Autor: Pujalte, Manuel Adolfo M.. 
 Hoy, Enrique Tierno Galván (Partido Socialista Popular). 
 Dispuesto a gobernar     
 
 Pueblo.    11/06/1977.  Página: 7. Páginas: 1. Párrafos: 13. 

Hoy, ENRIQUE TIERNO GALVAN

(Partido Socialista Popular)

DISPUESTO A GOBERNAR

"EN UN GABINETE DE SALVACIÓN NACIONAL"

"Pero soy partidario de los gobiernos homogéneos"

Enrique Tierno Galván: «el viejo profesor» como cariñosamente le llaman, no es

ni tan viejo, pues con cincuenta y nueve años de edad no es mayor que Ruiz-

Giménez ni que Carrillo, hombres de probado dinamismo político, y su imagen

trasciende la dimensión meramente docente, pues por su energía y capacidad de

convocatoria, hace que sin perder el rigor profesoral y la profundidad de ideas

del estudioso, sea un auténtico hombre de acción. Quienes le achacan que su

condición de intelectual es un lastre para la actividad política, se olvidan de

que intelectuales y profesores fueron hombres como Wilson, presidente de los

Estados Unidos, artífice en gran medida de la paz de Versalles, o Julián

Besteiro, con el que Tierno tiene marcadas concomitancias en cuanto a talante

ético e intelectual, o Fernando de los Ríos, entre otros casos notorios. Su

honestidad, así como su trayectoria profesional y política hacen de él uno de

los líderes de la izquierda española de más reconocido prestigio. Cara a la

campaña electoral, y siguiendo la tónica de esta acción dedicada al histórico

acontecimiento que suponen las elecciones generales próximas, sostuve la

siguiente entrevista con el presidente del Partido Socialista Popular (P.S.P.).

Sus respuestas rezuman realismo pragmático y cierto utopismo del que están

transidas siempre las propuestas socialistas cuando son sinceras y genuinas.

—Hablemos, profesor, en primer termino, de la financiación de la campaña

electoral de su partido, ¿como la están sufragando?

—Uno da nuestros grande empeños ha sido mantenernos como partido independiente.

No se trata tan solo de un criterio que nazca de las propias condiciones del

partido, ni del criterio de sus militantes por razones de conservar la

configuración ideológica más pura y alguna otra razón semejante, se trata, sobre

todo de que un partido que aspira a ser partido de gobierno, debe preservar su

independencia para contribuir cuando llegue el momento a la independencia del

partido. Si el partido se compromete, si este compromiso trasciende las

fronteras con fuentes de financiación, puede llegar un momento, cuando el

partido gobierne, que tales compromisos pongan un obstáculo importante para que

la política nacional pueda remodelarse con independencia y seguir sus caminos

libremente elegidos, por esto hemos prescindido de ayudas exteriores de modo

absoluto. Nos hemos atenido exclusivamente a lo que, en virtud del decreto que

regula estas materias, hemos obtenido de la banca. De la cifra hemos conseguido

aproximadamente, me parece al menos puesto que habría que consultárselo al

tesorero, sesenta y cinco millones de pesetas y con esa cifra, más las débiles

aportaciones de los simpatizantes, de amigos, de algunas personas que han tenido

interés en ayudarnos con cuotas extraordinarias, estamos haciendo la campaña con

pobreza, pero con dignidad.

SALIDAS ECONÓMICAS

—¿Qué salidas ve a la crisis económica que, con cada vez más crecientes ribetes

dramáticos, estamos padeciendo? En que aspectos en esta dimensión hace hincapié

su programa electoral?

—Por de pronto me parece que tiene suma importancia el que hayamos dicho, yo lo

he dicho hace poco por televisión, que los problemas económicos no se van a

arreglar en un día. Si me preguntasen qué podría pensar como español, estando en

condiciones excepcionales para responder, por ejemplo, estando en la Presidencia

del Gobierno, tendría que decir que solo podría ofrecer esfuerzos, sacrificios,

menos gasto y, en algún caso más trabajo. Esto indica, pues, que no debemos

tener un optimismo infantil y creer que hayamos cambiado de sistema, que estemos

en un sistema de libertad, que nos encontremos más contentos y mejor que haya

una alegría justificadísima en cuanto que nos hemos alejado de la dictadura,

que esto supone que tengamos en nuestras manos el poder mágico de alterar la

realidad y lo que ayer era negro se convierta hoy en blanco; las dificultades

van a ser serias y tenemos que pasar por ellos, tenemos que rebasar obstáculos

importantes. Pero pronto no creemos, y somos un partido socialista de

izquierdas, lo hemos dicho muchas veces, no lo hemos ocultado nunca, tampoco

hemos ocultado nuestro origen marxista, pero, a pesar de ello, no creemos que se

pueda dar un salto revolucionario.

Estamos en Europa, no estamos en una isla ajena a los intereses de un

continente, estamos dentro de un bloque, de un bloque capitalista atlántico y

desasirse de las presiones y de los compromisos que ya tenemos no va a ser

fácil. Por otra parte, hay un gran sector del país que no quiere que se

imponga de manera revolucionaria; es decir, con cambios inmediatos, decisiones

que tengan el carácter de colectivización, de transformación de la propiedad

privada en propiedad pública, etcétera. No podemos aplicar medidas

socialistas, es más, no serían oportunas por un pueblo que está preocupado y

que va a estar más preocupado por la solución de los problemas inmediatos y por

eso, lo que hay que procurar es que consiga una cierta normalidad de vida, que

no esté en la premura, en la preocupación, que disminuyan los parados, que no

aumente la emigración y, si es posible, que los emigrantes volviesen,

etcétera. Cuando hayamos conseguido un cierto nivel de bienestar será el momento

en que ese pueblo piense en los cambios que le ofrecemos y que apoyen

voluntariamente esos cambios y que entren, de una vez, por el camino socialista.

Ahora, lo que tenemos que aplicar son decisiones capitalistas y dejar un margen

para decisiones mixtas: es decir, a ciertas decisiones que responden a los

criterios socialistas que se pueden aplicar dentro del marco de la sociedad

capitalista. Esas decisiones, que tienen un carácter capitalista, las conocemos

todos. Habría que recortar en la medida de lo posible las importaciones, habría

que remodelar el gasto público que es un gasto público que, evidentemente, no

está sectorialmente bien logrado.

Esta remodelación es muy importante para dar equilibrio y estabilidad al país;

por otra parte, habría también que intentar clarificar el proceso económico, que

esta sin planificar de manera suficiente. Los planes de desarrollo no han

servido apenas para nada. Hay que tener una economía coordinada y bien

planificada en la que concurran los diversos representantes de los diversos

ministerios, porque, si no se logra una interacción suficiente en el orden

económico de los distintos sectores de la Administración, nunca se va a resolver

nada. Es menester capitalizar el país, el país que necesita recuperar la

tranquilidad y la seguridad, por lo menos aquellos sectores del país que pueden

invertir, porque si no hay inversión, si no se recapitaliza, no se pueden

aumentar, como es lógico, los puestos de trabajo a nivel suficiente. En

este proceso de recapitalización hay que tener cuidado en cómo las inversiones

se sectoralizan, no se puede dejar que la inversión se haga simplemente según el

capricho de alguna actividad competitiva que, a veces, es absurda. Cuando esto

sea así, se podrá pensar en una ley fiscal, que hay que englobar con

tiempo y que tiene que aplicarse a ciudadanos educados en la norma de que

engañar al Estado es engañarse a sí mismos. En cuanto a las decisiones

socialistas, se trata de nacionalizar muchos sectores de los servicios públicos

e incluso alguno de la producción, todos sabemos de qué se trata, que esta

nacionalización habría que hacerla con cuidado, con tiento sobre estos sectores

públicos y algunos bienes que pueden tener la condición de servicios públicos

como el suelo, el transporte y tantos más que podríamos ir nacionalizando con

cautela, pero ya creando unos elementos mixtos de carácter socialista y,

al mismo tiempo, capitalista, que fuesen preparando a la opinión pública para

los grandes cambios que, sin duda, tendremos que vivir.

GOBIERNO CON SUÁREZ

—¿Formaría Gobierno con Suárez en un gabinete de centro izquierda, o bien de

concentración nacional, habida cuenta de que la Unión de Centro Democrático

jugaría una positiva baza debido a su prestigio y ascendiente sobre toda la

izquierda española?

—Yo no sé realmente si sería una baza para el Centro: admitamos, al menos como

hipótesis de trabajo, que sí, y que esa proposición existiera. Realmente, mi

respuesta, es la respuesta que he dado otras veces, y mi partido parece que está

de acuerdo con esto, por cuya razón puedo mantener este criterio con cierta

seguridad. Si se trata de un Gobierno de salvación nacional, si es un Gobierno

en que entremos todos, por la necesidad apremiante de unir todas las fuerzas

para sacar al país de una situación que puede ser catastrófica, no habría duda;

creo que no habría duda por parte de nadie... Es más, creo que el espectro

político de ese Gobierno tendría que ser amplísimo, ya ahí tendríamos que estar

todos o casi todos los que representamos algo en la vida política y social del

Estado y la sociedad española. Mientras no se den estas condiciones,

evidentemente somos partidarios de gobiernos homogéneos. Los gobiernos de

coalición son gobiernos que no acaban nunca de resolver las cosas con

profundidad y de raíz; cada cual tira de la manta por un extremo y ésta incluso

puede llegar a rasgarse. Es conveniente que para decidir en casos graves, y

la situación española es grave, para poder tomar decisiones que lleguen al fondo

de los problemas es necesario un gobierno homogéneo, con ideas claras, que

responda a los mismos análisis, que tenga los mismos fines, que permita

solucionar las cosas.

Michel Rocard, una de las relevantes figuras del Partido Socialista Francés, me

dijo en una no muy lejana entrevista que sería un grave error el que se

produjese un corte entre el socialismo del Norte y el del Sur.

Su partido, sin embargo, mantiene una postura muy distanciada respecto a la

socialdemocracia nórdica en cuanto mera administradora y no transformadora del

capitalismo.

—¿Qué me puede decir al respecto?

—Yo creo que cuando personalidades como la de Michel Rocard afirman que no hay

que distinguir entre el socialismo del Norte y el del Sur, lo que están

intentando es arrimar el ascua a su sardina; es decir, lo que están intentando,

de una u otra manera, es que la socialdemocracia sea la que triunfe. Hay un

subsuelo de temor ante el hecho que se prevé de que la Europa del sur pueda ir

mucho más de prisa en el proceso de socialización en el proceso de cambio y

romper las contenciones que está intentando mantener la socialdemocracia para

sostener el capitalismo tardío. Yo creo que no es sólo un problema ideológico,

sino que es consecuencia de la estructura económica. Las estructuras económicas

del Norte y del Sur son distintas. Los países norteños son privilegiados, han

conseguido una gran concentración industrial, una gran elevación de la renta

«per capita» y, por otra parte, su índice de desempleo es mínimo, y si alguna

vez tienen un desempleo notable, poseen reservas suficientes para poder sostener

al que no está trabajando a través de una gratificación eficiente. Pero en el

Sur se dan otras circunstancias. El Sur está descapitalizado y constituye un

poco el proletariado de Europa. Téngase en cuenta que las grandes olas

emigratorias hacia Europa proceden del Sur, y es muy cómodo defender la

estructura que sostienen los países nórdicos cuando se tiene un subproletariado

compuesto por españoles, italianos, griegos, turcos, etcétera, que evidentemente

les hacen los trabajos peores y más costosos, creando ciudadanos de dos

clases: los del Norte, que realizan los trabajos más llevaderos, y ciudadanos

del Sur, que son los que realizan los trabajos difíciles, molestos y, en

definitiva, arriesgados. Esto requiere crear un modelo que resuelva los

problemas y que obedezca a las características del sur de Europa, un modelo que

implique una industrialización que debe estar condicionada por las líneas

maestras de un pensamiento socialista, no socialdemócrata, sino socialista. Este

nuevo modelo que propugnamos es lógico que a los socialdemócratas no les guste,

porque va a ir poco a poco desintegrando el Estado y va a avanzar hacia un

proceso autogestionario.

De aquí que nosotros estemos intentando que el proceso de nacionalización se

convierta netamente en un proceso de socialización. Es decir, que los usuarios

de un servicio sean al mismo tiempo los gestores del servicio, sus

administradores y definidores del proceso económico del servicio; claro está,

esto no es fácil, pero constituye una ambición propia de las características

antropológicas e históricas del hombre del sur de Europa, y en el orden

macroeconómico del sur de Europa tienen unas economías que normalmente son

economías paralelas y no complementarias. Ocurre, claro, que los países nórdicos

desean que estas economías del sur de Europa, que son normalmente economías del

sol, sirvan para satisfacer las economías fundamentalmente suyas que son

economías de la lluvia y del frío. Por eso les interesa que haya precios bajos

para poder gozar del sol, que haya precios turísticos asequibles, que las

materias primas que el Sur produce estén siempre dispuestas para importase a un

Mercado Común que en el fondo controlan ellos, de tal modo que hay un temor muy

serio, ya que cuando el Sur esté más o menos integrado y tenga sus propias

posibilidades, el Mercado Común, en vez de ser, como es hoy, un Mercado

Común en el que la dirección la lleva el Norte, al convertirse en un Mercado

Común en el que hay que compartir la dirección real de los problemas con los

ingredientes ideológicos y con las necesidades materiales del Sur.

Esto no gusta, pero es así. Por otra parte, el Sur, por su misma situación, está

abierto a África, se está perfilando Euroáfrica, que puede ser un gran problema

para los países nórdicos, y, por otra parte, en España en concreto, y también

ocurre en parte en Italia, donde se está proyectando una línea cada día más

clara de acción económica y política con los países iberoamericanos, lo que

tampoco satisface la hegemonía industrial y económica nórdica. En consecuencia,

y aun lamentándolo mucho, hay que reconocer que la actitud de Michel Rocard está

condicionada, ideológica y materialmente, por supuestos que responden a la

infraestructura económica, que es la que en última instancia decide.

Manuel Adolfo M. PUJALTE

Fotos MOLLEDA

PUEBLO 11 de junio de 1977

 

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