Autor: Fuentes Quintana, Enrique. 
 Programa para 1979. Para ello habrá que congelar la financiación exterior y el déficit del sector público. 
 La política monetaria tendrá que reducir el coste del crédito y ampliar los plazos de financiación     
 
 El País.    10/10/1978.  Página: 54. Páginas: 1. Párrafos: 19. 

EL PAÍS, martes 10 de octubre de 1978

ECONOMÍA Programa para 1979

Para ello habrá que congelar la financiación exterior y el déficit del sector público

La política monetaria tendrá que reducir el coste del crédito y ampliar los plazos de financiación

La política monetaria desempeña un papel esencial respecto de las inversiones y otro no menos

importante respecto a los precios. En cuanto a las inversiones, porque las disponibilidades de créditos y

los tipos de interés constituyen un elemento de gran importancia para su realización. En cuanto a los

precios, porque la cantidad de dinero condiciona el gasto nacional y el ritmo de la inflación.

La política monetaria debe ocupar, por tanto, un lugar importante en un programa de política económica

que aspira a incrementar sustancialmente la inversión privada y a combatir la inflación.

La escalada de tos tipos de interés

Si algún índice tuviera que tomarse del comportamiento de la política monetaria a partir de julio de 1977,

y este índice fuese decidido por votación entre los empresarios e, incluso, entre muchos de los

consumidores, resultaría elegido, sin duda, el que reflejase la escalada de los tipos de interés. Esta

escalada presenta, sin embargo, importantes fluctuaciones, pero su tendencia general, acentuada

especialmente a partir de marzo de este año, es inequívoca. Tres grupos de factores pueden explicar esa

escatada de los tipos de interés:

• El impacto de la inflación. No puede perderse de vista que los tipos de interés no son más que un

precio, el de utilización del dinero, y que, en consecuencia, forman parte de la ola de la inflación. Cuando

la economía española ha venido padeciendo tasas de inflación superiores al 25% en 1977 y próximas

al 17% en 1978 no puede extrañar que los tipos de interés mantengan una tendencia alcista.

• La actuación de la propia política, monetaria. Esta actuación se ha concretado, esencialmente, en dos

tipos de acciones: en la desaceleración del crecimiento de las disponibilidades líquidas, es decir, de la

cantidad total de dinero y en la liberalización gradual de buena parte del sistema financiero, sometido

hasta ahora a regulaciones administrativas que impedían el libre juego de los factores determinantes de

¡os precios e, incluso, sustraían al mercado por la vía de los coeficientes de inversión obligatoria partes

sustanciales de la financiación total. La desaceleración en él crecimiento de las disponibilidades y la

liberalización del mercado, absolutamente imprescindibles para la racionalidad de la política monetaria,

han permitido que los tipos dé interés alcancen cotas más elevadas a lo largo de 1978, aproximándose a

los niveles compensatorios de las pérdidas en el poder adquisitivo del dinero originadas por los efectos de

la inflación.

• La situación exterior. La mejora sustancial de nuestra balanza por cuenta corriente y el progresivo

endeudamiento exterior, incrementado al endurecerse las condiciones de los mercados financieros

internos, ha provocado una afluencia masiva de divisas que, al exigir la puesta en circulación de la

correspondiente contrapartida en pesetas, ha ido reduciendo paulatinamente el margen disponible para

créditos del Banco de España al sistema financiero dentro de la composición total de la base monetaria.

En tales condiciones, no es de extrañar el endurecimiento progresivo del mercado interbancario, una de

cuyas partidas fundamentales está constituida por los fondos derivados de tales créditos, y la escalada

espectacular de los tipos de interés de las operaciones «día a día» típicas de ese mercado. El cuadro 1

recoge esa evolución a lo largo de 1978 y permite comprobar cómo el progresivo desplazamiento de los

créditos di sistema financiero en la base monetaria se corresponde en grado muy apreciable con la

elevación de los tipos de interés en las operaciones «día a día» del mercado interbancario.

Estos tres núcleos de factores —inflación, política monetaria y sector exterior— explican suficientemente

la escalada de los tipos de interés durante el año en curso. De este cuadro debe partir la política monetaria

de 1979.

Una variable estratégica de la política monetaria para 1979 es el volumen de financiación total a

disposición del sector privado, condicionada —desde luego— por un crecimiento de las disponibilidades

líquidas que se considere, compatible con el acercamiento gradual a situaciones de estabilidad en los

precios.

El coste del dinero

Dado el objetivo para 1979 respecto a los precios que se ha establecido en este programa —9% de

aumento en el año y 12% de aumento respecto a la media de 1978—, la necesidad de mejorar

sustancialmente la financiación privada en el próximo año para lograr una reducción en los tipos de

interés que posibilite un fuerte crecimiento de las inversiones ha de verse condicionada, sin embargo, por

las exigencias de la política estabilizadora. Por ello ha de establecerse un limite preciso a esa mejora de la

financiación privada, representado por la cuantía del propio crecimiento previsto para la actividad

económica del sector privado en el cuadro de estructura de la demanda global. Como este crecimiento —

calculado a través del aumento del PIB una vez descontado el crecimiento de la inversión y el consumo

público— vendrá a ser de algo superior al 15,5% en 1979, esa tasa será, en definitiva, la qué defina el

cuadro de objetivos de la política monetaria en el próximo año.

Crecimiento de disponibilidades

El cuadro 2 recoge las tasas de crecimiento de la financiación al sector privado previstas para 1979. El

valor de la elasticidad de esa financiación —igual a la unidad— prueba la «neutralidad» relativa de la

política monetaria que aquí se propugna, frente al comportamiento claramente restrictivo del año actual,

cuya elasticidad será tan sólo de 0,68.

Establecido por este procedimiento el volumen de financiación necesario para el sector privado durante

1979 y conocidas las necesidades de financiación del sector público que se derivan del programa fiscal

para el próximo año, puede establecerse el volumen total de recursos financieros netos que habrán de

ponerse a .disposición de la economía en su conjunto. Esta cifra apunta a un crecimiento próximo al

16,4% en 1979.

Definido ya el crecimiento de los recursos financieros netos totales del sistema, el aumento de las

disponibilidades líquidas depende básicamente del comportamiento del sector exterior.

El cuadro de estructura de la demanda global para 1979 que se contenía en el programa de política

económica (EL PAÍS, domingo 24 de septiembre) pretendía como objetivo un equilibrio de la balanza de

bienes y servicios. Teniendo en cuenta que la balanza de transferencias arroja tradicionalmente un saldo

positivo, el resultado final de la balanza de pagos dependerá del signo y de la cuantía de la balanza de

capitales. Si no se desea una financiación exterior excesiva —pues ello reduciría el crecimiento posible de

las disponibilidades líquidas para unos recursos totales dados y provocaría tensiones en los mercados

monetarios, con fuertes repercusiones sobre el nivel de los tipos de interés—, parece evidente la

necesidad de limitar las posibilidades de endeudamiento exterior de nuestras empresas y del propio sector

público durante el próximo año. Bajo tales condiciones, el nivel coherente de crecimiento de las

disponibilidades líquidas se situaría durante 1979 en tasas próximas al 16,5 ó 17%, tal y como se recoge

en el cuadro 2.

Crédito privado

Aunque la variable estratégica del programa monetario en 1979 sea la financiación suministrada al sector

privado, la variable operativa de la política monetaria habrán de ser las disponibilidades líquidas, y los

instrumentos de control de las disponibilidades no serán otros que el coeficiente de caja y el volumen de

los activos líquidos que —para un comportamiento dado del sector exterior y del sector público— sólo

pueden ser regulados a través de los Bonos del Tesoro en circulación y,de los créditos concedidos por el

Banco de España a la banca y a las cajas de ahorros.

En tales condiciones, no puede perderse de vista que para lograr un pequeño efecto de aceleración o

frenado en el crecimiento de las disponibilidades líquidas, resultaría necesario introducir fuertes

correcciones en los activos líquidos" de! sistema a través de los mecanismos de regulación descritos. Y

tales correcciones provocarán, sin duda, tensiones graves en los mercados monetarios con sus

correspondientes repercusiones en los tipos de interés y sus efectos posteriores sobre las inversiones

privadas.

En consecuencia, parece evidente que el cumplimiento del programa de política monetaria dependerá en

buena medida de cuáles serán los ritmos de crecimiento de las disponibilidades líquidas que se alcancen

efectivamente a finales de 1978, pues deberían evitarse, en todo caso, las aceleraciones o desaceleraciones

bruscas de esta magnitud. La gradualidad en la consecución de los objetivos monetarios constituye un

requisito esencial si han de alcanzarse los efectos positivos deseados respecto a los tipos de interés y las

inversiones.

Reforma financiera

Un último aspecto —pero no por ello menos importante— que cabe considerar muy brevemente aquí es

el de la reforma financiera, de la que la liberalización de tipos de interés y la reducción de coeficientes de

inversión obligatoria iniciada en el segundo semestre de 1977 constituyen tan sólo pasos previos

indispensables, pero no suficientes. Las actuaciones inmediatas en este terreno deberían orientarse no

hacia la reposición de los coeficientes de inversión obligatoria o hacia la intervención de los tipos de

interés, porque ello no significaría más que la vuelta a un pasado felizmente en trance de abandono

definitivo, sino hacia la constitución urgente de nuevos cauces de financiación a medio y largo plazo que

respeten las decisiones autónomas y libres del mercado. Pretender, bajo e] pretexto de las tensiones

actuales en los tipos de interés, una vuelta al intervencionismo implica una clara llamada a la

irracionalidad y al despilfarro en la administración de los recursos del país. Pero olvidar la urgencia de

una reforma financiera absolutamente necesaria también supone una grave irresponsabilidad en este

sentidos pues puede limitar muy seriamente la consecución de los objetivos previstos respecto a la

inversión privada.

 

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