Autor: Cárdenas, Manuel. 
 Enrique Tierno Galván. 
 Lo más razonable es la investidura, convocando a continuación las municipales y después, con urgencia, las generales     
 
 Informaciones.    23/12/1978.  Página: 6-7. Páginas: 2. Párrafos: 37. 

ENTREVISTA

ENRIQUE TIERNO GALVÁN

Lo más razonable es la investidura, convocando a continuación las municipales y

después, con urgencia, las generales

Por Manuel CÁRDENAS

En el mismo despacho que tenía cuando era presidente del Partido Socialista

Popular, el profesor Tierno, conciencia socialista, voz monótona que

instruye, opina sobre el momento político español y el inmediato futuro.

Partidario de la investidura, recrimina la intransigencia de la patronal en las

fallidas negociaciones económicas a la par que denuncia la falta de coordinación

de este Gobierno. Insiste, sobre todo, en la necesidad de «que la Constitución

sea incorporada a la conciencia cívica, a la vida cotidiana» como un modo de

saldar la falta de entusiasmo, la indiferencia política que nos acosa.

- A punto de promulgarse la Constitución, ¿cree usted que nace con la fuerza

moral precisa para ser llamada efectivamente la Constitución de la Concordia?

- Desde luego, no es la Constitución votada por la mayoría que hubiésemos

deseado los que hemos contribuido de alguna manera pata que fuese la

Constitución de concordia que resolviese las querellas nacionales. Ha habido un

absentismo grande, que ha mermado la importancia actual de la Constitución.

Ha venido a confirmar algo que muchos sabíamos, pero que, a veces, no

acertábamos a explicar con rigor; y es que la Constitución es una primera fase

de la lucha por asentar la democracia en España. Nos habíamos hecho ilusiones y

creíamos que la Constitución iba a ser votada por un 80 u 85 por 100, y que

con ello, acabada la fase formal, no tendríamos más que entrar en concordia en

la fase material. Pero no es así. Tenemos aún que esforzarnos porque el

ciudadano comprenda lo que es la democracia, porque entienda lo que es la

Constitución. Hemos de incorporar la Constitución a la conciencia cívica, a la

vida cotidiana del ciudadano y a su comprensión intelectual.

— El nivel de abstención ha sido ligeramente superior al que se expresó en los

primeros momentos. Nos lo ha recordado la Junta Electoral Central. Por eso no

estaría de más volver a analizar, más que las causas, las consecuencias

políticas de los resultados del referéndum constitucional, y muy en particular

en el País Vasco.

- Por un lado, creo que los resultados han restado, en cierto modo, autoridad a

los partidos y a sus representantes. No digo que les haya quitado poder, pero si

autoridad. Parece que la legitimación, que es moralmente perfecta, sin embargo,

en el orden político no es tan grande como si hubiésemos tenido una fuerte

mayoría. En el orden subjetivo es evidente que los resultados han creado

inquietudes, trastornos y perplejidades; de modo que las consecuencias no son

buenas, sin que esto quiera decir que debamos preocuparnos excesivamente. La

parte del país que ha dicho si es la más activa, en términos generales la

mejor preparada, la que tiene mayor sentido de la responsabilidad. En el País

Vasco se sabia que la abstención iba a ser considerable, porque se daban

obstáculos difíciles de disolver: el miedo, la perplejidad, la enorme presión

del P.N.V., que, por lo que me cuentan, ha sido en ocasiones verdadera

coacción.

La conducta contradictoria de este partido ha provocado en el País Vasco una

situación difícil, que contribuirá a que tardemos algo más en salir de los

problemas que allí se han planteado,

—Habla usted de la responsabilidad concreta del P.N.V., pero ¿y a los demás

partidos parlamentarios no cabe imputar culpa alguna?

- Es evidente. Pero creo que existen grados en la responsabilidad. La del P.N.V.

es mayúscula, dada su influencia en numerosos sectores del País Vasco. El poder

de responsabilidad es mayor. Sucede exactamente lo que le ocurre al Gobierno y

su partido, que tienen mayor responsabilidad porque poseen más poder. Bien es

cierto que los partidos de la oposición, porque hemos cometido errores de

apreciación, de lentitud, etc. no estamos exentos de culpa.

TERMINAR CON EL CONSENSO

- Dicen algunos que por abuso del consenso. Felipe González viene insistiendo

últimamente en la necesidad de terminar con aquél. Quedan, sin embargo, por

resolver cuestiones fundamentales que pueden exigir niveles de acuerdo como los

que han sido precisos para sacar adelante la Constitución. ¿No

lo cree así?

- Hay que percatarse de lo que es el consenso para poder opinar. Realmente el

consenso es el resultado de la necesidad de ponerse de acuerdo. Esta necesidad,

ahora, ni es tan apremiante ni exclusiva. De manera que ahora puede haber

desacuerdo y se puede llegar simplemente a votar, y que la mayoría gane

Lo que hay que practicar a partir de este momento es el juego limpio y sano;

pasar, pues, del consenso al entendimiento democrático de las reglas de juego.

Esto es lo que ha querido decir Felipe, y no que vivamos a obstruir

sistemáticamente al Gobierno o a mantener una actitud de hostilidad y regaño

permanente. No, lo que ha querido decir es que ahora la critica está plenamente

abierta, que las condicionantes de llegar a un acuerdo no son tan imperiosas, y

que puede hacer, ¿por qué no?, un entendimiento parlamentario, discusiones en

las ponencias y en las comisiones, incluso un espíritu de concesión dentro de

las grandes líneas en que nos movemos, pero que queda excluido eso de tener que

reunirse en una cafetería para resolver en tres horas un problema, porque si no

la Constitución no salía adelante.

- En la última entrevista que le hice, apenas nace tres meses, expresaba usted

su temor a que el desarrollo de los procesos preautonómicos generasen no pocas

expectativas que más tarde pudieran verse frustradas.

A la vista de los Estatutos que se ultiman, ¿se siente más optimista?

- No del todo. En parte, el temor aquel se confirma. No, no van bien, porque se

están haciendo sin un marco que defina el acuerdo de hasta dónde se puede llegar

y qué vamos a hacer después. La Constitución, efectivamente, define un marco,

pero muy genérico. Sabemos simplemente que no se puede atentar contra la unidad

de España. En eso estamos todos de acuerdo. Pero decir eso no es bastante.

Existen problemas muy concretos: por ejemplo el de la fiscalidad y las finanzas.

Hace falta una ley Orgánica que desarrolle esto. Están también los temas de la

enseñanza, del orden público, y otros varios fundamentales que pueden motivar

considerables tensiones entre el Estado, como Administración Central, y las

autonomías. Me parece que no saldremos nunca del problema si se pretende que los

Estatutos sean muy vagos y que las leyes orgánicas sean también muy imprecisas.

Tenemos que concretar en el sentido de decir hasta dónde pueden llegar esas

leyes orgánicas y no querer que los Estatutos tengan un índice tal

de vaguedad que permitan que las referidas leyes orgánicas lleguen al disparate,

para evitar lo cual las grandes líneas de anual as debieran haberse convenido

antes. No haberlo hecho así, me parece un error.

—¿Quiere decirse partidario del voto de investidura?

- He pensado siempre que lo más razonable hubiera sido ejercer la

prerrogativa de la investidura, y que el presidente Suárez la consiguiese con

los votos de mayoría que tiene, convocando a continuación las municipales, y

después, en un plazo prudencial, sobre un calendario pactado, las legislativas.

A mi siempre me pareció la solución. Y la verdad es que el P.S.O.E., con una

enorme generosidad, porque hay que admitir que está manteniendo una actitud de

autocontrol que pocas veces se da, en el fondo es lo que ha dicho: primero,

elecciones municipales, y después con urgencia, elecciones generales. Habría que

explicar qué es lo que por urgencia se entiende en este contexto.

Le diría que cuando el P.S.O.E., dice urgencia después de las municipales se

puede entender muy bien que esa perentoriedad puede admitir unos meses, que,

sumados a los que faltan todavía para las elecciones locales, hubieran

posibilitado un reajuste del Gobierno que hasta ahora ha gobernado mal, en

términos generales, por falta de coordinación vertical y horizontal; ni el

presidente ha tenido suficiente coordinación con sus ministros, ni éstos entre

sí. Ahora nos encontramos con un Gobierno cuya expresión gráfica seria la de

grandes puntas y grandes caídas, porque hay ministros muy capaces —tengo el

deber de admitir las cosas como son— y hay ministros que están dando muestras de

todo lo contraria.

Para responderle de un modo más concreto, hemos llegado a una situación en que

yo entiende que el presidente no sepa por dónde salir, porque no habiendo

conseguido los pactos, que se plantearon muy mal, no habiendo, como le he dicho,

acertado a gobernar, se encuentra con una pérdida de popularidad y de confianza

en el país. Y tiene que salir por algún lado. Es posible que salga por las

elecciones. Vamos a soportarlo, pero, evidentemente, los cinco meses para las

municipales y algún tiempo después de sosiego,

hubieran sido lo mejor.

- ¿Seria conveniente una nueva ley Electoral incluso para antes de las próximas

convocatorias?

—La Constitución, en cierto sentido, pide que haya una nueva ley Electoral. Pero

elaborarla exige meses y es posible que se acepte la aplicación de la vieja, con

sus consecuencias y desventajas para ciertos partidos.

P.S.O.E., TIMONEL

- Hablar de elecciones generales fuerza a formular hipótesis de futuros

Gobiernos a tenor de los resultados. En el supuesto de que los sondeos de

opinión últimos se confirmaran, correspondería al P.S.O.E. llevar el timón del

barco. ¿Hasta que punto le preocupa semejante responsabilidad?

- Más que preocuparnos, nos ocupa Somos conscientes de la misma y estamos

capacitados para asumirla. Los grandes problemas estarían encaminados a analizar

hablo a título personal, pero deseo hacerlo con la claridad qué sé aceptan mis

compañeros de partido— cómo verían las grandes fuerzas sociales que fuese el

P.S.O.E. timonel de la situación. Es lógico que los comunistas empujen en este

sentido, porque quieren ocupar un espacio político y constituirse en oposición.

Pero nuestro partido se ha preguntado cuál seria la respuesta de la Banca, de la

Iglesia, del Ejército. ¿Y se ha respondido?

Por lo que yo sé, la situación ha mejorado muchísimo. Es decir, ahora ya se ve

claro por estas fuerzas sociales que una dirección socialista no implicaría

ninguna actitud de radicalismo pueril, que si se diese algún radicalismo, seria

en el saneamiento, pero eso nace falta, y parece ser que, en este sentido, los

problemas que se plantean no son los que se podrían temer. No obstante, hay que

hacerse cargo de que después de cuarenta y tantos años nos vamos a encontrar con

un Partido Socialista desarrollado en un contexto distinto de aquel en el que

hunde sus raíces, bien adaptado a las nuevas exigencias, en el puente

de mando.

—¿Obligado a navegar —continuemos con el símil marinero— en la dirección que

soplan los vientos socialdemócratas?

- Sería totalmente quimérico afirmar ahora que un Gobierno socialista que

llegase al Poder en estas condiciones, pudiese gobernar en una línea que, en

términos generales, no fuese la socialdemócrata. Hay que decir las cosas como

son.

—A modo de paréntesis, ¿por qué cree usted que tras la reunión mantenida la

semana pasada entre las directivas del P.S.O.E. y del P.C.E., Carrillo, sobre

todo, pusiese tamaño empeño en resaltar que en modo alguno se había tratado de

alianzas? ¿Tanto inquieta la imagen de un hipotético Frente Popular?

- Preocupa que la opinión pública no crea que hay un frente de izquierdas. Y la

expresión frente lleva siempre una connotación bélica. Eso preocupa. No hay

motivos, porque no es verdad que se esté elaborando ese frente. Habrá un proceso

histórico de convergencia. Parece lo natural, pero aún no se está elaborando; ni

es el momento. No están las cosas maduras para ello. Por consiguiente, una

tranquilidad plena. Además, creo que al P.C.E., en este momento de

autoafirmación política, porque hace poco tiempo que se ha puesto al margen del

odio y la sospecha, tampoco le conviene ir muy de prisa a este respecto y

contribuir a que la confianza en su política no se afiance y consolide lo

suficiente.

EL FRACASO DE LOS PACTOS

—Recriminaba usted anteriormente al Gobierno no haber conseguido pacto alguno

socioeconómico. Por contra, desde esa misma esfera la vicepresidencia económica

imputa la responsabilidad del fracaso a las centrales sindicales vinculadas a

los partidos de la izquierda parlamentaria, según algunos, movidos por

desmedidos afanes electoralistas.

—No lo veo yo así. Creo que quien tenia en sus manos el problema de una manera

muy directa era el vicepresidente Abril Martorell, a quien realmente le incumbe

verdadera responsabilidad, volviendo a lo que decíamos al principio de que quien

tiene más poder tiene más responsabilidad. Evidentemente, los partidos políticos

no podían intervenir porque ello hubiera significado conceder un cheque en

blanco al Gobierno, que no se puede pedir sino en situaciones excepcionales,

como ya ocurrió. El problema tenía que haber sido resuelto en una negociación

tripartida: Gobierno, centrales y empresarios.

El elemento que debía haber preocupado desde un principio era que las centrales

sindicales no podían nunca olvidar que el Gobierno era el del partido de la

U.C.D., y, por tanto, el Gobierno tenía que haber expresado de un modo muy

directo una posición de neutralidad absoluta y haber demostrado de una

manera patente, que aunque era un Gobierno de un partido centro-derecha, muy

vinculado a los intereses de la clase empresarial, ello no le iba a quitar

objetividad. La verdad es que no se hizo así, sino que en

muchos casos parecía lo contrario, lo que creó la alarma.

Por otro lado, para llegar a unos pactos cualesquiera, lo primero que hace falta

es no hacer ostentación de inflexibilidad. Un planteamiento inicial en términos

de absoluta rigidez es casi la negativa. Y yo creo, hablo con absoluta

objetividad, dado que he sido un permanente defensor del empresariado porque

creo que es menester que el mismo esté tranquilo y colabore para salir del

atolladero que ha habido por parte de los grandes empresarios —no por la de los

pequeños y medianos—, un tono de rigidez tal desde el primer momento que ha

hecho prácticamente imposible la negociación. Le aseguro que les sindicatos

estaban muy dispuestos a bajar el 17 ó 18 por 100. Los empresarios, en cambio,

en este aspecto coincidentes con el Gobierno, nunca han dado la menor muestra de

querer subir el 10.

CONFLICTIVIDAD LABORAL

—El hecho es que en las últimas semanas, como consecuencia de ello, nos

encontramos con una conflictividad laboral creciente.

—Claro, y además una cosa de trastorno muy profundo, porque sabe usted que le

hace falta a España, como a cualquier país, es trabajar. Porque, mire, podemos

inventar las leyes que queramos, ser unos legisladores modelo, pero come no haya

honradez y trabajo no se va adelante. Sustancialmente, aunque no de modo

absoluto, el milagro alemán fue el trabajo. Ahora es necesario trabajar. La hora

de trabajo española es tres cuartas partes de la europea.

Evidentemente, para conseguir esto es menester que no haya huelgas, pero para

evitarlas es preciso asimismo una mayor comprensión de la patronal, sin excluir

la que corresponde a los sindicatos. Por parte de estos últimos, tanto por

U.G.T. como por CC.OO. la comprensión es mucha; de manera de que, aunque

hay muchas amenazas de huelga, considere que se están resolviendo muy bien, con

mucho menos peligro del que creíamos, gracias a que la clase obrera es muy

consciente y sabe lo que hace.

INDIFERENCIA POLÍTICA

—Esta situación crítica que hemos analizado, dentro de los límites propios de

una entrevista, ¿no pudiera producir, lo que casi es una constante histórica, un

viraje hacia la derecha de la sociedad en su conjunto?

—Si, sí, ya se nota algo de eso, pero es sólo en rayas del espectro político,

tan condicionadas por el pasado y por sus intereses, que estaban avocadas a

girar hacia ahí. También esto era previsible. Más que giro a la derecha lo que

está provocando es indiferencia de la que, evidentemente, se puede aprovechar

aquélla. Eso es muy cierto. El gire espectacular a la derecha lo está dando la

juventud burguesa de las grandes ciudades que no han llegado a la mayoría de

edad o la ha rebasado en poco. Como aún no tenemos un sistema de transmisión del

saber, de preparación cívica, de demostración de los valores democráticos en las

escuelas, institutos, en la misma Universidad, evidentemente, la juventud tiene

muy pocas cosas que contraponer a ese elemento seductor del grito, la agresión,

el uniforme, el gesto. La indiferencia, en cambio, es muy peligrosa. Nos hace

falta entusiasmo político, generador de otros entusiasmos. Por otra parte, el

ciudadano medio carece de la suficiente capacidad y preparación para reconocer

las dificultades y coyuntura por las que atravesamos e incluso para comprender

lo mucho que se ha hecho en las Comisiones y en el Parlamento.

ELECCIONES MUNICIPALES

—No podemos cerrar la entrevista sin cuestionar al candidato a la Alcaldía

madrileña sobre las municipales. De hacer caso a las encuestas, usted presidirá

el Consistorio de la villa.

—Tengo probabilidades, si. Para mí es una gran responsabilidad, pero también

hace falta decir que un alcalde socialista es un alcalde democrático. El

ciudadano debe educarse en el sentido de que el alcalde- caudillo y el alcalde-

presidencialista han acabado. Hasta ahora hemos tenido alcaldes de este tipo. Yo

creo que el señor Álvarez —por el que tengo el mayor respeto es un alcalde

presidencialista. Una vez que haya elecciones, las cosas cambiaran.

El alcalde no va a ser exclusivamente quien diga lo que se hace o no. sino que

tendrá que atender a la composición de fuerzas en el Ayuntamiento y, por

consiguiente, procurar un equilibrio. Será otro tipo de alcalde; mediador, que

atempera, que pone racionalidad, luz; en algunos casos, algún saber, etc. Se

puede afirmar que en los Ayuntamientos democráticos o las cosas han llegado al

límite del disparate, o las exigencias partidistas disminuyen muchísimo frente a

las exigencias municipales, porque el alcalde y los concejales saben que han

sido elegidos, muchos por sus condiciones personales, amén por sus elementos

de partido, y que, por tanto, hay que disminuir la presión del partido. Lo que

hace falta es un Ayuntamiento de colaboración democrática y de cooperación con

el vecindario.

—Publicadas, aunque no definitivas, las listas del P.S.O.E. para las municipales

en Madrid, ¿juzga que el arropamiento técnico que le ofrece su partido sobre

todo a través de los primeros de la lista es suficiente?

- Existen muchos niveles técnicos en un Ayuntamiento. Lo que hace falta es que

cuando se llega al nivel político, el político no esté desamparado de

conocimientos técnicos personalmente, creo tener más conocimientos de este tipo

que los que se dicen, pero, además, me sigo informando. En cuanto a la lista

del partido, efectivamente, he podido comprobar que hay más gente informada de

lo que pudiera parecer a primera vista. Son muchos los arquitectos, los

economistas, en ella incluidos. Algunos, personas que han dejado los niveles del

Estado para entrar en los del municipio.

- De otra parte, el Ayuntamiento abunda en especialistas, diría que casi hasta

lo superfluo. Por tanto, no es este el principal problema. Más importante es que

el ciudadano entienda que el Ayuntamiento tiene una área de acción restringida,

toda vez, que por encima o junto a sí existen otros organismos: COPLACO,

autonomías, Estado, que le limitan considerablemente, que entienda asimismo que

existen problemas a corto, medio y largo plazo. Los primeros, si es que logramos

la Alcaldía, trataremos de resolverlos en cuanto sea posible, teniendo en cuenta

que aun siendo éstos psíquicamente considerados de corto plazo,

administrativa y económicamente sólo podrán ser abordados a medio. Lo que si

intentaremos es que el ciudadano esté muy bien informado para que pueda

colaborar y cooperar con mayor conocimiento de causa. Los problemas de

negligencia, desidia, corrupción y superfluidad se van a resolver

inmediatamente. Las dificultades que no sean de este tipo intencional o

voluntaria, sino que constituyan verdaderos problemas que existen de tiempo,

requieren tiempo para solucionarlos.

 

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