Autor: Lluch, Camilo. 
   El mito de la estabilización     
 
 Ya.    12/05/1977.  Páginas: 1. Párrafos: 8. 

EL MITO DE LA ESTABILIZACIÓN

LA economía es una ciencia, sin lugar a dudas. Pero, como toda ciencia, es susceptible de una utilización

política. La pretendida neutralidad del científico no pasa de ser, por tanto, un deseo piadoso, de

muy,difícil plasmáción práctica. Si, además, tenemos en cuenta que sobre los problemas económicos

inciden fuertemente las pasiones e intereses humanos, resulta utópico esperar que el economista, como

juez y parte de la vida social, sea éticamente neutral. No obstante, lo verdaderamente grave es cuando el

economista pone su saber y entender al servicio de poderosos grupos de presión, políticos y económicos,

que a cambio de un bíblico plato de lentejas compran su primogenitura intelectual.

Repetidamente venimos escuchando en los últimos tiempos 1a afirmación de que es inevitable la

adopción de un enérgico plan de estabilización para corregir los profundos desequilibrios que aquejan, a

la economía española. Los portavoces más conspicuos de la camarilla que instrumentó el famoso Plan de

Estabilización de 1959 no cesan de insistir en la absoluta necesidad de abordar un programa de

saneamiento financiero, que es la expresión utilizada para evitar enojosas comparaciones y para esconder

su total carencia de originalidad.

EN efecto, ¿qué se trata de estabilizar? ¿Será, por ventura, la cifra de un millón de parados? ¿O quizá

serán las miles de suspensiones de pagos de pequeñas y medianas empresas? Resultaría jocosa la

recomendación si no estuviera en juego la supervivencia económica del país. El sentido común del

hombre de la calle está más cerca de la correcta explicación económica que los obsoletos expelientes de la

sabiduría convencional, máxime cuando éstos se han puesto al servicio incondicional de la porción más

reaccionaria de la oligarquía financiera y terrateniente. Como en el cuento del rey desnudo, vamos a

desvelar la verdad, que sólo está oscurecida por la interpretación interesada de quíenes la contemplan.

En primer lugar está comprobado que la inflación española no proviene de un exceso de demanda, sino

que tiene su origen procedentes de la oferta y de los desequilibrios estructurales que padece nuestra

economía. Los precios suben con total independencia de la situación de la demanda global. Son otras las

causas de las elevaciones de precios: elevado grado de oligopolio en los sectores estratégicos, excesiva

rigidez de la legislación laboral, falta de transparencia de los canales comerciales, alta regresividad del

sistema fiscal, escandalosa especulación del suelo, irracional política de precios agrarios, absurda política

de tarifas de los servicios públicos, incongruente financiación de la Seguridad Social, baja dimensión

media de la empresa, alta barrera arancelaría, excesiva dependencia tecnológica del exterior, etc. En tales

circunstancias, la reducción de la demanda global sólo puede provocar paro, infrautilización de la

capacidad productiva y acumulación de "stocks" invendibles. Pero no frenará apreciablemente el ritmo

inflacionista ni rebajará el déficit exterior, cuyo origen radica en un desequilibrio estructurar que exige la

completa sustitución del modelo de erecimie´nto económico vigente hasta la fecha.

POR otro lado, la caída en picado de la demanda de inversión ha sido motivada por el descenso de la tasa

real de crecimiento del consumo privado, así como por la incertidumbre política y laboral que rodea la

toma de decisiones empresariales en los últimos años. Los empresarios invierten para obtener beneficios,

y por ello no lo hacen cuando ven descender sus ventas y aumentar sus "stocks". Los incrementos habidos

en las cifras de crédito han servido únicamente para financiar las mayores necesidades de circulante

determinadas por las elevaciones de precios y ^alarios, las mayores cargas sociales y la acumulación de

inventarios. Sostener que las empresas no invierten por falta de ahorro es sencillamente ridículo, ya que

confunde la causa con el efecto. Keynes vio bien claro que era la inversión la que generaba el ahorro y no

a la inversa.

EN tercer lugar, la pretensión de que el déficit exterior puede ser eliminado mediante la contención de la

demanda interna raya en lo utópico. Basta con echar una ojeada a la composición de nuestras

importaciones para comprobar que su disminución exige un cambio total de orientación de la política

energética, agraria, minera, tecnológica, naval e industrial, entre otras. En cuanto a las exportaciones cada

día está más claro que no conseguiremos elevar sus cifras mediante reducciones, en los precios relativos,

sino que es preciso abordar decididamente, una política de diversificación sectorial y de mercados, de

fomento de la calidad y de inversiones en el exterior.

ESPAÑA necesita un plan de reactivación selectiva, que estimule el consumo, la inversión y la

exportación hasta alcanzar la plena utilización de los recursos productivos, y muy especialmente de la,

mano de obra, al mismo tiempo que frene la inflación con medidas tendentes a reducir los costes y a

incrementar la oferta de bienes y servicios. La reducción del déficit exterior exiirá una terapéutica a

medio plazo, que reoriente la producción y transforme las estructuras empresaríales. La .capacidad de

endeudamiento internacional de nuestra país está todavía lejos del agotamiento, y no cabe utilizarla mejor

que para reestructurar la economía nacional.

LOS nostálgicos del Plan de 1959 no deberían olvidar que han variado radicalmente las circunstancias

económicas, políticas y socíales que hicieron posible aquella brutal operación quirúrgica. España ya no es

un país predominantemente agrario, sino la décima potencia industrial del mundo. Las clases trabajadoras

y los pequeños empresarios no están dispuestos a aceptar hoy el enorme sacrificio que tuvieron que

efectuar para el éxito del plan tecnocrático. Aunque los acólitos de la oligarquía y los mandarines del

saber establecido hablen de austeridad y de saneamiento financiero para dorar la pildora dé un injusto e

innecesario plan de estabilización, los empresarios y trabajadores coinciden .en la solución adecuada a la

actual crisis económica: aumentar la oferta de bienes y servicios. Sólo asi disminuirán e1 paro, la

inflación y el déficit exterior. Las medidas que traten de reducir la otra hoja de la tijera, como es la

demanda, únicamente servirán, para, incrementar el desempleo, sin eliminar el desequilibrio interno y

externo de nuestra economía. Esperemos que e1 próximo cambio de líderes. .políticos lleve aparejada la

renovación del equipo de asesores económicos de fe. Administración. En caso contrario, la naciente

democracia naufragará víctima de una nefasta política económica.

Camilo LLUCH

(Portavoz económico del Partido Popular.)

 

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