Autor: Guerra, Antonio. 
   El drama de Clavero     
 
 Informaciones.    28/01/1980.  Páginas: 1. Párrafos: 6. 

EL DRAMA DE CLAVERO

Por Antonio GUERRA

EL drama de Manuel Clavero hay que verlo en su contorno más que en su origen y sus consecuencias.

Cuando los políticos desaparecen de la vida pública por esa especie de muerte civil que es el cese o la

dimisión, que igual da, es más importante observar el nuevo escenario que les rodea —por lo que puede

tener de sufrido Gólgota, de digna rehabilitación o de lección bien aprendida— que remontarse a las

causas que les llevaron a la situación de desempleo en esa erética del Poder que, irremisiblemente,

siempre deja huella. El contorno más inmediato del ex ministro de Cultura es ahora Sevilla, su ciudad, y

su región, Andalucía, por la que él mismo se ha ofrecido como víctima propiciatoria en un sacrificio que

me temo inútil, porque nada contribuirá a ablandar los inflexibles proyectos de esos pequeños dioses que

habitan la Moncloa como un Olimpo. Es posible que la dimisión de Clavero no haya sido oportuna por lo

que tiene de impaciente cabreo frente a los señoritos de la política y frente a la falta de seriedad ante toda

una región que es casi media España, pero a esta dimisión debe reconocérsele la dignidad del portazo, en

vista de que la cacicada y la trampa del grupo más afín a Suárez lograron una encerrona perfecta contra el

ex ministro andaluz. Parece que el hábil ingeniero leonés Martín Villa ha obrado cosa fina en el asunto.

Ya está el ministro dimisionario en su difícil enclave de retorno. Y digo difícil porque en una ciudad tan

encantadoramente provinciana como sigue siendo Sevilla, es más duro ser ex ministro o ex concejal que

en la gran ciudad, donde todo se diluye con la prisa. En provincias la cosa cambia. Siempre hay un viejo

adversario, un enemigo político o un chistoso, que espera pacientemente, con la mano en la mejilla, a ver

pasar el cadáver de su enemigo por delante de la puerta de su casa. Ninguna de estas especies le va a

faltar al ex ministro sevillano, sobre todo la de los chistosos, que por los pagos sureños usan de Una

refinada crueldad en la que no es un eximente la desgracia de la condición humana. No obstante, al digno

y buen profesor que siempre ha sido don Manuel Clavero Arévalo, se le ahorra un poco de estos malos

ratos con el calor de unos alumnos y unos profesores, entre los que es muy querido, y lo confortable de

una cátedra universitaria desempeñada con decencia desde hace muchos años.

EL HOLOCAUSTO DE LA DERECHA

Pero el drama de Clavero no es el de este contorno provinciano a corto plazo, que suele ser inmediato en

las derrotas de cualquier orden. Lo grave de la situaciín poltica está en la dificultad en que le coloca su

dimisión. El ex ministro de Cultura esta entre los demócratas del posfranquismo que quemaron sus naves

en aquel holocausto de la derecha española, inmolada voluntariamente en favor de Adolfo Suárez,

cuando, a cambio de una parcela de poder, disolvieron sus partidos para integrarse en ese conglomerado

difuso de U.C.D. que difícilmente dejará de ser, por mucho que lo desee Arias-Salgado y su patrón, un

híbrido sin sexo y casi sin seso. A estas alturas, aunque algunas fuentes cercanas al profesor hayan

declarado que el Partido Social Liberal de Andalucía (P.S.L.A.) no está oficialmente disuelto, ya es muy

difícil volver por estos mismos pasos a ejercer en política. La derecha española se desgració en aquella

operación de liquidación por derribo y, desde entonces, se frustró la posibilidad de una derecha civilizada

e inteligente que tanta falta está haciendo en España. En aquella inmolación cayó Clavero, como

Garrigues, Fernández Ordóñez, Camuñas y otros a los que aún les quedan muchos sapos por tragar.

Ahora, al fundador del P.S.L.A. no le queda otro camino que vincularse disciplinadamente a U.C.D. si

quiere seguir ejerciendo su vocación política.

Por otra parte, es muy difícil que Clavero y sus hombres (entre los que ya se encuentra alguna deserción

ratonera, según dice la Prensa sevillana) puedan llevar adelante su proyecto autonómico andaluz —vía

artículo 151—, cuando la U.C.D. se opone a este procedimiento. Aceptar el 143 —¡y no digamos cantar

sus excelencias!— es algo que pondría en entredicho la actitud política de Clavero y la gallardía, no

exenta de cierta espectaculáridad, con que ha sabido respaldarla dejando la sabrosa poltrona ministerial.

ERRORES QUE SE PAGAN CAROS

Esta situación de callejón sin salida es la que no se comprende bien a la hora de analizar fríamente el

proceder de un político que empieza a tener una sólida credibilidad en la derecha no franquista de

Andalucía. Y parece más incomprensible aún que Manuel Clavero, que es la sensatez en persona,

acudiera, en los días más graves de su crisis política, a solicitar el favor del P.S.O.E. para salvar la

autonomía andaluza. Cuando el ex ministro ha llegado a su tierra, ya cadáver en esta muerte civil de no

ser lo que fue, ha recibido la primera lección de olfato político por parte de su pueblo. Entre los andaluces

es una especie extendida y aceptada —con resignación que sólo el andaluz sabe usar en su desparpajo

entre ácrata y existencialista— de que Adolfo Suárez y los suyos jamás se hubieran atrevido a

«racionalizar» las autonomías sin un acuerdo previo con Felipe González y el P.S.O.E. Por mucho que

Alfonso Guerra y sus hombres de la periferia --que son los que en estos casos se orquestan para el

errebato del mentís— digan lo contrario, al P.S.O.E. (sólo a nivel de dirigentes) le ha venido de perillas el

frenazo autonómico. Entre otras razones (tal vez lógicas y coherentes, pero en las que no entramos ahora)

porque en la estrategia del partido, y sobre todo en el ánimo de algunos de sus cualificados dirigentes, no

se contempla lo que entre ellos suele calificarse, con no poca sorna, como «esta ola de fiebre autonomista

que nos invade». Otra feliz coincidencia es que el mismo día del frenazo autonómico de los ucedistas,

Gregorio Peces-Barba, en un diario de la mañana, desgranara minuciosamente, como sólo él sabe hacerlo

con su paciente cachaza de escrupuloso jurista, las posibilidades del articulo 143 para alcanzar

autonomías más maduras. Argumentos muy parecidos esgrimía dos días después, en unas declaraciones

desde Valencia, ese cerebro llamado Abril Martorell, al que nunca los españoles agradeceremos

suficientemente sus desvelos por el país, casi siempre seguidos de fracasos.

En fin, que Clavero ya ha vuelto a su tierra sin Ministerio y sin artículo 151. No sé si vaga, como Hamlet,

entre la bruma y la duda de un difícil camino por recorrer; o si el hombre está reconfortado con el apoyo

de una U.C.D. andaluza dispuesta a dar la lata en la Moncloa, lo que se ve muy difícil por ahora. De

cualquier forma, la política, una vez más, con su poder escatológico y casi mágico, ha convertido a un

ministro, cuya figura suele parecer inexpugnable, en una sombra errante. ¡Vaya por Dios!

 

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