Autor: Narvión, Pilar (CASANDRA). 
   La visita del viejo profesor     
 
 Pueblo.    04/05/1977.  Páginas: 1. Párrafos: 6. 

LA VISITA DEL VIEJO PROFESOR

Pilar NARVIÓN

EL profesor Tierno Galván fue recibido el lunes por el Rey, y mantuvo con el

Soberano una conversación de dos horas. Un colega de Radio Nacional preguntó,

ante el micrófono, al líder del P S. P. por qué razón pensaba que había sido

elegido como primer representante de la oposición recibido en la Zarzuela.

«Quizá por mi moderación, posiblemente porque soy un profesor», contestó Tierno

Galván. Yo no sé si Tierno Galván tiene conciencia clara de hasta que punto para

todos nosotros es «el profesor», con toda la carga que esto implica, con todas

las exigencias que, por esta razón, volcamos sobre él, quienes militan en las

filas socialistas como quienes no militan, posiblemente más que nadie los

hombres y las mujeres de «la generación del Rey», lo que, como él mismo ha

indicado, explica tan normalmente que haya sido él, y no otro alguno, el primer

citado a la Zarzuela.

Hay gesticulaciones, extremismos, réplicas, intromisiones, algaradas, que nos

parecen naturales en todos los líderes políticos, mucho más en época de

elecciones, pero que se nos antojan inimaginables e imposibles en el profesor.

Tierno Galván, a quien, inconscientemente, hemos erigido en profesor de

buenos modales y buenos modos políticos. No porque no creamos que en política es

inevitable muchas veces perder los buenos modos, sino porque ese género está

hecho para otros que no son el fiel, la balanza, la vara de medir que ejerce el

profesor Tierno Galván. Mientras él no pierda el tono ejemplar, estamos a salvo.

Naturalmente, el profesor Tierno Galván, como todos los profesores, tiene

discípulos rebeldes, díscolos y totalmente indisciplinados, y éste es uno de los

más graves problemas de la izquierda española. Si el socialismo hubiese sido

capaz de alinearse tras de su profesor en estas elecciones, se hubiese producido

un fenómeno parecido al que se produjo en Francia con la llegada al socialismo

de Mitterrand. Dividido en capillas personalistas —la de Guiy Mollet, la de

Defferré, etcétera—, en plena decadencia de su prestigio, perdido abundantemente

en los avatares de la IV República, el socialismo Francés hacía agua por todas

partes, hasta que, en ocasión de su I Congreso de la era gaullista, llegó por

allí, como quien viene de visita, Mitterrand, un político de talla excepcional,

militante de un partido sin base y sin fuerza.

El visitante salió del congreso reconocido como secretario general del Partido

Socialista francés, y en la primera batalla electoral dejó en «ballotage» al

mismísimo general De Gaulle. El socialismo francés había encontrado a su hombre,

el único capaz de ganarle terreno día tras día al Partido Comunista y elevarse,

sin posible discusión, en líder de la izquierda francesa.

Desgraciadamente para el socialismo español y para la izquierda de este país, y

como consecuencia, desgraciadamente, para España, los discípulos del profesor

Tierno Galván son unos indisciplinados rebeldes, que con su actitud van a

hacernos perder un tiempo precioso, todo el que se necesitará para ordenar la

izquierda española de una vez, con todos los inconvenientes que representará

tener que hacerlo con las elecciones ya realizadas, pues se habrá perdido la

ocasión de ir a la unidad frente a las urnas, que han sido siempre la mejor goma

de pegar de la política.

Con Tierno Galván a la cabeza, ese profesor que respetamos todos, la imagen de

la izquierda española hubiese ganado tanto, que otro gallo le cantara en las

urnas. Hubiesen ganado también los buenos modos de la campaña electoral. La sal

gorda no le va bien al profesor; la demagogia no es buena artillería en su

caso, y como cada lidiador ha de darle la lidia al toro que tiene en la plaza,

con un P. S. P. enfrente, al que hubiese impuesto su estilo el profesor, se

hubiese elevado notablemente la temperatura intelectual de los comicios y

hubiésemos asistido a un ejercicio de estilo entre hombres políticos. Así, me

temo que, como la faena es otra, capotes y muletas van a estar empapados en el

«un, dos, tres» populachero de la demagogia. Lo peor de todo es la pérdida de

tiempo. La derecha está ya en orden (la España no marxista); la incapacidad de

la izquierda para reconocer el liderazgo natural del profesor Tierno Galván es

un error gravísimo que pagaremos todos.

 

< Volver