Autor: Pujalte, Manuel Adolfo M.. 
 Enrique Tierno Galván. 
 Nada de numantismo  :   
 El PSP es el partido de mayor democracia interna. 
 Pueblo.    12/12/1977.  Páginas: 1. Párrafos: 11. 

DIÁLOGOS POLÍTICOS

ENRIQUE TIERNO GALVAN

"NADA DE NUMANTINISMO"

"El PSP es el partido de mayor democracia interna"

SE ha hablado mucho durante estos últimos días, en un auténtico forcejeo de

notas y contranotas, de mentís y puntualizaciones aparecidas en la Prensa,

acerca de la crisis existente en el seno del Partido Socialista Popular (PSP) y

sus presuntas tensiones faccionales, sobre todo a partir de la presentación

formal de dimisión por parte de su secretarlo general, Raúl Morodo.

Para arrojar luz sobre estos extremos, todavía no suficientemente clarificados

ante la opinión pública, nadie más oportuno que el profesor Enrique Tierno

Galván, presidente y mentor ideológico del mencionado partido. En esta

entrevista, el prestigioso líder socialista, a la vez que aclara y matiza las

cuestiones anteriormente apuntadas, se pronuncia con su característica lucidez y

honestidad sobre otros temas que afectan a la política nacional en general y al

socialismo en particular.

—¿En qué situación se haya actualmente el PSP tras haber presentado la dimisión

en el cargo su secretario general, Raúl Morodo?

—Desde luego, la imagen del PSP, la idea de lo que ocurre en el interior del

partido, ha estado digamos que agredida por las noticias de Prensa. Ha habido un

desquiciamiento, se han sacado las cosas de quicio y la versión que el público

ha leído y la idea que se ha forjado no responde a la realidad, porque en la

realidad no ha pasado nada, son las cosas normales que en cualquier partido

ocurren. El secretario general, Raúl Morodo, necesitaba dedicarse plenamente al

Parlamento, ya hace tiempo que nos lo había dicho, hace más de tres meses que

nos había indicado, desde que empezó el Parlamento, que tendría dificultades

para ser portavoz de un grupo tan pequeño y al mismo tiempo secretario general,

y es razonable, porque la secretaría general puede estar vinculada a las

actividades parlamentarias en partidos que tienen una resistencia económica

fuerte, partidas ricos que pueden mantener una burocracia, pero, en

un caso como el nuestro, de partido sin apenas burocracia y con una burocracia

integrada, en todo caso, por personas que dedican sus ratos libres y en muchos

ratos que sustraen a su trabajo personal para ayudar al partido; en esta

circunstancia, el secretario general no puede ser parlamentario. Lo hemos

comprobado así y Raúl ha dimitido por esta razón.

—¿Es cierto que hay tres tendencias definidas en el seno del partido que usted

preside con respecto al terna de la unidad socialista?

—No hay tendencias, ni mucho menos facciones; lo que hay son opiniones, pero las

opiniones, a su vez, no hacen más que matizar lo que dijimos en el tercer

congreso. Ha habido algún medio informativo que ha hablado de tres

tendencias e incluso yo diría que ostentosamente, porque asociaba las tendencias

a la imagen concreta de una persona. A mi me atribuían el «numantinismo», quizá

por ser oriundo de Soria; a otros compañeros les atribuían otras posiciones. No

hay nada de esto cierto. Somos conscientes de lo que el tercer congreso dijo que

teníamos que avanzar hasta la unidad socialista y a eso estamos. No nos

dijo nada más que esto pero es suficiente. Estamos diciendo a los grupos

socialistas que es menester que establezcamos negociaciones para definir el

marco dentro del cual es posible comenzar el proceso, lento, paulatino,

pormenorizado, hasta llegar a una solución del problema de la pluralidad de

grupos y partidos socialistas. Esa es la opinión de todos. No hay ningún

«numantinismo» y, además, seria absurdo el que lo hubiera, puesto que nosotros

mismos o yo mismo, calificándome de dogmático, ya no me calificaría el

socialista que intento ser.

He dicho muchas veces que nuestro socialismo es un socialismo no dogmático, que

nuestro partido es el partido de mayor democracia interna, que estábamos

haciendo un esfuerzo insólito para que la mayor libertad se ajustase a la

presencia y permanencia de estructuras de partido que no tuviese función

coercitiva, y si ahora apareciese como dogmático, los militantes del partido se

alzarían contra mi diciendo a qué viene eso y con toda razón. Estoy dispuesto y

siempre lo he estado al coloquio, a cualquier clase de comienzos de

posibilidades de negociación que se puedan abrir en un proceso lento hasta

llegar al final que todos deseamos. Esto es lo que creemos todos, tanto Fernando

Morán, como Raúl Morodo, como yo.

No hay en nosotros menor intención de romper ese proceso negociador. Ninguno

tenemos la idea de hacer de nuestra propia gestión el pedestal de un monumento

histórico a quien haya conseguido la negociación.

Ninguno de nosotros pretendemos ser ministros a través de ninguna negociación.

Somos gentes sencillas, y procuramos ser honrados y que queremos saber bien a

dónde vamos, precisar qué es el socialismo y quién socialista, y avanzar por

este camino con seguridad para estar convencidos de que cumplimos el mandato del

tercer congreso, que no nos dijo nunca que hiciésemos la unidad con quienes no

fueran socialistas, aunque lo pretendieran ser, sino que hiciésemos la unidad

ron quienes fueran socialistas.

LA CONSTITUCIÓN

—Usted, habida cuenta de su condición de especialista en el tema, ha sido

injusta mente marginado en la elaboración del borrador constitucional? ¿desde su

punto de vista parlamentario y de catedrático de Derecho Constitucional, qué

insuficiencias y ambigüedades observa en este documento?

—Fundamentalmente, yo echo de menos en el borrador las siguientes cosas.

Primero, la apertura a posibilidades socialistas en términos concretos, es

decir, por ejemplo, una definición de la propiedad, que abriese el camino a

modelos de propiedad no clásicos, no modelos de Derecho romano ni del «Codex»

napoleónico. No existen, y lo lamentamos.

En segundo lugar, que la Constitución sea demoliberal y abstracta, que serviría

para cualquier país que uno pudiese imaginar, pero que no se adecúa a lo

español, en cuanto es algo diferenciado, que tienen características propias.

En tercer lugar, es una Constitución que ignora el proceso de las estructuras de

la democracia, ahora que se están produciendo los grandes intentos de renovación

de las estructuras democráticas, porque el Parlamento clásico comienza a estar

rebasado por la propia dinámica de la Historia y sería necesario haber buscado

formas institucionales que permitiesen que la democracia como realidad se

aproximase a la democracia como ficción jurídica. Me hubiera gustado que hubiese

aparecido una Cámara de las Regiones, un Consejo Nacional de Trabajadores, una

articulación muy definida de un plan económico nacional que se pudiese elaborar

por las dos Cámaras junto con los sindicatos En resumen, que ha faltada

esta capacidad de renovación institucional y esto me parece que ea dañoso,

porque la Constitución va a ser rebasada en poco tiempo. Hay otros defectos, que

alargaría en exceso mi respuesta, no obstante no intentará nuestro partido reñir

una batalla en torno a esto, porque el mal está ya hecho e intentaremos

perfeccionarlo en lo que sea posible y esperamos que por lo menos durante

algunos años sirva para que la democracia ruede.

LA CAÍDA DE SOARES

—La reciente caída de Mario Soares, hasta qué punto corrobora las ideas

sostenidas por usted y su partido acerca de que los esquemas ideológicos y

programáticos de los partidos vinculados a la II Internacional no son válidos

para resolver la problemática de los países de la Europa del sur?

—Desde luego, el socialismo de la II Internacional a mi, hablo en este caso con

un criterio puramente personal, siempre me ha parecido un socialismo que estaba

desposeído de elementos fundamentales, porque no es un socialismo evolucionario.

Nosotros empleamos la palabra revolución sin connotaciones violentas. El

socialismo de la II Internacional no se esfuerza con voluntad plena por hacer

que las ideas socialistas se apliquen de tal modo que transformen el mundo. Son

ideas que permanecen de modo más o menos vago en los programas, pero que en la

práctica no se llevan a la realización y, por consiguiente a la transformación

de mundo. Así, en Portugal lo que ha ocurrido es que la II Internacional ha

puesto en marcha un socialismo aguado, que ni ha satisfecho a las izquierdas,

que se sentían defraudadas, ni ha sido suficiente para sustituir a las derechas,

que están evidentemente ahora en condiciones óptimas para conseguir el Poder a

interceptar el proceso portugués desde el Poder.

Evidentemente, a los países mediterráneos lo que nos hace falta es un socialismo

directo, un socialismo revolucionario, un socialismo transformador, y no esos

socialismos cautos, que sirven más que otra cosa de estimulo para que la

sociedad capitalista mejore, pero que no son ninguna alternativa de sistema para

que la sociedad capitalista se sustituya. Lo que estamos deseando los latinos

alrededor del Mediterráneo son nuevos sistemas, porque somos pueblos con

características diferentes a las de los países nórdicos.

Hoy la Internacional Socialista es la expresión de una mentalidad nórdica,

capitalista y tendrá que transformarse e ir cambiando y comprender que tiene que

atemperarse a la mentalidad mediterránea. El Partido Socialista Popular, que no

tiene nada contra la Internacional Socialista, porque comprendemos que en muchos

sitios el predominio del capitalismo sostiene esta clase de mentalidad

socialista, que tampoco concuerda con lo que hay en el subsuelo, nuestro partido

—insisto—, por su propia neutralidad y honradez al pedir que se vaya

transformando la II Internacional y se vaya convirtiendo en algo de verdad

socialista intenta que muchos problemas puedan resolverse. En Portugal se ha

visto claro lo que digo. Por otra parte la obsesión contra el comunismo, o el no

ver claro el papel que el comunismo puede desempeñar, ha creado muchos problemas

en Portugal y ahora la situación portuguesa va a tropezar con dificultades que

se hubieran podido resolver si no se hubiese obligado a Soares a cambiar de

línea, porque la línea de Soares en el exilio, al que yo he conocido, y con el

que he convivido a la línea del Soares en el Poder hay una distancia que mide

quizá este fracaso.

—En este sentido, el gran éxito electoral en Grecia de Papandreu, líder del

Pasok, partido socialista que no pertenece a la II Internacional, y que, sin

embargo, capitaliza la mayoría de los votos de la izquierda, también confirma

estas ideas esbozadas por usted.

—Yo soy amigo de Papandreu, y en alguna ocasión que le he visto he hablado con

él sobre estos temas.

Papandreu es un hombre inteligente, que también ha comprendido que ese

socialismo aguado del que hablamos antes no encajaba bien en las características

de los pueblos mediterráneos, y que había que intentar cambios sustanciales en

lo que se refiere a las instituciones y a las actitudes. Las instituciones en

Grecia no han cambiado porque aún es pronto; pero las actitudes sí han cambiado

y lo han hecho en el mismo sentido que nosotros estamos pidiendo desde hace

tiempo. Es decir, manifestar que aun comprendiendo lo que son hoy las relaciones

internacionales y que existe una estrategia de bloques, entender también que

existe el orgullo nacional, que existe la independencia de las comunidades

nacionales, que aún no estamos en una colonización económica y política total, y

que, por tanto, podemos tener una actitud limpia respecto de esas grandes

potencias.

Papandreu ha hecho lo que nosotros hubiéramos hecho, decir que no a la OTAN,

entender que antes o después nos tenemos que ver libres de la presión de la gran

estrategia planetaria, porque no entendemos por qué ha de mantenerse una

estrategia bélica planetaria, ya que la guerra sería la destrucción de todos.

Que tenemos que avanzar hacia el socialismo, un socialismo que colectivice la

propiedad, puesto que no podemos estar por más tiempo respetando los viejos

criterios de la propiedad romana o de la propiedad de la burguesía decimonónica,

y que, por el contrario, una renovación de estos conceptos y de su normatividad

puede convenir muy bien a las nuevas mentalidades, sobre todo a las que están

creciendo en el ámbito mediterráneo, sin que esto suponga un enfrentamiento

absoluto con el capitalismo. Para conseguir esto nos tenemos que poner de

acuerdo los países ribereños, y creo que la experiencia de Papandreu puede

servir para que muchos españoles, sobre todo los españoles que se dicen de

derechas, entiendan bien que no hay peligro de violencias ni de desorden, que lo

que hay es amor por la patria, espíritu de independencia y capacidad para

comprender que el progreso se mide hoy por la unidad que el

socialismo marca y no por las unidades que marca el capitalismo.

Manuel Adolfo

M. PUJALTE

Foto MOLLEDA

«En Portugal, lo que ha ocurrido con la caída de Soares es que la II

Internacional ha puesto en marcha un socialismo aguado»

Nueva Constitución: es demoliberal, abstracta, y será rebasada en poco tiempo

 

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