Autor: Sevilla- Guzmán, Eduardo . 
   El latifundo, como constante histórica     
 
 El País.    11/08/1981.  Páginas: 1. Párrafos: 9. 

TRIBUNA LIBRE/La cuestión agraria andaluza/1

El latifundio, como constante histórica

EDUARDO SEVILLA GUZMAN

El proceso de apropiación feudal de la tierra en Andalucía, por parte de la nobleza, es un problema

histórico que está aún sin resolver en varios aspectos. La historiografía ha despejado muchas incógnitas

importantes. Entre ellas, la naturaleza de la forma de dominación feudal, basada en la propiedad

compartida de la tierra entre señores y campesinos. Estos poseen el domini útil, mientras aquéllos el

eminente, con lo cual se produce la extracción legal del plusproducto del trabajo campesino sin la

existencia de una propiedad libre, en el sentido capitalista del término.

Se conocen, igualmente, diversos mecanismos de apropiación de la tierra en el paso del dominio señorial

a la propiedad capitalista. En Andalucía, esto adquiere unas características muy especiales a través de los

pleitos de señoríos, lo qué significó el deshaucio violento de los campesinos andaluces para convertirlos

en braceros. Pero sobre lo que existe una mayor oscuridad es sobre en qué época se constituyen los

latifundios y de qué procedimientos se valen los latifundistas para controlar la tierra primero y apropiarse

de ella después; es decir, sobre las formas y las pautas espaciales y temporales del proceso de

acumulación de tierras. La hipótesis de Antonio M. Bernal sobre una forma progresiva de acumulaciones

(La Andalucía contemporánea) nos parece sumamente valiosa, aun cuando no exista una evidencia

empírica que la respalde en su totalidad.

El proceso se iniciaría, así, a partir de la reconquista andaluza, en el siglo XIII, y configuraría durante tres

siglos un régimen de propiedad feudal y una forma de explotación que presenta los rasgos básicos del

sistema latifundista. Durante el siglo XVI se inicia la consolidación del régimen latifundista andaluz en

sus aspectos más significativos, especialmente los vinculados al olivar. Este sistema introduce en las

grandes extensiones de cultivo ciertas características relacionadas con la configuración de los cortijos

como forma de institucionalizar el sistema de utilización de la fuerza de trabajo.

A partir de entonces, y fundamentalmente desde la segunda mitad del siglo XVII, las crisis agrarias

suponen nuevos impulsos al proceso de acumulación, ya que en coyunturas de penuria y despoblación se

produce un vacío en los campos que favorece los procesos acumuladores de tierras. Junto a este fenómeno

de acumulación se da otro no menos importante de transformación de las estructuras jurídicas, integrando

ambos lo que hemos denominado el modo de apropiación latifundista, primero feudal y después

capitalista.

El proceso de cambio de la naturaleza jurídica de la tierra supone una gran variedad dé procedimientos

transformadores, entre los cuales cabe destacar la consideración territorial de los señoríos

jurisdiccionales. Aquéllos desaparecieron del contexto jurídico peninsular, como ha demostrado el

profesor Artola (El latifundio, propiedad y explotación), al menos desde el siglo XVI. Este hecho jugó un

papel fundamental en la legitimidad de la apropiación que llevaron a cabo los señores a través de los ya

mencionados pleitos de señoríos y cuyo rechazo ha transmitido la memoria histórica del campesinado

hasta nuestra centuria.

Los latifundios, que ya existían en la Edad Media, se configuran mediante dos procesos: uno, de

acumulación de la tierra por agregaciones en el tiempo de forma lenta, pero continuada, de un núcleo

inicial, y otro, de desnaturalización jurídica de la propiedad mediante ventas a señores de tierras

señoriales comunales y de propios. Este segundo proceso se consolida con la transformación capitalista de

las relaciones de producción en el campo que se opera a lo largo del siglo XIX.

Existe, pues, una persistencia histórica del latifundio como rasgo genérico en la forma de explotación de

la tierra en Andalucía. Como ya hemos argumentado en otra parte (Giner y Sevilla Guzmán, 1977), la

mejor manera de caracterizar el latifundio desde una perspectiva empírica es a través de su consideración

sociológica, es decir, como estructura social que genera unas pautas de desigualdad.

En la segunda mitad del siglo XVIII, el número de jornaleros andaluces pasa de 141.900 a 259.600 (según

datos del Catastro de la Ensenada y el censo de 1797, respectivamente), lo que supone un incremento

porcentual de 45 frente al 17% que se da en el conjunto nacional. El grado de proletarización agraria

(porcentaje que representan los jornaleros del total de hombres ocupados en la agricultura), en 1800, era

del 78% frente al 65% nacional, y los reinos de Córdoba, Jaén y Sevilla eran los territorios más

proletarizados, con el 81%, 80% y 86% de sus hombres del campo trabajando como braceros.

Casi un siglo después, la situación permanecía prácticamente inamovible. En efecto, los datos del censo

de 1887 arrojaban un 80%, 82% y 85% de jornaleros, siendo el total de Andalucía incluso superior al de

1800. Estas sencillas cifras sobre algunos aspectos de la estructura social agraria en distintos momentos

de los siglos XVIII y XIX nos dan idea de la importancia del latifundismo andaluz y de su .persistencia

histórica.

Eduardo Sevilla es profesor del Instituto de Sociología y Estudios Campesinos" de la Universidad de

Córdoba y vicepresidente dé la European Society for Rural Sociology.

 

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