Autor: Espinar, Modesto. 
 Para un Gobierno representativo. 
 La reforma de las Cortes podría ser el camino     
 
 Madrid.    29/12/1969.  Páginas: 1. Párrafos: 10. 

PARA UN GOBIERNO REPRESENTATIVO

LA REFORMA DE LAS CORTES PODRIA SER EL CAMINO

Por MODESTO ESPINAR

Si el Emperador de Jauja, el Rey de Sirdania o el Presidente de Oruba—que lleva veinte años haciéndose

reelegir por "aclamación"—quisieran gobernar en favor de su pueblo, podrían hacerlo Pero también

podrían hacer lo contrarío. El régimen democrático trata de eliminar esta incerti-dumbre en lo posible,

haciendo que los gobernantes tengan que ser elegidos de una u otra manera, porgue sólo así podrán ser

también "deselegidos", sin tener que recurrir a la insurrección, que a nadie favorece. La "demofilia" o

amor al pueblo, tan grata a nuestros impenitentes antidemócratas, no puede bastar, porque no es suficiente

suponerla: hay que demostrarla con hechos. Y si no se demuestra, ¿qué?

Por eso, en Geodia y en Norlandia, los Reyes, que no son elegidos y han de reinar largo tiempo, se

hicieron constitucionales, para que gobernaran sus ministros, elegidos, confirmados o depuestos por unos

Parlamentos representativos, mientras que en la República ,de Peruvia la presencia de los partidos

garantiza que el Presidente no puede eternizarse en su cargo sin el consenso popular. La "demofilia" se

demuestra andando, y el mejor modo de demostrarla consiste en dejar que sea el pueblo quien elija a los

que han de gobernar.

Ahora, la ideología demofílica se rebautiza de "tecnocracia". No hace falta tener mucha agudeza, y

penetración para darse cuenta del parentesco entre ambas, aparte de ser sus mantenedores, "mutatis

mutandi", los mismos. Las dos se basan en la tesis de que el hombre es, en general, perverso o bobo,

cuando no las dos cosas, y el pueblo un conjunto de individuos deficientes y menores de edad que hay

que conducir con mano dura y paternal a un tiempo. Para el demofilico clásico esta labor correspondería

exclusivamente al Príncipe—y en todo caso a algunos de sus consejeros más próximos—, que por

nacimiento y educación estarían especialmente preparado para ello y al que se le suponía exento de

aquellas humanas proclividades. La experiencia no abona, empero, esta hipótesis: además, hoy día, no se

concibe que una sola persona pueda reunir el conjunto de salieres y disposiciones que se precisan para un

buen Gobierno. De ahí la supervaloración del "esperto" como moderno paladín de la eficacia, exorcista de

la política de las cosas, caballero andante de la demofilia del consumo.

De la demofilia a la tecnocracia

No cabe duda de que en el mundo de hoy el técnico debe de estar bien preparado para hacer con eficacia

las cosas que son de su competencia, y que por ello, por una especie de "deformación profesional", el

Gobierno de los técnicos deberá ser, en principio, un buen Gobierno. Lo que ocurre es que la política es

más bien una cuestión de opciones, en las que la técnica juega un papel secundario. No se trata tanto de

construir autopistas donde éstas hagan más falta cuanto de otras cosas mucho más sutiles y entrañables.

La renta "per capita" puede ser reducida a cifras, pero no la justicia, la satisfacción o el libre albedrío. Y´

el hombre cabal no puede estar satisfecho si se siente manejado por otros como un número en un

gigantesco tablero de fórmulas y ecuaciones.

Además, en. un país medianamente desarrollado existe para cada rama de actividad un cierto número de

expertos igualmente calificados. ¿Quién elige a uno de ellos para el Gobierno, y por qué? Las respuestas

demofílica y democrática a esta pregunta ya las sabemos. La tecnocracia, en cambio, guarda silencio. No

tiene respuesta, para esta grave cuestión; o, llegado el caso, practica la respuesta demofílica bajo

semántico ropaje democrático.

El presente del Gobierno

La Constitución española tuvo que abrirse paso a través de circunstancias muy excepcionales. Hasta 1966

no aparece en ella la figura del presidente del Gobierno, elegible para un plazo de tiempo determinado,

figura la más típicamente democrática del sistema. No nos inquieta tanto el hecho de que la puesta en

práctica de esta institución haya quedado aplazado por el momento, como nos preocupa su proyección en

el futuro, dadas las peculiaridades de su elección.

Nuestras leyes fundamentales constan de unos principios inalterables y de un conjunto de textos

reformables. De hecho, algunos de ellos han sido ya modificados de acuerdo con el procedimiento

previsto en los mismos, con el fin de aumentar la coherencia del conjunto y adaptarlos a las necesidades

del momento. Puesto que uno de aquellos principios define a la monarquía española como

"representativa", es lícito preguntarse si el resto de las disposiciones constitucionales es coherente con

ésta definición, y si no hay algunas de ellas que por este motivo requieran una meditada reconsideración.

Es obvio que son las Cortes el elemento representativo del sistema, y que siendo el Consejo del Reino

prácticamente una emanación de las Cortes, si el presidente del Gobierno fuera "realmente" elegido por

aquél, aún siendo independiente de las Cortes y responsable sólo ante el Jefe del Estado, seria también

representativo, dándose así el paso que va de lo "demofilico" a lo "democrático"´." Para ello no bastaría,

pero sí sería necesario, borrar las palabras "en terna" del artículo 14, I, de la Ley Orgánica del Estado. Si

la propuesta del Consejo del Reino fuese unipersonal y no "en terna", el jefe del Gobierno sería práctica-

mente elegido por aquél, lo que con el texto actual no ocurre.

El camino de la reforma

Decimos que no bastarla, porque seria preciso también reforzar el carácter representativo de los

organismos colegiados encargados de hacer aquélla propuesta. Si un gran número de procuradores en

Cortes fuese mediata o inmediatamente designado por el Gobierno, aquélla elección sería realmente

tautológica. "Yo te nombro a ti para que me elijas", podría decirse .Seguiríamos con ello en el ámbito de

la "demofilia".

El reforzamiento de los cuerpos intermedios, la vida auténtica de las Corporaciones y demás "entidades

naturales", la puesta en marcha de unas Asociaciones políticas y sindicales espontáneas, la elección de

dirigentes de abajo arriba, la delimitación de incompatibilidades entre la función representativa y la

ejecutiva: nada de ello tendría por qué ser anticonstitucional. Todo ello, en cambio, ´coronado por la

reforma de la ley de Cortes, podría ser el camino.

Un camino para políticos. Un programa político.

Los expertos en Derecho electoral y constitucional podrían, ciertamente, echar una mano

 

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