Autor: Fuentes Quintana, Enrique. 
 Crecimiento económicos y empleo. Ocho condiciones. 
 Condiciones para una política económica     
 
 El País.    17/09/1978.  Página: 34-35. Páginas: 2. Párrafos: 10. 

Ocho conclusiones

Condiciones para una política económica

1. El objetivo del programa de política económica que el país necesita debe residir en conservar los

equilibrios interno y externo, impidiendo que se agraven las cifras de actividad y paro. Traducido en

términos cuantitativos, el problema de la economía española se centra en crear anualmente 200.000

nuevos puestos de trabajo que detendrían el deterioro progresivo e incesante desde el comienzo de la

crisis hasta hoy de las cifras de ocupación y paro.

2. El crecimiento natural de la economía española desde el comienzo de la crisis (2-2,15%) no permite

alcanzar estos niveles de ocupación. AI contrario, con la continuidad de esas tasas de desarrollo

económico se perpetuaría la caída de la población activa y el ascenso de las cifras de paro.

3. La oposición entre los objetivos de empleo y las posibilidades de la economía española para

alcanzarlos justifica una actuación continuada y enérgica de la política económica. Los principios de

esa nueva política económica deben recoger las lecciones de la experiencia del desarrollo económico

tras la crisis energética. Dos son las lecciones fundamentales de esta experiencia:

a) La inflación no permite, sino que impide el desarrollo económico; no es posible conseguir un

desarrollo estable y duradero si no es reduciendo la inflación.

b) La economía debe ajustarse inmediatamente a los nuevos precios internacionales, sufragando el

mayor coste de las importaciones con el corespondiente esfuerzo exportador. No ajustar la economía

a la crisis origina costes a la larga imposibles de soportar e incita consumos despilfarradores de los

productos subvencionados. El ajuste de la economía española a los nuevos precios de los productos

energéticos no se ha producido con el coste y el despilfarro correspondientes que deben corregirse.

4. Conseguir los objetivos de ocupación (200.000 empleados por año) reclama una tasa de crecimiento

superior a la natural (2-2,5%). Este mayor crecimiento del PIB, fijado con frecuencia en torno al

4,5%, se considera con indeseable generalidad como la traducción práctica del objetivo del empleo..

Debe afirmarse que ei nivel de empleo en España no está ligado tan sólo a la tasa de desarrollo

económico propugnada. Depende de otras muchas causas. Entre éstas figura como fundamentales: la

estructura productiva de la que se deriva esa tasa de desarrollo, la orientación que decida darse al

gasto nacional (consumo, inversión, exportaciones), el nivel de salarios reales que condiciona de

manera fundamental la demanda de trabajo y la utilización y productividad de las explotaciones o

plantas industriales.

5. Un relanzamiento general e indiscriminado del gasto nacional no puede contribuir, en modo alguno, a

una política de empleo como la que España necesita. Es indispensable programar los componentes

del crecimiento económico: qué sectores y cuánto, qué componentes de la demanda y cuánto, Esto

hace que la política económica necesaria revista una dificultad doble: técnica (apostar bien por los

sectores económicos que crecen) y política (conseguir que la demanda se comporte de tal manera qué

su impacto sobre el empleo sea el máximo), lo que obligará a impulsar la demanda de inversión y las

exportaciones y a moderar responsablemente el crecimiento del consumo.

6. Un punto de crucial importancia para la nueva política económica es su estímulo a las inversiones y a

la exportación. Estos dos componentes de la demanda deben jugar un papel decisivo en el programa

de aumento del empleo. Las variables de las que dependen inversiones y exportación habrán de ser

estimuladas por las distintas medidas de plítica económica disponible.

7. El objetivo prioritario de la ocupación obliga a moderar el crecimiento de los salarios y a frenar la

marcha de los costes de la Seguridad Social. Sólo si estas dos partidas que integran el coste de trabajo

limitan su marcha, podrá detenerse el empeoramiento incesante del paro y la caída en la actividad de

la población. Por otra parte, dado que el coste de trabajo depende del salario y de la productividad,

todo aumento de productividad abre camino a un crecimiento no inflacionista de los salarios reales.

De ahí que la movilidad de la mano de obra, la facilidad en utilizar temporalmente instalaciones con

exceso de capacidad, la reconversión del personal para que domine nuevas técnicas de producción,

deben constituir posibilidades que la política económica facilite a las empresas al servicio de un

empleo mayor y mejor.

8. La adecuada orientación de esa difícil política económica de crecimiento encaminada a la generación

de empleo, exige seleccionar adecuadamente los componentes de la demanda y los sectores cuya

producción deba ser potenciada, lo que sólo puede realizarse con el apoyo y con la contribución de todos

los grupos sociales. Los empresarios tendrán que asumir, un importante esfuerzo inversor, los asalariados

tendrán que soportar menores precios relativos por su trabajo, deteniendo sus reivindicaciones

distributivas —aumentos lineales—; el sistema crediticio deberá reducir el coste del dinero y aumentar la

capacidad de intermediación, los sectores con problemas tendrán que practicar reestructuraciones

profundas en sus esquemas productivos, los consumidores habrán de proseguir en una línea de austeridad

que facilite la generación del ahorro necesario, y el sector público deberá adoptar sin dilaciones la

necesaria disciplina en su comportamiento económico y financiero.

 

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