Autor: Contreras, Lorenzo. 
   El proyecto de Régimen Local, criticado     
 
 Informaciones.    13/05/1975.  Páginas: 1. Párrafos: 17. 

EL PROYECTO DE RÉGIMEN LOCAL, CRITICADO

Por Lorenzo CONTRERAS

MADRID, 13.—Con un lleno sin precedentes en la Sala de Comisiones comenzó ayer en las Cortes la

discusión del proyecto de ley de Bases para el Estatuto de Régimen Local. Un circuito cerrado de

televisión permitió seguir con todo detalle el discurso del vicepresidente primero del Gobierno y ministro

de la Gobernación, señor García Hernández. La acogida no fue demasiada calurosa. Algunos

procuradores sindicales comentaban en los pasillos, con aire, de disgusto, que el señor García Hernández

había estado «muy Inorgánico». El máximo exponente- de este descontento se localizó en la intervención

del señor Martín Sanz, uno de los enmendantes a la totalidad del proyecto. El procurador dijo en la sala,

cuando le llegó el turno: «Me ha defraudado mucho oír del vicepresidente primero del Gobierno que es

preciso homologar nuestras instituciones las que rigen en el Mercado Común y en la Europa occidental.

¿Y por qué, si nuestra ideología es exportable?»

Junto al señor García Hernández tomó asiento, presidiendo la primera parte de la sesión, el presidente de

las Portes, señor Rodríguez de Valcárcel, quien dedicó palabras de homenaje a los funcionarios de Policía

y guardias civiles víctimas del terrorismo en las Vascongadas. Los procuradores, puestos en pie,

tributaron una ovación al presidente.

NO A LA LEY DE BASES

La exposición y defensa de las enmiendas de totalidad (todas ellas rechazadas en el Informe de la

ponencia que integran los señores García Roméu, Gómez Picazo, Lamo de Espinosa, Palomares Díaz y

Vallina Velarde) correspondió a don Rafael Merino, don Manuel Escudero Rueda, don Gabriel Zubiaga

Imaz, don Joaquin Gias Jové y el ya citado don Dionisio Martín Sanz. El primero de ellos abrió el turno

con un. breve discurso que postuló por la no admisibilidad de una ley de Bases y denunció las

insuficiencias del proyecto para afrontar los principales problemas de la Administración Local. Indicó que

el proyecto soslaya la participación de los órganos representativos en la Administración Local.

«ESPAÑA FUE ANTES UNA SERIE DE PUEBLOS»

El señor Escudero Rueda llevó la discusión hacia teínas regionalistas. Empezó diciendo: «Habida cuenta

de las circunstancias del país y concretamente de mi país (se referia al País Vasco), aspiro a que se haga

un esfuerzo por objetivar situaciones difíciles que requieren algo mas que, un mero tratamiento de orden

público.»

Todo el discurso del señor . Escudero discurrió en medio de un ambiente de disgusto que la sala no

reprimía. Los tumores se hicieron ostensibles cuando el procurador guipuzcoanó citó a Sánchez Albornoz

y se abonó a su testa de que no hay varias Españas, sino un problema de España que es preciso resolver

en base a la existencia de una pluralidad de pueblos.

«Vean en mi —había dicho el procurador—una aspiración a tender la mano. Estamos muy cansados de

perder. Las aspiraciones del pueblo en cuyo seno he nacido han sido siempre no romper con la unidad de

la Patria. Nuestros Fueros históricos jamas atentaron contra esa unidad.»

Tras una breve incursión por la historia, el señor Escudero subrayó que la normativa constitucional

permite la «ordenación territorial regional». Acusó a la ponencia de moverse en esquemas antiguos. «No

podemos aceptar la tesis de que España no fue antes una serie de pueblos que, mediante pacto de

condiciones, hicieron posible la unidad. El separatismo surgió cuando el régimen centralista fundió

unidad con centralismo y patriotismo.»

El procurador consideró «miopía política» la rehusa del concepto de región y su sustitución por la idea de

mancomunidades provinciales, que, a su juicio, son realidades pensadas para una coyuntura, es decir, para

emprender obras determinadas.

LO EXTRANJERO ES LO CENTRALISTA

Siempre distinguiendo entre «Estado unitario regional» y Estados federados, el señor Escudero defendió

la fórmula del Estatuto de autonomía. Dijo que Castilla jamás creó una Monarquía centralista ni dominó a

la periferia, sino que castellanos comuneros y foralistas vascongados llegaron a enfrentarse con el reino

astur-leonés, que intentó implantar el imperialismo de los godos.

«Lo extranjero —repitió— fue lo centralista, y lo comunero fue lo autóctono.»

El procurador dijo después refiriéndose al País Vasco: «Podemos dar. En la historia hemos dado. Pero la

historia se ha desfigurado. Por eso hay que buscar la fórmula, que no es el centralismo unitario. En mi

país se está su-friendo. Estamos hartos de perder y no vemos perspectivas para dejar de sufrir.»

El señor Escudero terminó: «Yo soy en mi pueblo uno de los exponentes públicos del puente. Creo que

todavía se pueden resolver los problemas con el diálogo y las soluciones políticas. Ustedes, señores de la

ponencia, han reducido nuestro problema a una pura consideración fiscal, a una cuestión de impuestos.

Están ustedes destrozándonos el camino a los que queremos servir de puente.»

UN PROCURADOR CONTRA EL I. N. P.

El otro procurador familiar por Guipúzcoa, señor Zubiaga, carlista militante, se abstuvo de defender

una enmienda de totalidad parecida a la que planteó el señor Escudero. En lugar de exponer sus

argumentos, se limite a leer unas líneas que decían: «El artículo quinto de la ley de Cortes y el noveno de

su Reglamento regulan la inmunidad parlamentaria tan insuficientemente que el Instituto Nacional de

Previsión(el procurador es empleado del I. N. P.) la soslaya tan generalmente por los flancos, y así me

tienen sometido a expediente desde hace casi año y medio por mi aetuaeiór en Cortes. Se trata de una

situación intolerable en todo Estado de Derecho. Carezco, por tanto, de la más elemental libertad para

defender mí enmienda a la totalidad.»

El presidente de la comí-¡sión, don Juan Sánchez Cor-tes, insistió varias veces en que la libertad del

procurador era absoluta por lo que a la comisión atañía. El señor Zubiaga reiteró su protesta relativa a los

ataques qué sufre «por los flancos y tangencialmente». Adujo que su libertad para actuar no era cierta

realmente.

DEFENSA DE LOS CONSEJOS LOCALES DEL MOVIMIENTO

Terminado este episodio, usó de la palabra el señor Gías Jové, quien pidió la devolución del proyecto de

ley por incurrir en anticonstitucionalidad. A juicio del señor Gías, los órganos del Movimiento, y

concretamente los Consejos Locales, son órganos del Movimiento-comunión,- y en tal calidad deben

tener participación en las elecciones municipales, posibilidad esta que el proyecto ha orillado. «Hay que

incluir —dijo— entre los electores de los alcaldes a los miembros de los Consejos Locales del

Movimiento y no sólo a los concejales.»

LA IDEOLOGÍA EXPORTABLE

El señor Martín Sanz cerro la sesión con una intervención oratoria en la que expuso los aspectos

«derrotistas» del proyecto sometido a las Cortes. «Está claro —dijo— que nosotros no éramos fascistas ni

nacionalsocialistas. Estas sí que eran ideologías no exportab1e s, lo contrario de la nuestra. No

cometamos el error de creer que el Régimen no es más que un paréntesis autoritario tras el que hay que

volver a unas fórmulas democráticas. Si vencen los criterios del Gobierno, desaparecerá la vida política

española. Será un suicidio. Los sindicatos representan mejor al pueblo que los partidos. ¿Por qué

queremos incorporamos x a una ideología liberal que ya sólo vive una quinta parte de la población

mundial? Tenemos el deber´ de enseñar al mundo. El Caudillo podría pasar a la historia como autor de un

sistema político exportable. Pero todo esto lo vamos a tirar por la borda sólo porque se considera preciso

potenciar políticamente a las entidades locales, destruyendo el fundamento de la convivencia española,

que es el sindicalismo.»

El señor Martín Sanz abogó por una mejor comprensión del sistema político vigente, que —dijo— «no se

entiende bien, por desgracia, pues requiere mucho tiempo de codos y de estudio».

«Yo no he visto nunca —terminó— que de las urnas salga la solución de ningún problema trascendente.

Cuando precisamente estamos remontando las cataratas del Niágara, no se comprende que se quiera

volver a la democracia inorgánica. No es justo que nuestro sindicalismo siga decapitado, con jefes

nombrados desde el Gobierno.»

 

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