Autor: Peces-Barba Martínez, Gregorio. 
   Los objetivos de la Constitución     
 
 El País.    12/04/1981.  Página: 14. Páginas: 1. Párrafos: 15. 

14/NACIONAL

POLÍTICA

EL PAÍS, domingo 12 de abril de 1981

TRIBUNA LIBRE

Los objetivos de la Constitución

GREGORIO PECES-BARBA

Creo que es conveniente en estos momentos, en que se ha intentado por la fuerza romper la convivencia y

reestablecer un sistema autoritario con derogación de la Constitución, resaltar los objetivos que

pretendimos los constituyentes de 1978. Creo, como trataré de razonar, que son unos grandes objetivos

patrióticos, llenos de buena voluntad y además tos únicos posibles para asegurar, a medio y largo plazo, la

convivencia y él desarrollo pacífico de España, aunque puedan producir algunas dificultades a corto

plazo, sobre todo para la adaptación de algunas mentalidades, que no han sido nunca afectadas por el

pensamiento y que viven de cuatro simples lugares comunes.

Al recordar estos objetivos hay que insistir en que siguen vivos y en que, además, tienen que ser un

horizonte que encante, que impulse la esperanza y ese proyecto sugestivo de vivir en común que se llama

España, al que nadie tiene derecho de apropiación exclusiva y menos para enmascarar torpes y materiales

intereses inmediatos.

En el proyecto constitucional, luego convertido en Carta Magna de nuestra convivencia, se pueden

encontrar tres objetivos comunes de todos los grupos del arco constitucional y otro más propio de la

izquierda y especialmente de los socialistas.

Consagración de la tolerancia

La primera de las intenciones, sobre la que hubo coincidencia plena y creo que resultados positivos en el

texto constitucional, fue la pacificación, el arraigo de instituciones y técnicas de tolerancia, de respeto

mutuo y de pluralismo para establecer unas reglas del juego aceptadas por todos. Es eso que,

desnaturalizándolo y vaciándolo de su rico sentido positivo, se ha llamado el consenso: el acuerdo básico

sobre la convivencia sin exclusiones. Hay que reconocer que, después de la intentona del 23 de febrero, la

reacción de las fuerzas políticas, económicas y sociales ha puesto de relieve que se acertó en la

Constitución con esa voluntad qué ha hecho posible que todos se alineen en su defensa, en apoyo firme y

sin dudas.

Por primera vez, el esfuerzo por no excluir y por no afirmar dogmáticamente unas tesis con exclusión de

otras en la Constitución ha permitido que una pane importante de los españoles no la consideren ajena y

agresora de sus ideales e intereses, como ocurrió en nuestra historia con todas las demás constituciones.

No me parece que se pueda dudar, tras la prueba de la ocupación del Congreso de los Diputados y por las

respuestas a la misma, que este primer objetivo haya sido un éxito a defender a toda costa y a profundizar

lo más posible.

La Corona

Un segundo objetivo más concreto, pero no menos importante por sus secuelas en la historia de España,

fue el de resolver la forma política del Estado, pacificando la apasionada polémica que en los dos últimos

siglos, y con graves repercusiones en la convivencia pacífica, había convulsionado la estabilidad de

nuestras instituciones. El problema Monarquía-República tenía que dejar de serlo, pero se partía de

elementos que hacían muy difícil la solución. Por una parte, la tradición republicana de la izquierda, y

especialmente del PSOE, y, por otra, la forma de recuperación de la forma monárquica del Estado en la

persona del rey Juan Carlos, a través de la instauración en la fórmula utilizada durante el régimen

anterior.

Sin embargo, una decidida voluntad de resolver definitivamente el problema por las fuerzas políticas

parlamentarias y la enorme discreción y prudencia del Rey hicieron posible lo que parecía muy difícil: la

aceptación por todos de la monarquía parlamentaria en la persona del rey Juan Carlos I de Borbón. La

lealtad de los partidos de izquierdas, y especialmente del PSOE, a la suprema magistratura y la lealtad de

la Corona a la Constitución y a las instituciones democráticas son la clave de la solución.

Creo que la experiencia de la democracia española y la progresiva confianza mutua entre el Rey y los

partidos políticos del arco constitucional confirman también el éxito del objetivo.

E) mantenimiento de la monarquía parlamentaria y la confianza de los partidos y de los ciudadanos en

ella son uno de los fundamentos de la esperanza en el futuro y uno de los signos del éxito de la

Constitución.

Autonomías

El tercer objetivo central de la Constitución era la solución del problema de la organización territorial del

Estado, con solución a los problemas de identidad vasca, catalana y gallega, además de afrontar los

desequilibrios territoriales entre todas las partes del territorio español.

Se trataba de hacer real la idea de España, que cuarenta años de régimen autoritario centralista y muchos

más de centralismo, con olvido de las culturas propias de muchos pueblos, había vaciado para muchos y

había privado del apoyo de muchos ciudadanos.

La construcción del Estado de las autonomías pretende hacer al Estado más fuerte, porque le proporciona

más apoyos de aquellos sectores autonomistas o nacionalistas que antes se veían marginados del proyecto

estatal. Y lo pretende hacer más eficaz a través de una distribución raciona] del poder, entre los órganos

centrales del Estado, los de las comunidades autónomas y los de las corporaciones locales.

Creo que este objetivo es el más difícil, pero también hoy imprescindible para la pacificación. Se ha

tropezado con los inconvenientes, uno más teórico y otro más funciona!, pero ambos tratados con

apasionamiento y a veces con irracionalidad por unos y por otros. A nivel teórico hay dos exclusivismos

que no obedecen a la realidad, y que ambos se han enfrentado con el proyecto del Estado de las

autonomías que dibuja la Constitución. Por una parte, el exclusivismo nacionalista español que rechaza el

modelo, por considerarlo negador de la idea de que España es la única nación posible, sin entender que

existen en España realidades nacionales, que hemos llamado nacionalidades en la Constitución, que son

comunidades que se pueden integrar en la comunidad superior de España, para hacerla realmente una

comunidad integradora, comprensiva de otras comunidades inferiores y que el Estado de las autonomías

es el cauce jurídico de esa integración que potencia y no debilita a España.

Por otra parte, el exclusivismo nacionalista de sectores de esas nacionalidades que pretenden sostener su

derecho a constituirse en Estados separados del Estado español, pretensión politicamente inaceptable y

científicamente rechazable la de ese segundo nacionalismo excluyeme que se opone también al proyecto

del Estado dé las autonomías dibujado en (a Constitución.

El segundo inconveniente, que he llamado más funcional, porque carece de la importancia teórica del

primero, se ha planteado durante el proceso de construcción del Estado de las autonomías, a través de

emulaciones entre comunidades, planteamientos mezquinos e insolidarios e intentos de enfrentar a

comunidades autónomas entre sí.

Necesidad del consenso

También se han podido producir abusos, intentos de llegar más allá de los límites constitucionales y

temores de otros sectores que no han asumido todavía el proceso y que denuncian esos abusos e incluso

situaciones que son correctas y que no suponen abusos presentándolas como tales. Hay que evitar también

provocaciones de algunos que, presentándose muy autonomistas, hacen planteamientos conscientes o

inconscientes que desprestigian el Estado de las autonomías.

Todos esos fenómenos tienen que ser atajados y realizar un proyecto global del Estado de las autonomías

entre todas las fuerzas políticas españolas a nivel estatal o de las comunidades autónomas para establecer

un modelo resultante, con el ritmo de tiempos para realizarlo y que excluya desviaciones. Esta exigencia

reclama un acuerdo, es decir, el consenso que hizo posible la Constitución. En todo caso, y en esas

condiciones, este tercer objetivo global tiene que ser impulsado hasta concluirse, porque, junto con los

dos anteriores, es imprescindible para nuestra convivencia.

Finalmente, los socialistas tuvimos un último objetivo propio en la Constitución: hacerla para posibilitar

un gobierno de la izquierda. Asi como en tos tres anteriores objetivos, nosotros concurrimos con las

restantes fuerzas políticas, en esto pretendíamos crear las condiciones que hiciesen posible la alternativa

democrática y de progreso que el PSOE representa en España. Creo que la Constitución, a través de los

valores superiores que proclama en el artículo 1.1, de la misión de promoción y remoción de obstáculos a

esos valores que proclama el articulo 9.2 de los derechos fundamentales y libertades públicas,

especialmente en los principios rectores que hay que desarrollar, a través de la iniciativa económica

pública, a través de la planificación, permite esa alternativa de un gobierno socialista que profundice y

avance en los objetivos democráticos y de modernización de la sociedad española. Sin ese objetivo, los

demás hubiesen sido al menos incompletos para una larga convivencia pacifica. Por primera vez España

tiene bases de continuidad democrática, por primera vez se puede contemplar un horizonte de esperanza

que hay que explicar a todos, especialmente después de que esta esperanza se intentase romper el 23 de

febrero.

Hay que explicar que la solución de nuestros problemas con un golpe es una ilusión imposible, puesto

que, aunque triunfase, no sabría qué hacer con el poder, mientras que la Constitución es la mejor regla,

con esos objetivos en cumplimiento, para afrontar la realidad de nuestro país y las esperanzas de nuestros

ciudadanos.

Gregorio Peces-Barba Martínez es profesor de Filosofía del Derecho y diputado del PSOE por Valladolid.

 

< Volver