Autor: Bofill, Pedro. 
   La prensa en la nueva sociedad     
 
 Pueblo.    24/12/1977.  Páginas: 1. Párrafos: 9. 

LA PRENSA EN LA NUEVA SOCIEDAD

En el marco general de las sociedades capitalistas, en las que la concentración

de capital es un hecho característico de la actual fase de desarrollo de dicho

sistema, nos encontramos — en el transcurso de las interacciones que quedan

dentro de esta área geopolítica y geoeconomica— con una realidad tan patente

como es la conformación de la opinión pública.

El elemento informativo y su instrumentalización, ya calificado como el "cuarto

poder" se encuentra ante la encrucijada de su propia contradicción y que no es

otra que la libertad de Prensa —en el sentido de una objetividad que impida una

información condicionada según intereses— y la concentración de esos

instrumentos en manos de unos cuantos, como recientemente ha sido denunciado en

la XXXIII reunión de la Asociación Interamericana da Prensa celebrada en Santo

Domingo. Y no es fortuito que este tema preocupe, especialmente en el ares

americana, por ser en EEL UU. (país este donde, sin duda, la Prensa

ha adquirido un amplio desarrollo) donde con más claridad y empuje se está

manifestando la monopolización da los medios de comunicación de musas,

especialmente el sector de la Prensa.

Por otra parte, éste es un tema que, desde hace algún tiempo, de una u otra

forma, se está planteando en el llamado mundo occidental, y que ha adquirido un

especial relieve en Italia y en España, y aunque la problemática como hemos

dicho, se inscribe en un marco general, en unos límites determinados, las

motivaciones condicionantes del relieve adquirido en ambas formaciones sociales

son, no sólo de grados distintos, si no de niveles de desarrollo sociopolíticos

también distintos.

Creo que no supone distorsionar los hechos para hacerlos coincidir con la

realidad, si afirmamos que Italia se encuentra en un periodo de transición, en

el sentido de superar, mediante la transformación de la conciencia (moral e

intelectual) una dependencia estuctural, tarea en la que, de forana inteligente

y decidida, se encuentran embarcadas las fuerzas progresistas italianas más

lúcidas.

En España, por motivos de lodos conocidos, es claro que estamos en momentos de

cambio; estamos pasando de un sistema autoritario a otro democrático y

esforzándonos todos, no sólo en crear las condiciones objetivas de

estabilización democrática, sino también, y lo que es más importante —según mi

criterio— en crear las condiciones subjetivas para que esta democracia sea algo

más que la aspiración de ciertos sectores sociales.

No es necesario resaltar después de esta exposición la importancia de dar

una alternativa real a la creciente concentración de los medios en cuestión, a

través de los cuales se está ejerciendo, en la mayoría de los casos, cuando no

en todos, una represión psíquica muy acorde con lo que ha dado en definirse por

«super-represión»; a través del control sistemático y la manipulación de la

psique, con la idea de una ficticia reconciliación de intereses interclasista.

Los grupos de presión van ocupando el terreno informativo, aplicando, por

demás, una sistemática individualizadora de los problemas, negando los

movimientos colectivos, distorsionando la realidad de la lucha de clases y

evitando los avances —o, en su caso, retrasándolos— del proceso histórico.

Ante esta problemática ha surgido lo que se ha venido en llamar la Prensa

estatal como alternativa para garantizar la objetividad informativa y en

consecuencia asegurar los sistemas democráticos, indudablemente ésta es una

solución válida en principio, siempre que se base en los siguientes postulados

inexcusables: por una parte, que el concepto estatal no puede ser sustituido por

el gubernamental; por

razones obvias, esto supondría acabar con el objetivo que nos esforzamos en

conseguir, a saber, una Prensa objetiva, libre de presiones exógenas a su propia

función.

De otra parte, cuando nos referimos a una Prensa de estas características no

pueden olvidarse el tema del control de la misma. Quizá sea éste el aspecto de

mayor importancia para que esta «Prensa alternativa» tenga una razón de ser. En

definitiva, me refiero a la supervisión social como última instancia y,

consecuentemente, a los mecanismos a través de los cuales se plasme y que van a

determinar la posibilidad de una Prensa al servicio de una sociedad democrática

y pluralista.

En principio, esta Prensa estatal, al igual que los demás medios de difusión que

tengan este carácter, deben estar bajo control parlamentario. Pero decir

simplemente control parlamentario, sin explicar lo que esto supone,

especialmente, en el caso de nuestra sociedad, en la que el Parlamento ha sido

elegido por un sistema electoral determinado —concretamente por un sistema

proporcional con correctivo Hondt— que ha impedido la representación en el mismo

de minorías importantes, no soluciona el tema en toda su extensión. De ser así,

supondría, en todo caso, una Prensa al servicio del más fuerte en detrimento de

los más débiles, que en algunas ocasiones, y por estar en una perspectiva

distinta de la que se encuentran los grupos parlamentarios, son fuentes

importantes de sugerencias y de iniciativas; reitero en algunas

ocasiones.

Además, y esto ocurre con cierta frecuencia, se da el caso que fuerzas políticas

minoritarias no representadas en los parlamentos, sí que tienen una presencia

importante dentro de instituciones elementales. Tampoco podemos olvidarnos de

las organizaciones sindicales y demás organizaciones sociales, que aun en el

caso de contar con órganos de Prensa, no deben estar al margen de esta Prensa

estatal a la que estamos refiriéndonos.

El problema reside, pues, en buscar una articulación suficiente de abajo arriba

que permita subsanar todas las dificultades, cuando no arbitrariedades, que

conlleve el control parlamentario. Pienso que una posible solución, de entre las

muchas que puedan existir, sería intercalar una serie de órganos que recojan,

en el ámbito de actuación de cada medio, las instancias representativas de las

parcelas geográficas de la sociedad española, a través de las asambleas

regionales, los Ayuntamientos, las entidades sindicales e instituciones

culturales, etc., concluyendo en una comisión parlamentaria «ad hoc».

Este esquema no tiene otro objetivo que hacer una sugerencia abierta a la

discusión para que a través de la misma se vaya estructurando, en estos momentos

en los que estamos construyendo una democracia, un control democrático sobre ese

calificado «cuarto poder», que de serlo no puede escapar, como los demás,

a la supervisión y participación de los ciudadanos.

Pedro BOFILL (Secretario de Información del PSP)

 

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