Autor: Fuentes Quintana, Enrique. 
 Programa para 1979. Hay que evitar una nueva espiral inflacionista y la bancarrota exterior. 
 Una política de lanzamiento que no se base en la inversión es demagógica y errónea     
 
 El País.    10/10/1978.  Página: 53. Páginas: 1. Párrafos: 12. 

Una política de lanzamiento que no se base en la inversión es demagógica y errónea

Con el análisis de la política monetaria y la política fiscal para el año 1979, el equipo de expertos que

dirige el profesor Enrique Fuentes y del que forman parte los profesores Manuel Lagares, Victorio Valle y

el economista Julio Alcaide, culmina hoy el amplio diagnóstico de la economía española en vísperas de

las negociaciones para establecer el nuevo pacto económico y social del año próximo. Junto a las dos

políticas sectoriales ya mencionadas se plantean las medidas generales básicas que deberían adoptarse en

el marco de dicho pacto, entre las que destacan como más importantes la necesidad de relanzar la

inversión, en particular la privada, el logro de un acuerdo salarial y el establecimiento de un calendario

político.

Los objetivos primarios de un programa de política económica que aspire a intensificar el desarrollo y

crear empleo (frenando, el embolsamiento de paro) no podrán alcanzarse sin un crecimiento de la

inversión.

No es posible elevar la tasa de desarrollo económico de forma estable y duradera (y con ella el nivel de

empleo) sin reducir al mismo tiempo la tasa de inflación. Un desarrollo económico que. no respetase el

requisito imperativo de lograrse con menor inflación sería efímero y desembocaría finalmente en el peor

de los mundos: nivel galopante de precios, grave desequilibrio exterior, mayores cifras de paro. El

desarrollo, de la economía creador de empleo hay que buscarlo por el difícil camino de reducir

gradualmente la inflación. El programa debe conseguir simultáneamente mayor ocupación (con mayor

desarrollo) —que exige mayores inversiones— y menor inflación.

Objetivos ambiciosos

¿i crecimiento de las inversiones totales incluido en el programa de política económica que se ha venido

exponiendo en EL PAÍS, reclama para 1979 una tasa de crecimiento de la inversión del 9,9% (9%

inversión privada, 13,6% inversión pública).

Esos objetivos no son ambiciosos si se considera el comportamiento de las inversiones a lo largo de los

últimos quince años. Sin embargo, las tasas postuladas para el crecimiento de la inversión en 1979 son

muy ambiciosas si se atiende a la crisis actual de la inversión, el escenario económico en el que se ha

manifestado con más claridad, dureza y persistencia la crisis económica de los´ setenta. Claridad: ya que

en todos los años que hemos vivido con la crisis -1975 a 1978- las tasas de inversión han sido negativas.

Dureza:

pues la caída de las inversiones ha acumulado un descenso total de un 12%. Persistencia: puesto que la

crisis de la inversión dura ya cuatro años, superando a cualquier otra experiencia anterior.

Inversiones «versus» consumo

Vistas las cosas desde el fondo del bache actual de las inversiones, parece obligado preguntarse si son

realmente insustituibles para aumentar la producción y el empleo, si no podría conseguirse lo mismo

dejando las inversiones en el bache en que se encuentran y pidiendo al aumento del consumo que tirase de

la economía y de su ocupación. Para posibilitar ese mayor consumo se elevaría la tasa de crecimiento de

los salarios (por ejemplo, al 16%-18%) se ajustarían las magnitudes monetarias al alza (por ejemplo, al

18%-19%) para que todo funcionase adecuadamante. De esta manera lo tendríamos todo: mejor nivel de

vida, asegurado por un consumo privado mayor, mayor crecimiento de la producción, impulsado por el

gasto de consumo, mayor empleo, demandado por una mayor producción. Esa solución idílica —que

apunta en algunas propuestas actuales de política económica para 1979— constituye una alternativa

errónea, peligrosa por sus defectos y con atractivo demagógico.

Errónea: ya que no corrige la inflación que padecemos, originada en los costes del trabajo, que no se

reducirían sustancialmente para colocar nuestra inflación en niveles europeos y competitivos; no se

alentaría la inversión, pues continuaría la erosión de los excedentes empresariales; disminuiría la

competitividad de nuestros productos en el exterior en cuanto que los costes y precios españoles no sólo

no reducirían su ya considerable diferencia con los de nuestros competidores, sino que la ampliarían,

creando así una situación crítica de balanza de pagos. Esa secuencia de acontecimientos no es nueva. Es

dolorosamente familiar: la hemos padecido desde 1974 hasta julio de 1977. Es la secuencia de una

economía basada en el ciclo mayores salarios, mayor consumo, mayor producción, precios mayores y un

déficit final y creciente de la balanza de pagos. La fuerza creadora de ese proceso se pierde pronto, ya que

la aceleración de precios agota el crecimiento de los salarios, y la demanda de consumo deja dé tirar muy

pronto de la producción. Los mayores precios preparan la ronda siguiente de peticiones de mayores

salarios y la política monetaria y la fiscal habrán de ajustar al alza sus objetivos para que esa ronda sea

posible y se pague. El final de ese proceso será una inflación progresivamente agudizada, y una balanza

de pagos crecientemente deficitaria que recogerá las irracionalidades de este comportamiento. Los

peligros de esta alternativa se comprueban cuando el proceso iniciado tiene que detenerse frente a una

situación de quiebra exterior, con consecuencias muy graves para el empleo.

Inversión

Miles de millones Objetivos: de pesetas

• Tasa de crecimiento real, 9,0%. Inversión privada fija: 339,0

• Tasa de crecimiento real, 1 3,6. Inversión pública: 108,7

Condiciones previas:

• Programa pactado por tres años de política económica (limitar incertidumbres de inversión).

• Tasa de desarrollo económica, 4,5% PIB sostenida en un trienio:

— Elevación de las ventas empresariales.

— Utilización de la capacidad de producción.

— Horizonte de programación suficiente para la empresa privada.

• Política de rentas pactada

— Crecimiento de salarios igual al de precios.

— Recomposición del excedente empresarial.

• Política de precios

— Evitar inflación reprimida.

— Liberalizar precios y mercados, vigilando la competencia.

• Mejor utilización fuerzas de trabajo

— Movilidad de mano de obra (empresas-sectores).

— Flexibilidad de contratación.

• Rapidez en la aprobación del programa.

Políticas:

Política monetaria

• Crecimiento de las disponibilidades líquidas: 16,5%.

• Crecimiento del crédito bancario: 1 5,6%.

— Vigilar la estructura de las disponibilidades líquidas. Efectos «crowding out» sobre inversión privada:

— Limitar el déficit del sector público.

— Limitar el endeudamiento con el exterior.

• Reforma del sistema financiero.

— Liberalización.

— Crédito oficial.

— Bolsa de valores: Política fiscal Inversión privada:

Apoyo fiscal a la inversión: 15%. Reducción cuotas de Seguridad Social. Evitar doble tributación

dividendos, Inversión pública: Aumento del 13,6%. Sectores creadores empleo:

— Vivienda (tipos interés).

— Agricultura.

Otras inversiones (energía, educación, infraestructura). Reestructuración sectores en crisis: Fondo

especial inversiones regionales.

El camino de la inflación acelerada no posibilita ningún futuro viable a una economía, aunque constituye

una alternativa con atractivo demagógico, ya que no pide sacrificios a nadie: los salarios y el consumo

pueden aumentar sin riesgo. Esta recomendación es un billete que se vende bien. Lo malo es que nos lleva

a la inflación del pasado, aumentando —y no disminuyendo— el paro del presente. Un viaje del que es

difícil regresar.

La recuperación de las inversiones constituye una alternativa insustituible. Un aumento del consumo no

puede ocupar su lugar. No existe equivalencia de papeles y funciones entre estas dos variables

económicas.

Inversión, única alternativa

Hay que partir, pues, del bache crítico en el que se encuentran las inversiones, pues sin salir de él no

podrá conseguirse un aumento duradero del empleo.

Los objetivos de la inversión para 1979 indican claramente el papel básico que debe interpretar la

inversión productiva privada. Si se aspira a su recuperación será necesario conocer las condiciones que

determinan su comportamiento para actuar sobre ellas. Buena parte del programa de política económica

que España necesita debe centrar en este campo sus actuaciones. Y es del acierto de esta estrategia y de su

aceptación social de los que dependerá, en gran parte, su éxito o su fracaso.

El programa de política económica que se propone divide a las medidas referentes a la inversión en dos

grandes grupos: condiciones previas y decisiones de la política monetaria y fiscal, según se expresa en los

siguientes artículos.

 

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