Autor: Baró Quesada, José. 
   Pasillos de las Cortes     
 
 ABC.    25/02/1970.  Páginas: 1. Párrafos: 10. 

ABC.

PASILLOS DE LAS CORTES

Coloquio matutino de Allende García-Baxter—tres horas y veinte minutos de duración—con los

miembros de la Comisión de Agricultura. Algunos procuradores y periodistas se han quedado a almorzar

cerca de aquí. Había premura de tiempo. A las seis de la tarde comienza la discusión del proyecto de ley

de Caza, un debate presumiblemente apasionado por la gran afición cinegética de tantos españoles y por

los Intereses nacionales y particulares en juego.

España es un país de cazadores. Ahí están la Historia, la novela, la leyenda y la poesía. Osos y jabalíes en

pleno centro geográfico, en las proximidades de Madrid, a lo largo del medievo. Época dorada de los

halconeros y del azor, de las soberbias jaurías y las princesas amazonas. Monterías de Reyes y de nobles

señores. Enrique IV, Felipe 111, Felipe IV, Carlos III, Carlos IV y Alfonso XIII cazaron en El Pardo,

Riofrio, Andalucía, Valladolid... Pintores como Velazquez y Goya inmortalizaron a ilustres hombres de

escopeta. Cervantes, Bécquer, Pereda, la Pardo Bazán, Antonio Machado, dedicaron bellos pasajes a la

caza. Luego, hablaron de los "cotos", en relación con las tierra» improductivas, los sociólogos, los

economistas y los políticos.

Si, la caza es un tema apasionante. ¿Qué dicen de él los procuradores que van c discutirlo? Don Antonio

Arrúe, representante familiar por Guipúzcoa, uno de los muchos enmendantes del proyecto, me cuenta

que en su provincia, a pesar del entusiasmo náutico y piscícola y de la escasa densidad de población, hay

más de veinticuatro mil licencias de caza, lo que supone unas cincuenta mil escopetas. Todo ello —

subraya—para unas pocas liebres y unos cuantos gorriones. Pero la afición es grande. Arrúe esgrime un

texto de Ortega: "Con máxima frecuencia, a lo largo de lo» siglos no se ha dejado cazar a todo el mundo y

te ha hecho de esta ocupación un privilegio, uno de los privilegios más característicos de los poderosos."

Me acerco a otro grupo que marcha por los pasillos hacia la sala de Comisiones. Se expresan de este

modo sus componentes:

—Ahora resulta que no va el 3 de marzo la ley de Educación.

—¿Y qué hay de la Sindical?

—¿Y de Matesa?

—¿Y de la reforma del Reglamento?

Ha llegado la hora. Emilio Lamo de Espinosa y los ponentes ocupan la presidencia. Todo está en orden.

Los procuradores toman asiento y se ponen a hablar de la caza. En los retratos y en los bustos de las

Cortes se les Iluminan los ojos con una extraña, indefinible lucecita, a los famosos parlamentarios de

ayer. Pienso en Dato, Moret, Castelar, Ríos Rosas, Silvia, Maura, Romanones, Canalejas, Alonso

Martínez... ¿Qué hablarían ellos en los pasillos, en el salón de conferencias, al abandonar los escaños?

¿Y aquellos colegas nuestros de "La Iberia", "El Imparcial", "El Libera/", "El Debate", "La Época", "El

Sol», el "Heraldo", "La Correspondencia", "La Acción", "La Libertad", "La Voz", "El Siglo Futuro",

ABC...? Diputados e Informadores que ya son historia. Cada cual con sus ideales, sus aciertos y sus

errores. Pero todos, pedazos del país. Pensar en ellos es justo, inevitablemente emotivo, cuando hoy, con

otro estilo, otro» hombre» y otro» problemas te abre en la Cámara la sesión.—José BARO QUESADA.

 

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