Faltas de asistencia en las Cortes     
 
 ABC.    07/06/1973.  Página: 34. Páginas: 1. Párrafos: 16. 

ABC. JUEVES 7 DE JUNIO DE 1973. EDICIÓN DE FALTAS DE ASISTENCIA EN

LAS CORTES

Sobre la falta de asistencia de los procuradores en Cortes a las reuniones de sus comisiones

correspondientes e, incluso, a algunas sesiones plenarias, se han escrito ya bastantes comentarios.

Un caso concreto —referido a la Comisión de Industria— nos anima a insistir en este asunto que, por la

trascendental función de las Cortes y por su rango institucional, tiene enorme importancia.

La Comisión de Industria, desde el pasado 3 de abril, trabaja en un proyecto de ley de Minas. La materia

legislativa que se estudia y debate puede, quizá, ser considerada por algunos como árida, complicada,

especialísima materia; pero a nadie escapa su gran interés comunitario. Y menos, las repercusiones

económicas que encierra.

Ocurre, sin embargo, que las sesiones legislativas se están celebrando, día tras día, con notable y notoria

ausencia de muchos procuradores pertenecientes a la Comisión. En varias ocasiones en las cuales se ha

solicitado quorum para la votación de puntos controvertidos, no lo había. Es decir, los reunidos no

llegaban a sumar la mitad más uno.

Y como hemos apuntado, al comienzo, no es la primera vez que esto sucede.

¿Qué determina el Reglamento de las Cortes?

El artículo 12 establece: «Los procuradores tendrán el deber de asistir a las sesiones del Pleno y de las

Comisiones a que fuesen convocados.»

Así, la obligación de asistencia queda claramente establecida. Pero, además, el Reglamento reconoce,

como es natural, la importancia que en verdad tiene la asistencia y, por ello, sanciona la falta reiterada en

este aspecto, cuando, en el artículo 15, incluye y expresamente menciona entre las causas de pérdida de la

condición de procurador: «Quinto. Por falta de asistencia, no justificada, a tres sesiones del Pleno o a seis

de las Comisiones, durante el mismo período de sesiones, estimada por el presidente de las Cortes.»

Reglamentariamente, el caso está previsto, definido, sancionado, sin ambigüedad alguna. Es decir, no

existe imprevisión o laguna legislativa; ni se trata de materia abandonada a la voluntariedad, al

subjetivismo personal.

Resulta difícil comprender, por muchas hipótesis de disculpa que puedan establecerse en teoría, como

existe una tendencia al incumplimiento del deber de asistencia a las sesiones de las Cortes, sobre todo a

las de Comisiones.

La función legislativa es de tal importancia política que no precisa ponderación o encomio. Y quienes

reciben, por designación o por elección, la investidura eminente de miembros o procuradores de las

Cortes conocen perfectamente la honrosa y distinguida servidumbre a la que se comprometen.

En un caso extremo, siempre les queda abierto el camino normal y legítimo de la dimisión del cargo a

quienes por razón de otras ocupaciones no dispongan del tiempo suficiente para cumplir con plenitud su

función.

Los ciudadanos a quienes los procuradores representan, cualquiera que sea su vía de acceso a los escaños

de la Cámara, tienen derecho a esperar de ellos la aportación, sin ausencias, sin discontinuidades, de sus

consejos y sus opiniones; su trabajo, en suma.

Y la Nación, en su comunitario conjunto, es titular también de este derecho, en el cual el cumplimiento de

la obligación que encierra —la presencia en las sesiones—- resulta ser una prueba evidente de

ejemplaridad pública, tanto como nada tiene de ejemplaridad la ausencia reiterada.

No creemos preciso ahondar más en este comentario. El tema está planteado; la solución corresponde a

las instancias de poder competentes.

Pero no debemos terminar sin dejar expresa constancia del reconocimiento que merecen —aun en el

marco de un deber cumplido— todos aquellos otros procuradores en Cortes que asisten con regularidad a

todas las sesiones y que están dando prueba cumplida, en su actitud, de asumir plenamente su

responsabilidad pública y de comprender, con seriedad y solvencia, la importancia sustantiva de su

función política.

Vaya en especial esta mención a aquellos procuradores que se distinguen, además, por su trabajo, siempre

positivo, expresado en la presentación de enmiendas e intervención en los debates.

 

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