Autor: Tierno Galván, Enrique. 
   Un congreso sin izquierda     
 
 Informaciones.    04/08/1977.  Páginas: 1. Párrafos: 7. 

UN CONGRESO SIN IZQUIERDA

Por Enrique TIERNO GALVÁN

Según la vida parlamentaria, aumenta en el tiempo, aumenta en ritmo y en

tensión. Esto era de esperar, pero lo que sorprende al observador, que es o

procura ser objetivo, son dos cosas fundamentales: una cómo el Parlamento se

despega del pueblo y de los electores, y otra cómo cambian las relaciones entre

las fuerzas políticas y van marcando una dirección que no era previsible, o al

menos no se había previsto. En cuanto a la primera de las sorpresas, puede

explicarse por tratarse de unas Cortes con carácter constituyente después de

muchos años de desentrenamiento. No obstante, quizá no haya ejemplo en

Europa de alejamiento tan profundo del elegido respecto de sus electores. La

idea de que los diputados son representantes del pueblo a través de una

circunscripción concreta a cuyos problemas deben atender, está absolutamente

olvidada. El Parlamento es esencialmente político, entendiendo aquí por

política una lucha sin cuartel para conseguir posiciones privilegiadas de

dominio en el Congreso, es decir, en el sector más importante del poder

legislativo. Hasta ahora nada se ha oído ni en el hemiciclo ni en los pasillos,

que permita afirmar que el diputado se acuerda del pueblo. Existe un vacío

psíquico, un distanciamiento moral y desde luego una indiferencia política por

los problemas concretos de cada sector de ciudadanos que ha elegido a sus

representantes. Esto tiene suma gravedad. Pudiera ser signo de que no existe

voluntad de arreglar los grandes males heredados, por ejemplo, la corrupción,

sino tolerarlos y existir sobre ellos, sin preocuparse demasiado de ellos. Nos

mantendríamos en este supuesto en un ámbito estrictamente político parlamentario

que tiene mucho de pura abstracción, en cuanto incrementa la distancia entre la

minoría política dirigente y el pueblo, que aparece como un remoto telón de

fondo que justifica, de la misma manera que en los escenarios el decorado

fundamental contribuye a justificar la acción de los personajes. En este sentido

el Parlamento se aproxima a las características que definen los grandes y

pequeños teatros del mundo.

Por lo que atañe al segundo punto, los cambios y reajustes en la relación de

fuerzas políticas dentro del Parlamento son desconcertantes, porque parece que

indican la destrucción o el anulamiento de la izquierda. El proceso es sumamente

notable. Para entenderlo bien quizá convenga que rompamos las paredes de tópicos

que por lo común nublan la comprensión rigurosa de las cosas.

A la pregunta rigurosamente antitópica, de ¿quién ha traído el comienzo de

democracia que hoy existe en España?, sólo cabe responder con exactitud

aceptando que han sido cinco las fuerzas que lo han hecho: un sector del

franquismo que entendió claramente que la continuidad de sus intereses

fundamentales estaba garantizada a la perfección por una democracia que

encubriera su permanencia en los puestos claves de decisión política, económica

y administrativa; un extenso sector del capital industrial y financiero que se

percató de lo mismo; las potestades de la Iglesia y las jerarquías del Ejército

que creyeron que el camino democrático era el más conveniente; un amplísimo

sector del pueblo que se expresaba en los partidos y sindicatos ilegales y, por

último, los grandes intereses extranacionales, que en términos genéricos

podemos llamar atlánticos. Estos últimos han permanecido y permanecen en

discreta oscuridad, salvo en el caso de Alemania.

Parecía lógico, en la lógica del período de transición, que todas estas fuerzas

estuvieran de acuerdo. Era incluso coherente con el poder de los hechos que la

parte más débil, la izquierda, que por sí sola no había conseguido el paso a la

democracia formal encubridora, aceptase sumisamente que el sector del franquismo

más inteligente y sus aliados trajesen la nueva forma de organización y decisión

política. La pasividad, recato y sumisión de la izquierda estaban plenamente

justificados por el temor, que hoy vemos era un temor con poco fundamento, de

que el proceso se rompiera y se volviese al pasado. Pero una vez

que llegaron las elecciones parecía que los diversos campos se iban a deslindar

de tal modo que la izquierda recuperaría su propio sentido y la derecha el suyo.

Desde luego entre los ciudadanos así ha ocurrido, salvada, cada vez con mayor

precisión, la confusión que reinó durante las elecciones, los españoles se van

situando según sus preferencias ideológicas. La izquierda y la derecha van

estando cada vez más definidas. Sin embargo, en el Parlamento, concretamente en

el Congreso, no existe prácticamente la izquierda. Es un hecho notabilísimo,

tanto porque aleja por completo a los diputados del pueblo como por la niebla

casi impenetrable que este hecho pone en las actividades de la Cámara Baja.

Consideremos, a este propósito, lo ocurrido el lunes en relación con el Partido

Socialista Popular, grupo máximo contando con su aliado del Partido Socialista

Aragonés, dentro de lo que se llama grupo mixto. Todos los partidos que componen

el Congreso se pusieron de acuerdo para excluir al grupo mixto, es decir,

fundamentalmente al P. S. P., de la ponencia que ha de redactar el anteproyecto

de Constitución.

¿Qué significa esto?, ¿por qué excluir a un grupo y sólo a uno? Caben varias

justificaciones, pero sólo parece admisible una: que la propuesta del P. S. P.

en su comunicado del domingo día 31 proponiendo un acuerdo de las fuerzas

progresivas para defender un proyecto constitucional común, primer paso para un

programa común de la izquierda, más la filtración de que llevamos tiempo

trabajando en un proyecto de Constitución que oriente al Código constitucional

en el sentido de crear estructuras que tiendan a establecer un socialismo

responsable, honrado e independiente, ha asustado a la Cámara Baja que, repito,

es objetivamente una Cámara de derechas.

¿A quién beneficia que el Congreso sea objetivamente de derechas? Quizá el P. S.

P., por su condición minoritaria, esté en situación de apreciarlo con más

claridad. Desde luego no beneficia al Trono, si consideramos el caso de las

monarquías europeas sostenidas fundamentalmente por la izquierda. No al

pueblo, cuyos problemas han de resolverse contando con la presión continua de

una izquierda responsable e independiente. No al equilibrio de las fuerzas

políticas actuantes, cuyas integraciones o procesos unitarios más perentorios se

destruyen por la anomalía de un Congreso que rechaza o persigue a la izquierda.

No, por último, a la crisis económica, de la que no vamos a salir por el

exclusivo sacrificio de la clase trabajadora tal y como la derecha pretende.

Mucho temo que se vuelva a caer, a destiempo y en otras condiciones, en el error

de Cánovas, de creer que el Congreso pueda ser para siempre un teatro en el cual

la izquierda no tenga papel.

* Don Enrique Tierno Galván, presidente del Partido Socialista Popular y

diputado por Madrid, explica en este articulo el significado de la exclusión del

grupo parlamentario mixto (en el que están integrados los diputados del P.S.P.)

de la ponencia que, dentro de la comisión constitucional, redactará el borrador

de la nueva Constitución. El grupo mixto es el único excluido de la ponencia, y

las tesis del profesor Tierno para que fuera incluido fueron derrotadas en las

votaciones de la comisión.

INFORMACIONES

4 de agosto do 1977

 

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