Autor: Blom, Ricardo. 
   El viejo profesor     
 
 Arriba.    10/05/1977.  Páginas: 1. Párrafos: 5. 

EL «VIEJO PROFESOR»

PARA las nuevas generaciones de universitarios españoles, para los socialistas

del país, para un número creciente de ciudadanos que empiezan a interesarse por

los asuntos públicos, el «viejo profesor» es Enrique Tierno Galván: catedrático,

presidente del PSP y, ante todo, un aire refrescante de ética y salubridad moral

en el contaminado mundo de la acción política.

Tierno Galván no es hombre que facilite la confidencia. Saluda con amabilidad,

pero con distancia. Cuentan que, en el famoso mitin de Comillas, Azaña se

enfadaba con el auditorio porque, con sus aplausos, le hacían perder el hilo

argumental. «No me aplaudan», llegó a decir, según parece, lo que no es poco

mérito en un político. Hace algunas semanas, en la plaza de toros de Vista

Alegre, Tierno amonestó con profesoral energía al entusiasta público que asistía

al mitin del PSP y les pidió que cesaran en sus gritos para dejarle reflexionar

coherentemente en alta voz. Los seguidores de Tierno van llegado a asimilar tan

exactamente la imagen del «viejo profesor», que las veinticinco mil personas que

abarrotaban la plaza abrieron las orejas y cerraron las bocas como si fueran un

puñado de dóciles pupilos. El saber puede irradiar más autoridad que la

coacción.

Azaña fue, en su tiempo, el hombre de la República. Carecía de las masas

fanáticas de Largo Caballero, de las simpatías de Prieto, de la gracia andaluza

de Alcalá Zamora, del generalizado respeto a la talla humana e intelectual de

Besteiro.., pero la República española de 1931 no era concebible entonces sin

Manuel Azaña.

El profesor Tierno —más próximo seguramente a la imagen de Bestelro que a la de

Azaña— es, hoy en día, el hombre de la Izquierda española. Su partido carece de

la máquina organizativa del PCE, cuenta con recursos económicos muy inferiores a

los del PSOE, influye quizá menos en las poderosas centrales sindicales... pero

la izquierda española de 1977 no es concebible sin Tierno Galván. Es lógico que

haya sido el primer líder de izquierdas llamado a la Zarzuela y que la

entrevista con el Rey fuera tan extensa.

El profesor es consciente de su papel. Es afable y distante, tímido con las

personas y arrogante con las masas. En las conversaciones privadas intenta

rehuir el liderazgo. En público, habla con el estilo de la vieja escuela: es

lento, pausado, no teme repetir frases y rectificar palabras como si buscara la

precisión de la cátedra, regaña y domina al auditorio, a veces es ácido en la

ironía, emplea sin reservas las palabras de moda y sabe Incitar los reflejos

condicionados:

«Tenemos que romper los límites que han puesto a la Imaginación.» Es parco en

los ademanes. Sitúa el antebrazo derecho a la espalda, apretado contra los

riñones, y acciona suavemente con la mano izquierda, pequeña y pálida. Apenas si

tiene, al final, que recoger el gesto.

Afirma ser un optimista histórico y no tiene reparos a declararse patriota,

Enrique Tierno Galván —un «viejo profesor» de sólo cincuenta y nueve años—

orienta y encauza un modelo de socialismo posible: la utopía en el corazón, pero

frialdad y razones en la cabeza. Para la derecha, Tierno no sería un

interlocutor cómodo, pero sí válido y sensato.

Ricardo BLOM

 

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