Autor: Morodo, Raúl. 
   Veinticinco años de lucha por la democracia     
 
 El País.    25/04/1978.  Página: 9. Páginas: 1. Párrafos: 11. 

EL PAÍS, martes 25 de abril de 1978 OPINIÓN

TRIBUNA LIBRE

Veinticinco años de lucha por la democracia

RAUL MORODO Diputado del PSP por Madrid

En 1953, en Salamanca, se constituía en torno al profesor Tierno Galván un grupo

intelectual-profesional que, desde entonces, estará presente, de manera

constante, en todas las luchas, grandes y pequeñas, en pro

de una democracia política y social y de una profunda renovación cultural. El

«grupo Tierno», con sus distintas denominaciones, como Asociación por la Unidad

Funcional de Europa, como Frente Socialista y Democrático, como Partido

Socialista en el Interior y, finalmente, desde 1974, como PSP, entra dentro de

la historia política contemporánea española y se estudiará ya sosegadamente

desde un punto de vista académico.

Con su fusión en PSOE, el PSP-organización cierra, así, un ciclo histórico,

altamente positivo, de modernización cultural y de búsqueda, junto con otros

grupos políticos, de una sociedad abierta y no represiva. Establecida la

democracia en España, en vías de culminar el proceso de formalización

constitucional, la primera y gran función histórica del «grupo Tierno», la de

resistencia democrática, se disuelve. Los planteamientos y consecuencias

electorales obligan también con nostalgia, con sacrificio y con responsabilidad

a coadyuvar el proceso de racionalización o, al menos, de simplificación, de los

espacios políticos: así, el PSP-organización, respetando las opciones

personales, se fusiona con el partido histórico del socialismo español.

La especificidad del «grupo Tierno» fue, no sólo últimamente, sino desde

siempre, objeto de discusión y de intento de fijación del grupo en un espacio

político concreto. Pero la ambigüedad, como arma política eficaz en la lucha por

la democracia, configuró también, hasta el final, la propia dinámica del grupo.

Por ello, como una primera aproximación, creo que seria últil definir, aunque

sea aproximativamente, algunas notas que pueden ayudar a entender este peculiar

fenómeno político que se dio en el franquismo. A saber: ser un grupo en donde la

extraordinaria y compleja personalidad de Tierno Galvan será eje-clave y

decisoria en todo su proceso; ser un grupo abierto, en donde coexistan,

implícita o explícitamente, tendencias ideológicas, desde progresistas hasta

socialistas radicales de izquierda, y, por último, ser un grupo netamente del

interior, actuando en la difícil frontera de la legalidad-ilegalidad.

Tierno Galvan, revulsivo y aglutinante

La historia de este grupo, cuya formalización última será el PSP, hasta ahora es

la historia del «viejo profesor». Su biografía político-intelectual se proyecta

y se realiza, tenazmente, sobre amplios sectores de cuadros intelectuales,

profesionales y, en menor medida, sindicales, que desean cambiar la sociedad

española. Tierno Galván, contestatario de la cultura de hibernación dominante,

actúa como un gran aglutinante ideológico y desde la protesta crítica respecto a

esta cultura vicaria, la transforma en protesta cultural y ética y, en

definitiva, en protesta política. Quien relea, ahora, por curiosidad, el Boletín

de Salamanca, encontrará allí, entre los años cincuenta y sesenta, la

penetración de las nuevas ideas que sorprendían y, en gran medida, seducían.

Tierno Galván será, de esta manera, el gran seductor intelectual,

crítico pero no demagógico, de esta época: casi por magia, introduce el

culturalismo secularizado, el europeísmo político e ideológico, el marxismo

humanista. El «viejo profesor», como un Croce radical, inicia un espíritu de

resistencia democrática y aglutina a los cuadros jóvenes que, gradualmente, se

van introduciendo en la Administración, en las Universidades, en las empresas,

en las profesiones liberales. El dato objetivo de la tolerancia relativa por

parte del propio sistema, que no excluye procesamientos, cárcel,

confinamientos o sanciones, coadyuvará también a la cristalización de una imagen

de máxima respetabilidad y de un mito, que permanece. En este sentido, creo que

Tierno ha sido, y seguirá siendo, el intelectual-político de izquierda más

admirado por la derecha, aunque no le vote, y que desearía que fuese

suyo.

El resultado positivo que proyecta esta personalidad no podía ser otra cosa que

un movimiento flexible y heterogéneo, que imprime a sus actuaciones un sello

peculiar y diferenciado con respecto a los demás grupos. Este proceso, definido

por él mismo en su ensayo sobre Ambigüedad y semidesarrollo, tiene,

naturalmente, sus contradicciones, pero éstas —dentro del denominador de

resistencia democrática— darán también cohesión al grupo y permitirán su

extensión a ámbitos ideológicos más amplios. Hoy, en las Cortes, o en los

partidos políticos, desde comunistas a ucedistas, se encuentran hombres que

estuvieron —o siguen estando ligados— a esta aventura político-intelectual,

curiosa y sorprendente.

Movimiento "versus" partido-organización

Este primer dato, clave en todo el proceso, de creación y de disolución,

condicionará las distintas formalizaciones de lo que últimamente llamamos PSP.

Porque, en realidad, han existido distintas versiones del «grupo Tierno». La

flexibilidad y ambigüedad del grupo, la semi-ilegalidad en que se

desenvolvía, el acusado ingrediente libertario, la prioridad de la imaginación

antiburocrática, no permitía, desde luego, una disciplina cristalizada de

partido. Por ello, habría que hablar, sociológicamente, de «movimiento» en el

que, junto a la referencia inexcusable a Tierno, se aglutinaban mentalidades de

resistencia democrática caracterizadas ideológicamente por el progresismo y el

socialismo.

El proceso gradual de formación de los partidos, durante el franquismo, iba

unido a la búsqueda de un concreto espacio político-social. Por nuestra parte,

erróneamente o no, considerábamos más útil la actuación por medio de frentes

amplios democráticos, es decir, siguiente la mejor y clásica tradicional

resistente europea. Así, fuimos el primer grupo de izquierda que aceptó

claramente la Monarquía y, también, el primer grupo que dio la mano a los

comunistas en la Junta Democrática. Progresismo y marxismo humanista coexistían,

de una u otra forma, en todo este largo camino. Para unos, el «viejo

profesor» sería su proyección subjetiva de un Azaña modernizado: para otros, su

proyección de la reactualización de Besteiro o de Negrin.

Sólo en los dos últimos años, a partir de junio de 1976, por el inevitable

deterioro del valor «resistencia», al entrar en un período de reformismo

avanzado, se intenta una transformación orgánica, pero manteniendo la misma

práctica —y, en el fondo, los mismos supuestos— de nuestra política tradicional.

Y tengo la impresión, y algo más que la impresión, que el casi un millón de

votos que obtuvo el PSP el 15 de junio, expresaron esta contradictoria

ambigüedad ideológica y espíritu de resistencia de todos estos años. La imagen

socialista radical, que se quiso vender en las elecciones, no creo que fuese

captada o asimilada. Creo que, realmente, la imagen percibida —y la que obtuvo

ese voto— fue la concebida como grupo progresista y de resistencia democrática.

El espacio electoral objetivo, al margen de declaraciones y programas, se

concretó en amplios sectores de las nuevas clases sociales, burguesía avanzada y

progresista, consciente de la necesidad de un cambio político y socioeconómico y

que, por diferentes razones, era discrepante con el PC, con el PSOE y con la

UCD. Recogimos, así, los votos residuales de estas tres organizaciones. Tierno

Galván, en sus intervenciones ante la televisión, cuando pidió —único

dirigente— el voto no para el PSP, sino, genéricamente, para la democracia y

para la izquierda, estaba siendo fiel al espíritu tradicional de resistencia.

El fin de la aventura

El «grupo Tierno», como grupo o como movimiento, actuó siempre en el interior y

desde las estructuras internas de la sociedad política española. Desde el primer

momento, se rechazó radicalmente la idea de clandestinidad: no por razones de

principio, sino por la propia exigencia del componente social-profesional del

grupo y por razones de eficacia. Era, muchas veces, difícil, convencer a los

dirigentes del exilio, demócratas y socialistas, que la lucha por la consecución

de la democracia estaba en el interior y no ya fuera. Y que las nuevas

generaciones de posguerra eran las predestinadas a llevar a cabo el cambio

político. Los sistemas autoritarios, salvo en caso de fuerza, sólo se quiebran

desde dentro, gradualmente, y nadie en España pensaba seriamente en guerras o

invasiones.

Estos dos factores (espíritu de resistencia y lucha política no-clandestina)

condicionaba, evidentemente, el tipo y nivel de actuación. Estábamos y

actuábamos, pues, en la ilegalidad con alguna pasividad y discrecionalidad por

parte del sistema. En esta frontera, nada fácil, de ilegalidad y de lucha por la

legalidad nueva democrática, nos movíamos todos y especialmente nosotros, por

nuestro mayoritario componente social-profesional. En el fondo, pues,

teorizábamos sobre la ruptura, pero todos los grupos, y aquí no excluyo a nadie,

íbamos practicando ya la reforma pactada y lo que hoy llamamos la «estrategia

del consenso». No existía la Moncloa, como referencia política, pero se estaba

configurando. Junta Democrática, Coordinación, Platajunta, Comisión de los

Nueve, son etapas veloces que convierten la ilegalidad en legalidad. Y aquí

acaba la resistencia. Que algunos de los grupos que, durante todos estos

años, hayan establecido, coadyuvado o hecho efectiva esta estrategia, y ahora no

protagonicen el proceso político actual, es otro tema. En todo caso, lo haya

quien lo haya hecho, lo protagonice quien lo protagonice, es bueno y positivo

para el país y para la sociedad española toda. En nuestro caso, la derrota

era ya nuestra victoria, y así es justo asumirlo.

Es, dentro de estas coordenadas, en donde hay que situar el deslizamiento que

culmina en la integración del PSP-organización en el PSOE. En una nueva

legalidad, a la que tanto hemos contribuido, no cabía ya un movimiento de

resistencia democrático, progresista y socialista, en su esquema tradicional. El

PSP tenía que asumir su rol histórico, que terminaba, o iniciar solo, o con el

PSOE, una nueva aventura. Tenía, de esta manera, que elegir, constituirse o

reconstituirse como partido burocrático entre UCD y PSOE, o entre PSOE y PC,

unirse al PSOE, o autodisolverse. El IV y último Congreso del PSP, por mayoría,

acordó, como opción orgánica, fusionarse en el partido de Pablo Iglesias.

 

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