado, explotado, confundido al empresario y al ahorrador: el Gobierno, los sindicatos, la

Administración pública, han pensado en todo menos en las condiciones para que la empresa funcione y el

capital se invierta: el pueblo está sufriendo las consecuencias.

Las reformas prometidas se han realizado a medias o no se han iniciado siquiera. El contrato laboral,

sigue siendo tan rígido como en época de Franco. Los sindicatos compensan su falta de afiliados con la

violencia de sus piquetes. La Seguridad Social sigue creciendo más deprisa que la renta nacional y apenas

s« empiezan a conocer sus cuentas. El fraude en el cobro de pensiones y del subsidio de paro es un hecho.

El déficit público se ha disparado y se ´ teme que alcance este año la suma de 450.000 millones de

pesetas, suma detraída de la financiación de las empresas privadas. Las pérdidas de las empresas públicas

también aumentan, sin que ello sea óbice para que distorsionen el mercado laboral pagando salarios muy

por encima de la productividad. La política monetaria está maniatada por el insaciable apetito de fondos

del sector público. Los controles e intervenciones siguen en pie: control de cambios, limitación de las

inversiones extranjeras, control de precios, congelación de alquileres, monopolios estatales, comercio de

Estado.

Una crisis como la que sufre la economía española no es susceptible de mejora instantánea. En vez de

planes económicos o programas gubernamentales llenos de buenas intenciones, es preciso que el

Gobierno ponga en obra su promesa de convertir gradualmente la economía española en una economía de

mercado. Ese es el programa económico que el país necesita y no la vuelta a la planificación.—

PUBLIUS.

 

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