Chequeo a las Cortes: Deben caracterizarse por su independencia     
 
 La Verdad.    29/07/1972.  Páginas: 1. Párrafos: 6. 

CHEQUEO A LAS CORTES: DEBEN CARACTERIZARSE POR SU INDEPENDENCIA

|A sesión que han celebrado las Cortes antes de las vacaciones veraniegas invita a que nos preguntemos

por la eficacia del nuevo reglamento que ha venido aplicándose durante los últimos meses del período

legislativo que ahora ha terminado. No pretendemos hacer hoy un análisis complete, sino señalar dos

fallos, que podrían ser corregidos con relativa facilidad. Las Cortes se han acreditado, según se decía en

nuestro periódico hace pocos días, como "institución viva e incluso peleadora", "con calor, color e

ilusión", en contrastre con el silencio de la otra Cámara: el Consejo Nacional. Es por eso una pena que no

sea todo lo que podrían llegar a ser, repetimos, con cierta facilidad.

El primer fallo se refiere a la falta de una regulación de tas incompatibilidades que evite el excesivo

gubernamentalismo de una institución que se debe caracterizar por su independencia. El proyecto de

nuevo reglamento establecía la incompatibilidad de la función de procurador con cualquier cargo público

de la categoría de subsecretario, director general, gobernador civil o asimilados, y con los cargos

judiciales y fiscales en general, A su paso por el dictamen obligatorio del Gobierno, el proyecto perdió

esa disposición. En su lugar, se dijo que la regulación de las incompatibilidades debería ser objeto de una

ley especial. Que no tarde, comentábamos. Pues bien: ya está tardando.

EL segundo fallo es la paradoja de unas Cortes, orgánicas por su estructura pero que, por su

funcionamiento, son las más inorgánicas del mundo, puesto que cada procurador sólo puede hablar por sí

y habla, ¡vaya si habla!, lo cual estaría muy bien si el resultado no fuese el número sobrecogedor de

enmiendas a los proyectos de ley, el aumento de las sesiones, su alargamiento, el cansancio y la confusión

de los debates... y hasta el incremento de gastos, que con razón está preocupando.

Pusieron de manifiesto la importancia del problema los tres meses de discusión de la ley Sindical, a

principios de 1971. De algo han servido liara paliarlo algunas medidas, como la agrupación de las

enmiendas por materias; pero ese "algo" no es bastante, como lo demuestra el temor ante lo que va a

suponer la discusión del proyecto de ley de régimen local. Se habla de medidas nuevas: negar la

consideración de enmiendas a las que se limiten a reproducir otras anteriores, citar escalonadamente a sus

defensores, para evitar la acumulación de procuradores ajenos a la Comisión... Otra medida es limitar la

duración de las intervenciones. Ninguna puede servir más que para atenuar, y ni siquiera en mucho, el

mal que consideramos, aparte la impopularidad que siempre tienen las medidas simplemente restrictivas.

¿Por qué no ir al nudo del problema y aceptar que los procuradores se puedan agrupar para estudiar los

proyectos, formar un criterio común " designar en cada caso al portavoz del grupo ante la Comisión? Con

esto no sólo se aligeraría la discusión, sino que se la organizaría. Y por otra parte, ¿a qué asustarse? ¿No

es lo que en buena medida existe ya en el grupo sindical, cuya disciplina y coherencia son patentes, y en

menor grado en los estamentos de tipo corporativo? ¿En qué quedamos? ¿Es bueno o malo que haya

grupos en las Cortes? Pero si es bueno, ¿por qué negar a los demás procuradores lo que otros tienen con

beneficio para la institución?

Es reforma fácil, insistimos. Y se trata de la eficacia de una institución, pero también de la eficacia

«general de un sistema representativo contra el cual la mayor objeción no viene de su comparación con

otros, sino de que, mejor o peor, sólo se haya aplicado a medias, sin llevarlo hasta sus últimas

consecuencias. ¿Democracia orgánica? Bien, pero que lo sea del todo y auténtica; porque, si no, sólo se

consigue desacreditar un cisterna sin que verdaderamente se le haya llegado a aplicar.

 

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