Autor: Fuentes Quintana, Enrique. 
 Crecimiento económico y empleo. La estabilidad salarial, condición básica para crear puestos de trabajo. 
 Al objetivo de crecer más hay que añadir el de hacerlo mejor     
 
 El País.    17/09/1978.  Página: 35. Páginas: 1. Párrafos: 14. 

Crecimiento económico y empleo

El paro, primer problema nacional

El gráfico recoge la evolución de la importancia relativa que los problemas económicos tienen para el

país, según la ordenación hecha por una muestra representativa de los cabezas de familia españoles. En

la última semana de mayo y primeros días de junio de 1978 —fecha de realización de la encuesta—, el

desempleo ocupaba un primer y destacado puesto (1,91), seguido por el alza de los precios (2,95), en la

preocupada atención de los españoles por la economía. La seguridad personal (3,92), el cierre de las

empresas (4,11) y las huelgas (4,33) constituían un segundo paquete de problemas cuya importancia, sin

embargo, se considera muy inferior a los anteriores por los españoles. Por último, la degradación del

medio ambiente (5,09) y la falta de infraestructura de la zona donde se vive (5,61) aparecen en los últimos

puestos de esta escala. Dos son, por tanto —por este orden—, los temas familias españolas: el paro y la

inflación. El gráfico enseña, además, la evolución de esta opinión desde mayo de 1976. Los resultados del

primer sondeo colocaban el alza de los precios por delante del paro, durante 1977 estos problemas

intercambian sus puestos y en 1978 ofrece una situación similar con algunas notas que conviene subrayar.

La preocupación por la inflación, aún en segundo puesto, adquiere su mayor valor relativo en octubre de

1977, vísperas de los acuerdos de la Moncha, y refleja, sin duda, la incidencia de las fuertes alzas de

precios al consumo sufridas por las economías domésticas en los anteriores meses. La desaceleración de

los precios a final del año 1977 y durante el primer semestre del 78, tiene su fiel reflejo en los resultados

del sondeó de mayo de este año. En resumen, el público sigue siendo consciente de la amenaza del alza dé

los precios, pero también más netamente sitúa al paro como el problema número uno dentro

La estabilidad salarial, condición básica para crear puestos de trabajo

Al objetivo de crecer más hay que añadir el de hacerlo mejor

H objetivo de empleo para no empeorar las cifras de actividad y de paro no es alcanzable por la tasa de

desarrollo a la que ha crecido nuestra economía tras la crisis de los 70. Cualquiera que sea la relación en-

tre el crecimiento de la renta y el del empleo, algo es seguro: un 2-2,5% de crecimiento del PIB aumenta

el paro y disminuye las tasas de actividad.

Lina política económica voluntarista está justificada. Se trata de una política tendente a hacer posible lo

que la actuación espontánea de la economía española no conseguiría: crear 200.000 puestos de trabajo al

año.

Con frecuencia esa política económica s.e ha reducido a su simple traducción en términos de tasa de

desarrollo del PIB. Crezcamos a 4,5% y todo lo demás se nos dará por añadidura. Esa traducción es

simplista y por simplista falsa, y su elevación a la categoría de único objetivo del programa económico

puede ser enormemente perturbadora. En particular, porque puede transmitir dos imágenes equivocadas.

La primera esque un relanzamiento general de les distintos sectores constituye la propuesta adecuada, ya

que sería inflacionista y absurda, pues no puede pensarse que el crecimiento afectase a los sectores en

crisis: siderurgia, sector naval, industria textil, por ejemplo, sectores todos con necesidades —mejor:

exigencias— de limitar sus producciones y aligerar su nómina en beneficio del desarrollo económico

general.

Por otra parte, el desarrollo de la producción nacional no permite su inmediata traducción en cifras de

empleo, pues estás no son siempre las mismas.

Descenso de la oferta de empleo

Una característica acusada del crecimiento económico de España que también se registra en otras michas

economías es la progresiva tendencia a reducir las necesidades de trabajo por parte del sistema

productivo. Los datos del crecimiento de la economía española entre 1962 y 1978 muestran con toda

claridad que entre 1962 y 1972 la tasa de generación de empleo correspondiente a la variación de una

unidad en la tasa de crecimiento de la producción ha ido decreciendo como tendencia, mientras que entre

1973 y 1978 una variación unitaria de la tasa de desarrollo ha ido generando, por término medio, tasas

cada vez mayores de desempleo. El progreso tecnológico, la evolución de los salarios y los propios

cambios experimentados por la estructura de la demanda condicionan esa tendencia hacia una menor

utilización relativa del factor trabajo por parte del mecanismo productivo.

Los excelentes estudios realizados dentro del programa de investigaciones del INI, analizando en

profundidad las relaciones producción-empleo; confirman ésta tendencia. Entre 1962 y 1970 se ha

estimado que las necesidades de trabajo por unidad de demanda final para la economía española se ha

reducido en valores próximos al 28%, a la vez que se han ido elevando las necesidades de capital. Otro

hecho muy claro que se deduce de dichos trabajos es que existe una acusada diferencia en la generación

de empleo entre los distintos sectores de la economía. Hay sectores intensivos en la utilización de capital

y que requieren, por tanto, una menor creación de puestos de trabajo para lograr un determinado

incremento de la producción.

Por tanto, desde el punto de vista de la generación de empleo, el crecimiento de la producción no puede

ser uniforme entre los diferentes sectores.

Elegir los sectores en los que crecer para traducir con la mayor resonancia los ecos de esta política sobre

las cifras de empleo debe ser una parte irrenunciable del programa de política económica.

Por otra parte, tampoco es neutral el lado del gasto nacional. Si el paro debe reducirse, las inversiones y la

exportación han de ser intérpretes de la política económica y han de atraer, forzosamente, la atención de

las principales medidas del programa. Por contraposición, consumo privado y consumo público deben

reducir sus tasas de desarrollo si es que desea disponerse del ahorro necesario para financiar el

crecimiento de las inversiones. El crecimiento desigual de sectores y la actuación discriminada sobre los

componentes del gasto nacional constituyen piezas estratégicas fundamentales del programa que España

necesita en favor del restablecimiento de sus cifras de ocupación, Y esa estrategia no se manifiesta, sino

que más bien se oculta cuando se habla simplemente de tasas de desarrollo de la producción.

Salarios, seguridad social e inversión

Por otra parte, el nivel de empleo está también asociado a otras variables distintas del crecimiento de la

renta nacional. Entre éstas figura el comportamiento de los salarios. Es obvio que cuanto mayor sea el

crecimiento de los salarios reales, mayor será el crecimiento de la producción requerido para generar un

determinado aumento del empleo o, alternativamente, menor será el aumento de empleo que se logra con

una misma tasa de crecimiento de la producción.

La relación entre la evolución de los salarios, la tasa de crecimiento y el nivel de empleo tiene una

extraordinaria trascendencia desde el punto de vista de la fijación del objetivo deseado de desarrollo.

Toda aspiración a mayores crecimientos salariales, en términos reales, hace tanto más difícil el logro de

una tasa de empleo.

El crecimiento de los costes de trabajo, de importancia vital para determinar el nivel de ocupación, no

sólo depende del crecimiento de los salarios, sino de las cuotas de Seguridad Social y de la productividad

alcanzada en el aprovechamiento de equipos e instalaciones. Moderar las tasas de crecimiento de la

seguridad social que penalizan el empleo y facilitar la movilidad del trabajo con el fin de utilizar mejor el

equipo disponible; son alternativas fundamentales de una política de empleo que no se traducen

necesariamente en tasas de crecimiento de la renta nacional.

Puede concluirse, en suma, que a la pregunta de si un 4,5% de crecimiento del PIB resulta suficiente para

alcanzar los objetivos de empleo, la respuesta no puede ser otra que contestar con la vieja salida de los

economistas: depende de. Depende de la estructura de producción elegida, de los factores del gasto

nacional sobre los que se apoye la acción de la política económica y del comportamiento de los salarios,

de los otros elementos del coste de trabajo y de la movilidad de la mano de obra. Todo esto quiere decir

que la nueva política económica no debe reducir su mirada exclusivamente a la tasa de desarrollo de la

renta nacional. Debe abarcar muchos más factores, cumplir con muchas más condiciones y requisitos.

 

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