Autor: Esperabé de Arteaga González, Jesús. 
 Para un desarrollo parlamentario. 
 Incompatibilidades, comisiones y ponencias, problemas básicos     
 
 Madrid.    08/10/1969.  Páginas: 1. Párrafos: 15. 

Para un desarrollo parlamentario

INCOMPATIBILIDADES, COMISIONES Y PONENCIAS, PROBLEMAS BÁSICOS

Por JESÚS ESPERABE DE ARTEAGA

Continua nuestra tarea, de detectar defectos más salientes del Reglamento de tas Cortes, y de sugerir

ideas para corregirlos, vamos a abordar hoy cuestiones básicas, para el normal funcionamiento de nuestra

Cámara

La cuestión de las incompatibilidades

Quizá una de las zonas más sombrías del actual Reglamento de las Cortes sea la de tas

incompatibilidades.

El Reglamento en vigor se limita a consignar en su articulo 11, que el que ejerciendo un cargo

incompatible con el de procurador sea elegido para este deberá optar por uno u otro ante la Presidencia

("la Cámara. Pero el legislador parlamentario, como si se hubiera ido de vacaciones, no dice más,

abriendo de este modo la puerta a la interrogante de cuáles son los cargos que en realidad de verdad son

incompatibles con el de procurador, y que por no concretarse, hace que procesalmente al menos no lo sea

ninguno.

Pues bien; la cosa reviste importancia, sobre todo si se tiene en cuenta que además de los 70

parlamentarios de designación, son procuradores natos 18 ministros, cinco presidentes de altos

organismos, siete altos cargos sindicales, 29 presidentes de Sindicato nombrados por decreto, nueve

alcaldes de poblaciones principales que tienen un acceso parecido al Poder y 12 rectores de Universidad;

amén de 51 presidentes de Diputación, en los que si se da—como es frecuente—la representación en

Cortes de su Corporación, es porque antes han sido promovidos al cargo por el señor ministro de la

Gobernación, pudiendo afirmarse otro tentó de la mayor parte de los´ representantes de los

Ayuntamientos. Por lo que si se abre la espita y no se establecen incompatibilidades y la representación

electiva que prevé la ley de Cortes recae en personas que ya ostentan cargos de colación gubernativa, al

margen del peligro de que falta sinceridad en la elección del que ejerce mando o jurisdicción, va a

aumentar demasiado la concentración de Ejecutivo en el Parlamento y la función de control por éste de la

obra de gobierno, se va a convertir en una función de autocontrol, lo que equivale a reducir la función a

nada.

Relegar la cuestión de las incompatibilidades a nivel de leyes especiales es abordar el problema por

parcelas y dar lugar a antinomias y contradicciones, por lo que el problema no se resuelve.

Ahora bien, tampoco esta cuestión ha tenido el adecuado trato y la justa resolución en el anteproyecto del

Reglamento elaborado por nosotros, por lo que el espinoso problema de establecer la línea que debe

separar la función legislativa de la ejecutiva, sigue candente y sin resolver, y va a haber mezcolanzas que

van a redundar en todo menos en beneficio del país.

La constitución de las Comisiones, nudo gordiano

Pero el nudo gordiano de la problemática parlamentaria española viene constituido por la prescripción del

articulo 8 de la ley de Cortes, en el que el legislador parlamentario, precavido, adopta estas dos cautelas:

1.a Las Comisiones las fija y las nombra el presidente de las Cortes, "de acuerdo con el Gobierno".

2.a El orden del día, tanto del Pleno como de las Comisiones, lo fija el presidente, pero "de acuerdo—

también con el Gobierno.

Esta intervención dual, constitucional del Gobierno, a. la hora de nombra las Comisiones legislativas y

hasta de reunirías, suscita suspicacias a varios niveles. Y hay recalcitrantes, a quien los dedos se le

vuelven huéspedes, y tan huéspedes, que encuentra cierta similitud entre una ley y una norma de rango

inferior. Yo no digo —nada más lejos de mi ánimo—, que la cosa sea para tentó; pero desde luego, un

ministro que no puede imponer por acto afirmativo y obstativo la composición fotográfica de una

determinada Comisión está legitimado en cambio para clarear ésta a su gusto, negando, a tenor del

artículo 8 de la ley de Cortes, plácemes y exequátur. No cabe duda de que esto constituye un escollo para

el desarrollo.

Sin embargo, el propio texto constitucional—la Ley de Cortes—ofrece otras posibilidades. Posibilidades

que había que utilizar al máximo, para tratar de paliar los inconvenientes que para la evolución pueden

significar aquellas otras prescripciones. Así, la ley no impide una rotación bienal sin reelección de los

miembros de las Comisiones, y esta medida, al obligar a multiplicar por dos los procuradores que han de

pasar por cada Comisión, y cuyo numero puede ampliarse, reduce al 50 por 100 las suspicacias. Por otra

parte, el propio artículo 8, en su párrafo inicial, dice que las Cortes funcionarán en Plenos y Comisiones.

No establece fronteras ni porcentajes, y al no establecerlas, bastará con vitalizar los Plenos —hoy

aburridos y sin contenido, abriéndolos a la discusión y al debate, para que sí no se invierten los términos

de la ecuación, al menos las que pueden equilibradas.

Mas en la comisión de trabajo que elaboró el anteproyecto del nuevo Reglamento no predominó este

criterio renovador. En cambio, sí se salió al paso de lo que era una corruptela: las Comisiones especiales,

esas Comisiones sin adscritos que nombra el presidente para un caso concreto. De ahora en adelante, sí la

propuesta prospera, ya no habrá Comisiones legislativas especiales, para que frente a un proyecto

determinado, el Gobierno pueda moverse todavía más cómodamente.

Las ponencias, avanzadilla para el triunfo

Otro precepto importante del Reglamento es el artículo 31. En él se regulan las Ponencias, una de las

formas en que funcionan las Comisiones (la otra forma en la que éstas se reúnen es en Pleno), y que,

según la pres-cripción legal, las nombra en presidente de la Comisión, de acuerdo con el de las Cortes

Pero el artículo tiene mas enjundia parlamentaría que la que parece desprenderse de su texto. Porque

resulta que las personas se suelen repetir en las Ponencias con demasiada asiduidad, y si se tiene en

cuenta, que las Ponencias tienen, un peso especifico grande en el seno de las Comisiones, hasta el punto

de que corno la práctica viene demostrando si no se convence a la Ponencia, es difícil que la enmienda

que se defiende prospere, se llega a intuir que en el seno de las Comisiones existen también ponentes.

Quizá sean suspicacias, malos pensamientos ante la coincidencia reiterativa de que siempre sean ponentes

un nucleoide personas Pero la forma de acallar las conncias y de aquietar los espíritus democráticos era

que, conservando el presiden-te la facultad de nombrar a sus ponentes, tuviera que seguir un rotación,

para que el que habiera sido perente una vez, no pudiera volverlo a ser hasta que por la Mesa de la

Ponencia no hubieran pasado los demás. Así, colaborarían además todos los miembros se la Comisión al

fin informativo de los proyectos y no habría en el seno de aquéllas discriminaciones.

Mas ni decir tiene que esta proposición, lógica y constructiva, razonable y humana; naufragó.

 

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