"Nuestras Cortes no quieren asemejarse con el partidismo político"     
 
 Arriba.    30/12/1969.  Página: 14. Páginas: 1. Párrafos: 42. 

INFORMACION NACIONAL

«Son el singular mareo en que la concurrencia y el contraste de pareceres han de darse en toda su

autenticidad

«LA CRISIS DEL PARLAMENTARISMO LIBERAL A ESCALA MUNDIAL ES CADA VEZ MAS

NOTORIA»

«NO CONTROLA LA ACCIÓN DEL GOBIERNO, SINO QUE LA OBSTRUYE; NO LIMITA LA

ESFERA DEL PODER, SINO QUE LA PARALIZA»

DISCURSO DE DON ALEJANDRO RODRÍGUEZ DE VALCARCEL ANTE EL PLENO DE LA

CAMARA

MADRID, 29. (Pyresa.) — A las Hez y cuarto de la mañana comenzó la sesión plenaria de las Cortes

Españolas. Con el Presidente, don Alejandro Rodríguez de Valcárcel, ocuparon sus lugar res habituales

los vicepresidentes y secretarios de la Cámara, los presidentes de las Comisiones y, en sus bancos

respectivos, los miembros del Gobierno.

Abierta la sesión, se procedió a la lectura del acta de la sesión anterior, que efectuó es secretario primero

de las Cortes, don Tomas Romojaro.

Seguidamente, el Presidente de las Cortes tomó juramento a los nuevos Procuradores, señores: don José

Luis del Álamo Lorenzo, don Luis Ángel Urbez, don Adolfo Baturona Colombo, don Lucas Beltrán

Flórez, don Juan Castañón de Mena, don Antonio Castro Villacañas, don Adolfo Diaz-Ambrona Moreno,

don Ricardo Díaz Hochleitner, don Fabián Estepa Rodríguez, don José María Fernández de !a Vega y

Sedaño, don Alfredo Jiménez-Millas y Gutiérrez, don José Lacalle Larraga, don Alberto Leiva Rey, don

José María López de Letona, don Vicente Lorazno López y don Alfredo Sánchez Bella.

DISCURSO DEL PRESIDENTE DE LAS CORTES

A continuación el Presidente de las Cortes, don Alejandro Rodríguez de Valcárcel, pronunció un

importante discurso, en el que, entre otras cosas dijo:

Al ejercitar por vez primera, desde mi designación por el Jefe de] Estado, el honor y la responsabilidad de

comparecer ante vos-otros —dijo, en primer lugar, don Alejandro Rodríguez de Valcárcel—, en el Pleno

de esta Cámara, siéntenla necesidad de dirigiros unas palabras que constituyen mi cordial y esperanzado

saludo.

Y lo hago con la emoción ambiental de cuanto simbolizar esta Casa, desde el cielo azul de España, a sus

amplios horizontes, sus tierras y sus montes, sus ríos y sus mares y, sobre todo, el humanismo de la

Patria, encarnado en vosotros.

Aquí y así, quiero reiteraros, a todos, mi afán de servicio y la seguridad de que vuestro Presidente es un

Procurador más, consciente de sus lealtades, de sus deberes y consciente, sobre todo, de que las Cortes

Españolas requieren, cada vez más, una íntima solidaridad entre todos los que aquí representamos al

pueblo español.

Glosó, a continuación, la figura de su antecesor, don Antonio Iturmendi, de quien afirmó que con fu

inteligencia, con su sensibilidad, con su entendimiento claro de las cosas, vive en todos nosotros como un

ejemplo que hemos de afanarnos en seguir.

En el desarrollo institucional •—manifestó seguidamente— podemos decir que se ha llegado a su

culminación al aprobar esta Cámara, en la sesión de 22 de julio, la propuesta hecha por Su Excelencia el

Jefe del Estado de designar como Sucesor, en su día, a Su Alteza Real el Príncipe de España, Don Juan

Carlos de Borbón.

Y, asimismo, la culminación institucional se realiza con plena consecuencia y fidelidad a los Principios

del Movimiento, a los valores del 18 de Julio, que son su origen, fundamento y esencia de nuestro orden

político.

Ahora bien, esa culminación institucional ha de ser impulso y cauce para conseguir la plenitud nacional,

es decir, la realización positiva de todos los procesos de transformación presentes, en la sociedad

española. Esos procesos, perfectamente claros en el orden político, económico, social y cultural, son los

que configuran el inmediato horizonte de nuestra comunidad; en cumplirlos plenamente está la ambición

y la esperanza de nuestro pueblo; en llevarlos a buen fin, la más alta empresa de quienes tienen la

responsabilidad de la dirección política.

LAS TRES FUNCIONES DE LAS CORTES

Tras referirse a la perenne lección de José Antonio Primo de Rivera, valedera aún para estos tiempos, el

señor Rodríguez de Valcárcel reseñó las tres funciones que han de ejercer las Cortes.

En la función legislativa —añadió— encontramos un doble aspecto: el análisis, estudio y debate de los

Proyectos de Ley remitidos por el Gobierno a la Cámara, y la promoción de Leyes remitidas por las

Cortes, para su sanción, al Jefe del Estado.

Desde el propósito de considerar objetivamente las cosas, sin obstrucciones partidistas, la función

legislativa de las Cortes representa, para el país, una de sus energías más poderosas, uno de sus

mecanismos más decisivos.

Nos encontramos, de otro lado, con el control democrático del Poder, que las Cortes deben ejercer

lealmente, pero firmemente. Ello supone un examen de los actos de Gobierno, una aportación de criterios

y de perspectivas que el Gobierno, debe estimar en todo su alcance.

Refiriéndose a la relación entre Gobierno y Cortes, afirmó:

Esta interlocución supone un vivo ejemplo democrático para la sociedad entera, que entraña eficacia. Para

esa sociedad que tiene opinión y criterio y que reclama que la acción de las Cortes, a través de una

información adecuada y veraz, tenga una dimensión de comunicación, de referencia al hombre de la calle.

Las Cortes Españolas son uno de los marcos, singular marco, en que la concurrencia y el contraste de

pareceres ha de darse en toda su autenticidad en toda su eficacia. La concurrencia de pareceres, su

contraste, el diálogo en torno a la acción de Gobierno ha de ser plenamente, de hecho, el camino orgánico

de la democracia social española.

Existe en España, como fruto y resultado del ciclo de la paz de Franco, una amplia y extensa coincidencia

nacional. La sociedad española sabe, acaso como nunca, qué es lo que quiere, y qué es lo que tiene que

hacer para conseguirlo. Tienen unos propósitos comunes de promoción a la cultura, de desarrollo, de

crecimiento del bienestar, y de evolución hacia el autogobierno. Son las nietas a que el pueblo aspira y

cuya posibilidad ha ganado el derecho, con su trabajo y su esfuerzo de muchos años. Pues bien, nadie

puede disminuir, ni rebajar esa gran coincidencia, en cuyo seno han de darse, sí, las discrepancias, el

diálogo, el contraste, pero siempre encaminados a reforzar la coincidencia, a suscitarla; a fortalecerla.

Es eso estriba toda la radical diferencia entre nuestro sistema y el sistema del parlamentarismo liberal,

cuya crisis, a escala mundial, es cada vez más notoria. El parlamentarismo liberal no controla la acción

del Gobierno, sino que la obstruye; no limita la esfera del Poder, sino que la paraliza; no promueve vías

de participación del pueblo en la vida política, sino que reduce esa vida política al campo de interés

particular de los partidos.

Nuestras Cortes no quieren asemejarse, ni en el presente, ni en el -futuro, con el partidismo político. Las

Cortes Españolas son el resultado evidente de la fecundidad del Estado en el terreno de la representación

política, sin perjuicio de su constante perfeccionamiento. Durante estos años, España ha vivido una

evolución política, que no es sino el despliegue histórico de los valores del 18 de Julio, de los Principios

del Movimiento Nacional. Esa evolución que ha alcanzado ya frutos trascendentales ha de continuar de

cara al futuro, con un ritmo más acelerado, con un paso más ágil, con una voluntad decidida de caminar al

compás del tiempo hacia la plenitud de sus metas.

AUDACIA Y PRUDENCIA

Ahora bien —continuó diciendo el nuevo Presidente de la Cámara—, el sentido de la prudencia —que

con la justicia, la fortaleza y la templanza vienen bien a la virtud política— no contradicen, en absoluto, la

audacia histórica que supone el marchar, resueltamente, hacia un horizonte nuevo, que gracias a nuestro

hoy y al ánimo del pueblo español está pie no de posibilidades.. lozanas. Es necesaria más audacia, se

requiere más valor y más coraje para avanzar hacia un futuro inédito y original, que para regresar hacia

situaciones de decadencia y de baja tensión histórica.

Pues bien, eso es, precisamente, lo que queremos. Extraer de los Principios que informan nuestro sistema,

toda su fecundidad, utilizar al máximo todas sus posibilidades representativas y de participación.

Nuestro sistema es fuente de democracia social. Y está tan lejos de aquellos esquemas en que la libertad

se suprime, como de aquellos en que la libertad se corrompe.

Quiero recordar, señores Procuradores, aquellas palabras de Lessing: «Si Dios tuviera encerrada en su

mano derecha la verdad completa, y en su mano izquierda la eterna aspiración hacia la verdad, y me

dijera, escoge; yo le diría, humildemente: Señor, dame tu mano izquierda, porque la verdad pura está sólo

para Ti.»

En interpretación política entendemos que para recoger un fruto que sea en verdad posible a la

convivencia de los hombres, hemos de dejar la mano que guarda la libertad y elegir la que contiene las

libertades.

Señores Procuradores: —dijo con energía el señor Rodríguez de Valcárcel— Estamos ante un porvenir

que nos brinda ]a ocasión de cumplir en extensión y en profundidad, la empresa de unidad, de libertad y

de justicia que constituye la razón de ser de nuestro Estado.

Bajo el mando de Franco, guía seguro del destino nacional, con la garantía de continuidad qué en la

Sucesión se ofrece, con la cálida asistencia del pueblo español, consciente y esperanzado. Con la

soberanía nacional, guardada por la hermandad de las Fuerzas Armadas, que nos dan la lección ejemplar

de que su grandeza. y fortaleza la sepamos, sin que se la sienta.

Con la más firme fe en la validez y fecundidad de nuestros Principios hemos de avanzar" hacia el futuro,

con serenidad, con convicción, con voluntad de perfección, con ambición transformadora. Incorporando a

las juventudes. Situando, en responsable función, a las nuevas generaciones, que tienen la plataforma de

lanzamiento, que hace posible todas las esperanzas.

Y hemos de avanzar, alegremente, con talante optimista, manteniendo con lealtad posiciones y

oposiciones, pero siempre movidos por el rigor, la ilusión y la esperanza.

Con ánimo de alegría y esperanza —terminó diciendo el Presidente de la Cámara— llenemos de

entusiasmo a nuestro afán, manteniendo con firmeza la voluntad de unidad y de solidaridad entre todos

los españoles, para que nos traiga ese futuro que ya vemos en el horizonte; con la plenitud de las

libertades y la máxima exigencia de la justicia, a cuyo servicio, os pido que hagamos renovada promesa

de alegre ofrecimiento, a quien tanto le debemos, al Caudillo de España, en los albores de) Año Nuevo,

para el que os deseo todas las venturas, para vosotros, para vuestras familias, para cuántos representáis,

para los hombres y las mujeres todos del pueblo de España.

El.discurso del señor Rodríguez de Valcárcel fue interrumpido en varias ocasiones por los aplausos de la

Cámara y acogido ai finalizar con una gran ovación.

A continuación se dio lectura al dictamen de la Comisión de Presupuestos sobre los Presupuestos

Generales del Estado para el bienio 1970-71. En defensa de este dictamen intervino el Procurador don

Juan María Araluce Villar.

DISCURSO DE ARALUCE VILLAR

Se refirió el señor Araluce a las modificaciones que se han introducido al proyecto par la Comisión.

Como consecuencia del tra-bajo de la Ponencia estas modificaciones se refieren a los artículos 11, 35, 3 y

49.

Al artículo 11 se le han añadido dos párrafos, en los que se puntualiza que la concesión de créditos

extraordinarios y suplementarios a que se refiere el artículo 41 de la Ley de Administración- y

Contabilidad de la Hacienda Pública queda limitada al 5 por 100 del total de los autorizados en el Estado,

letra a) de los Presupuestos Generales del Estado. Se pretende con ello establecer un techo de gastos que,

aunque traspasable, tiene un fuerte valor indicativa.´´

La modificación del artículo 35 Se refiere a las garantías del Estado con respecto a los créditos

concertados en el exterior, que, aunque no implican contracción de gastos, si comprometen la solvencia y

el crédito de la Nación.

El artículo 3º—siguió diciendo el Procurador— dispone que la autorización que el Ministerio de

Hacienda puede conferir al de Información y Turismo para llevar a cabo la contratación de obras,

adquisiciones e instalaciones antes de producirse los ingresos que dicho artículo contempla, no podrá

rebasar el 75 por 100 de las previsiones aprobadas.

En el artículo 49 se hacia extensiva la información del Ministro de Hacienda a cuanto suponga uso de las

autorizaciones concedidas, y que se refieren a créditos ampliables, avales a operaciones en el exterior y

emisión de Deuda del Estado.

En su intervención, el señor Araluce se refirió tambié entre otras cuestiones, a las Corporaciones Locales

y a la situación de sus funcionarios.

Terminado el discurso del señor Araluce hizo uso de la palabra el Ministro de Hacienda, don Alberto

Monreal Luque, que pronunció un discurso, en el que, entre otras cosas, dijo:

A LA SIGUIENTE

 

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