¿Qué es una constitución?     
 
 Arriba.    16/09/1977.  Páginas: 1. Párrafos: 6. 

¿QUE ES UNA CONSTITUCIÓN?

"Mucho han cambiado las cosas desde Lassalle hasta hoy, pero el principio sigue

siendo el mismo: aunque los hechos sean mas complejos, una constitución es tanto

mejor cuanto con más exactitud exprese y facilite el ajuste en la práctica de

los factores reales de poder. En este sentido una constitución, tanto en

el aspecto formal como en el aspecto material, ha de ser como un espejo en el

que cualquier ciudadano pueda verse reflejado a través de su condición

individual, estrato o grupo social. Si un gran financiero lee el texto

constitucional que le atañe y considera las posibilidades reales de convivencia

que ofrece en la práctica, debe verse reflejado en él. Si un empresario medio se

busca en el texto, debe encontrarse. Lo mismo ha de ocurrir a un funcionario o

un obrero, la constitución espejo no es sólo una aspiración técnica, jurídica y

política de los Estados burgueses. En los países en proceso institucional de

transición hacia el socialismo, quizá por la propia inflexibilidad de los

regímenes, las constituciones responden con sumo rigor a este criterio, aunque,

repito, con un entramado social y con unos determinantes económicos

absolutamente distintos, que quizá faciliten la relación entre los hechos y las

normas.

Pero, volviendo a lo que a nosotros nos envuelve y condiciona, la constitución

espejo es una necesidad absoluta, por una razón sencilla y que hoy esta por

encima de cualquier otra razón: que el efecto de seguridad que una constitución

debe ejercer sobre la sociedad que pretende regular ha de ser permanente

y profundo. Tendemos hoy los constitucionalistas a considerar la constitución

como un factor de equilibrio en el proceso total de la convivencia y no sólo

como un factor de equilibrio político y social, los ciudadanos deben sentirse

seguros y confiados en el porvenir cuando lean o les lean el texto

constitucional, porque observen en él la garantía de sus derechos en cuanto

individuos y de sus intereses en cuanto partícipes de una sociedad en que aún

rige el principio de competencia.

Un factor principalísimo de poder que exige párrafo aparte en las sociedades

contemporáneas desarrolladas son los trabajadores. No los antiguos obreros, sino

los modernos trabajadores. De aquí que fuera un error no incluir de modo

adecuado a la clase trabajadora en el sistema de instituciones jurídico-

políticas que definen y organizan la estructura del poder político y su

ejercicio. Es esta una advertencia necesaria porque abunden los textos

constitucionales que eluden preciar que existe la relación social y

jurídico-política entre los sindicatos y el gobierno del Estado.

La función de seguridad de la constitución respecto de todos los ciudadanos y

sus «intereses de clase o de grupo en cuanto son factores reales de poder es

esencial en la democracia y accesoria en la dictadura. La democracia exige

confianza en las instituciones más que en los hombres. Particularmente, en los

comienzos de un proceso democrático la confianza en las instituciones es un

elemento inexcusable, y esta confianza depende en gran parte de que el código

fundamental coincida con los intereses y aspiraciones de la sociedad que va a

regir.

Es verdad que las aspiraciones, sin olvidar las ideologías, han de tenerse en

cuenta, pero de tal modo que la apertura a normativa a su realización en el

futuro no altere los supuestos de la confianza. En ningún caso quiere esto decir

que la constitución tenga que ser un espejo quieto. Debe abrir el camino por sus

propias normas a los cambios profundos que la mayoría del país desee, ofreciendo

opciones de transformación de las estructuras económicas, sociales y políticas.

Incluso a los más avanzados, pero sin olvidar el presente y el supuesto

fundamental de que esas opciones deben atenerse a los propios criterios

fijados por la normativa constitucional. De aquí que la constitución tenga que

ser flexible y la iniciativa

de la ley no se escamotee el pueblo. Pero esto ha de hacerse de modo que sea

también un supuesto de orden y de confianza.

En el caso español actual, seria lastimoso que la propia Constitución, en lugar

de un espejo, por diminuto que sea resultase un cuerpo opaco en el que se viese

nada o muy poco de lo que realmente hay e importa".

(Tierno Galván, en «El País».)

 

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