Autor: Arnau Tornos, Alfonso. 
   El decreto de unificación de siglas socialistas     
 
 Diario 16.    28/01/1977.  Página: 5. Páginas: 1. Párrafos: 17. 

Viernes 28-enero 77/DIARIO 16

El decreto de unificación de siglas socialistas

Alfonso Arnán Tornos

(Militante de la Federación de Partidos Socialistas)

El establishment, representado tanto por los líderes del Gobierno como por los

de la oposición, cuya existencia consta ante la opinión pública, ha promulgado a

través de los medios de comunicación de masas un decreto de unificación de tres

siglas socialistas.

El concepto tradicional y civilizado de la izquierda es que ésta ha de estar

integrada por las dos grandes formaciones hegemónicas correspondientes a la

familia eurosocialista y eurocomunista, con sus propias

organizaciones de masas, filiales supuestamente autónomas y unitarias.

Esta concepción supone también que, civilizadamente, hay que repartirse las

clientelas electorales y sindicales para que el pueblo no tenga problemas al

tener que pensar quién defiende sus intereses a la

hora de votar o a la hora de afiliarse.

a) A la familia comunista le corresponden los artistas e intelectuales de

izquierda, y los cuellos azules, es decir, los trabajadores manuales.

b) A la familia socialista le corresponden los trabajadores autónomos, los

profesionales y técnicos y los trabajadores de cuello blanco y del sector

servicios.

Lo mismo que la campaña de "unidad de los socialistas" nos recuerda el año 1937,

esta división vertical de la clase trabajadora recuerda otras divisiones también

verticales en trabajadores y técnicos. Está visto

que en este país se puede negociar todo: la democracia, la amnistía, las

elecciones, el pacto social, la división en clases, etcétera.

Pero hasta ahora no hemos visto reflejado en los medios de comunicación que,

entre el 98 por 100 de la población activa de este país no integrada en las

organizaciones hegemónicas de izquierda, hay "quienes

por vivir la política íntimamente unida a una moral democrática, al cambio

estructural y a la izquierda cultural" tenemos otra idea de la política,

incluyendo la traída y llevada unificación de los socialistas.

Hay organizaciones que luchan por el socialismo, que tienen muy claro el que los

protagonistas directos del cambio socialista han de ser los movimientos

populares, obrero, ciudadano, campesino, etcétera, no

sólo autónomos de los partidos, sino que estos últimos han de estar a su

servicio y no al revés, sin que pueda prescindirse tampoco del tradicional

movimiento libertario, contrario a los partidos.

Estos partidos de nuevo tipo, que están formados por militantes salidos

precisamente de los luchadores en movimientos de masas, rechazan los

planteamientos electoralistas de partidos de masas que suplantan e

instrumentalizan a los movimientos populares para computar votos y lograr la

hegemonía del partido.

Estas mismas organizaciones no conciben la autogestión como un modelo de moda

para reclutar votantes, sino como una estrategia que ha de aplicarse ya en las

luchas del movimiento obrero.

Estos partidos de nuevo cuño no conciben la Unidad Popular como la unidad de los

social-reformistas de los partidos hegemónicos, sino que tratan de impulsar la

unidad popular en las organizaciones de masas y,

sin embargo, nos encontramos con que los repartos de clientelas de los partidos

hegemónicos ponen en grave riesgo el carácter unitario y popular del movimiento

obrero y ciudadano, cuya organización fue iniciada durante la dictadura y ahora

están tomando un carácter partidario. Las posibilidades de hegemonía de las

clases trabajadoras y populares han sido sacrificadas en favor de las

posibilidades de

hegemonía de los partidos.

Aunque no vamos a hacer ahora un análisis de los partidos políticos de este

país, si queremos señalar que aquí y ahora existen partidos de nuevo tipo (que

han superado viejas contraposiciones históricas de los

partidos de la clase trabajadora).

Es pena que aún no haya surgido un movimiento potente de liberación socialista

de la nacionalidad castellana, cuya liberación es, a nuestro juicio, tan

necesaria como la de las otras. No, señores, no se

puede definir, acotar y marcar el campo socialista del Estado español tan

ligeramente como se está haciendo estas días, identificando la lucha por el

socialismo con los deseos o intereses de la II

Internacional.

Las alternativas unitarias son muy importantes y nosotros las deseamos para

todos los partidos nuevos y viejos, pero estas alternativas unitarias no pueden

orquestarse en base a nominalismos tan ambiguos y generales hoy como democracia

o socialismo.

Aunque los partidos hegemónicos de la izquierda estén negociando una democracia

delegada o formal, que se supone deseada por todo el pueblo, esta democracia

puede que sea centralizadora de poderes y mantenedora, con ligeros retoques, del

mismo aparato del establishment actual.

Con la misma palabra de democracia la nueva izquierda desea la antítesis de la

democracia delegada, que es una democracia participada por el pueblo»

descentralizadora y desconcentradora de poderes por la

aproximación de los poderes de decisión a la base, y por la multiplicación de

parlamentos, consejos y asambleas a todos tos niveles, desde las unidades de

producción y convivencia, que posibiliten una potenciación progresiva de los

contrapoderes de base que deben equilibrar, y algún día superar, el Estado

de clase y el régimen de propiedad privada, incompatible con una democracia

económica real.

 

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