Autor: Ruiz Gallardón, José María. 
   Mover el banquillo     
 
 ABC.     Páginas: 1. Párrafos: 4. 

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MOVER EL BANQUILLO

ENTRE las expresiones acuñadas en torno a los fenómenos deportivos ha cobrado carta di naturaleza

esta de «mover el banquillo». Casi es innecesario explicar su significado. En uno de los deportes más

vistosos, en el baloncesto, los equipos están integrados por cinco jugadores cada uno. Pero no son siempre

los mismos los que actúan en la cancha. A las órdenes del entrenador -verdadero jefe que orienta las

tácticas de sus pupilos, les aconseja, les ordena y hasta los retira cuando cree conveniente- hay otros

varios, sentados en un banquillo en el lateral del terreno de juego, dispuestos a saltar a la contienda en

cualquier momento en el que el preparador se lo ordene. No son reservas o jugadores de inferior calidad.

Porque siendo tan buenos como el resto de sus compañeros se trata de que haya siempre en pista los más

adecuados para lograr el triunfo. Hasta que alguno se queme por cinco «personales», o sea, hasta que

cometidas esas faltass reglamentariamente deba abandonar el campo el jugador que infringió las reglas, sin

posibilidad de retornar a él. Pues bien; como un elogio, como un desiderátum, los aficionados alaban

siempre al entrenador que "mueve bien el banquillo», que hace los relevos justamente cuando y por quien

se precise. Acertar no es, ni mucho menos, fácil, como no es fácil en otro deporte, en el tenis, «subir a la

red» Ahora se trata también de arriesgar, de acortar las posibilidades de réplica del contrario, estando

muy cerca del limite del propio campo. Pero hay que tener cuidado porque cabe que la astucia del

adversario coloque la pelota en el fondo de la pista, lejos del alcance de quien subió a la red y sin

posibilidad de replica por parte de éste.

Desde tiempos inmemoriales se han comparado política y deporte. Y si nos paramos a analizar ambas

expresiones del quehacer humano veremos que las semejanzas son muy profundas. Ambas actividades se

enraízan en el concepto más amplio de arte. Artista es el político consumado, y también quien ajusta

gallardamente el juego a sus reglas infundiéndole su sello personal, que es lo que el estilo para el artista.

Política y deporte tienen siempre algo -esencial- de enfrentamiento, y en las dos actividades so-lo son dignos

de elogio quienes se ajustan a las llamadas «reglas del juego». Más aún, en las manifestaciones más perfectas

de la expresión política hay, como en todo deporte, un arbitro que tiene por misión estar

por encima de jugadores o políticos y velar por el

cumplimiento de las reglas. No se concibe un arbitro que pertenezca a uno u otro equipo. Es de su

esencia la imparcialidad. En toda Monarquía -y ya lo hemos dicho muchas veces- el Rey está por encima,

aunque no fuera, de la batalla política, De ahí la superior entidad cualitativa de esta forma de

gobierno sobre la forma republicana. Pero el arbitro, para ser buen arbitro, debe seguir el juego de cerca,

sin estorbarlo, pero atento siempre a la observancia de las reglas. Puede y aun debe, en casos extremos,

expulsar al infractor del terreno de juego.

Pero retornemos al principio. Hay, a mí juicio, un profundo y muy actual significado en la expresión con

que titulo este artículo. Decíamos que se trata de tener siempre en liza a los cinco más adecuados

jugadores, Y lo son aquellos que mejor defienden y mejor atacan. En definitiva, los que se adaptan

óptimamente a las necesidades de cada momento. A veces la entrada de un jugador nuevo hace cambiar

de ritmo la pelea deportiva. Se trata de romper así el marcado por el contrario, Otras es el jugador recién

llamado el que imprime más velocidad y se llega más holgadamente a la canasta adversa. Hay que estar

vigilante en cada segundo de la marcha del encuentro. No cabe distracción, porque cada

instante exige una pronta respuesta, Mover bien el banquillo es todo un arte, y un arte del que siempre,

o casi siempre, depende el resultado favorable o adverso»

Al mismo principio, a idéntica necesidad, responden los relevos en política. También aquí hay que estar

muy atento a las exigencias de cada minuto. Hay que encontrar para cada ocasión al hombre que imprima,

con sus características de juego, mayor personalidad a su obra en orden a la consecución del bien común,

que es algo asi como la canasta política. El entrenador, verdadero jefe del equipo, tiene, según las reglas,

posibilidad de detener por breves instantes el juego. Entonces imparte instrucciones, señala cometidos,

fija metas a alcanzar, Y cambia, si es preciso, alguno o algunos de los jugadores, Para mí tengo que este

invierno de 1973, en el juego político patrio, está pidiendo que se mueva el banquillo. Hay que cambiar

de ritmo y en esa pausa que supuso la Nochebuena oímos las instrucciones de nuestro entrenador. El

mensaje de fin de año es muy claro. Y frente a otras tácticas posibles se ha elegido la de la participación

y la apertura. A ella deben ajustarse los jugadores, Y a ella están llamados quienes esperan en el

banquillo, atentos, a que sus características de juego les lleve a actuar en la liza. Repito, para mí tengo que

lo que el Generalísimo dijo encierra todo un nuevo concepto, un nuevo programa, toda una nueva táctica

a seguir. Con el mismo equipo, por supuesto, jugar lo fundamental ni cambia ni debe cambiar. Pero con

otros jugadores de refresco que esperan su hora. O mucho me equivoco o está cerca la hora del relevo.

Que quizá se produzca cuando menos se espere, porque también la sorpresa es un factor a tener en cuenta.

Pero me parece inminente porque en la cancha tenemos a más de un representante con cuatro personales,

al borde de tener que dejar, si cometen la quinta, obligatoriamente el partido. Todo depende de la

prudencia, del arte .de nuestro entrenador. Y ambas son virtudes que no es lícito negar a quien lleva tantos

años y de tal suerte encausando el quehacer de nuestro equipo nacional.

José María RUIZ GALLARDON

 

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