Autor: JOVELLANOS. 
   Andalucía un peligro latente     
 
 ABC.    08/05/1981.  Páginas: 1. Párrafos: 8. 

Andalucía, un peligro latente

Hace unos días, concretamente el 30 de abril, el presidente del Consejo de Ministros, señor

Calvo-Sotelo, y el titular de la Junta de Andalucía, don Rafael Escuredo, mantuvieron una larga

conversación. Resultado de la cual, y una vez vuelto a su región el señor Escuredo, los

dirigentes de los sindicatos andaluces que desde hacía un mes, aproximada-mente, estaban en

huelga de hambre acordaron deponer su actitud y volver a la normalidad, tras la firma de unos

acuerdos para aumentar los fondos destinados al empleo comunitario, de una forma tan súbita

como fue la del comienzo de las acciones de protesta iniciadas hace un mes; a causa, según

se pregonó a través de todos los medios de comunicación, del permanente paro de

trabajadores en el sector agrario andaluz, de la falta de medios que el Gobierno «central»

arbitraba para evitarlo y de la ineficacia del «empleo comunitario» como arma capaz de

solucionar el permanente desempleo en Andalucía.

Todo este galimatías, segunda parte, corregida y aumentada, de lo que sucediera el pasado

año con el inevitable protagonismo del ya famoso alcalde de Marinaleda, con la colaboración

de órganos de comunicación social capaces de dar a sucesos que en cierto modo revisten una

mera importancia local un escenario que excede no ya el marco nacional, sino el internacional,

representa una bomba del mayor carácter explosivo que en un momento dado puede explotar y

teñir de sangre una región en el momento en que los dirigentes de los sindicatos minoritarios,

que convocan a los trabajadores, realmente desprovistos de trabajo, y el Gobierno, carente de

imaginación y de autoridad para centrar las cosas en su punto concreto y real, se vean

desbordados por aquellas masas a las que se ha dado un protagonismo que no tienen y unas

promesas que no se cumplen. Se está jugando con un arma muy peligrosa, que en cualquier

momento puede explotar sin que nadie pueda evitarlo. Se está jugando a aprendiz de brujo sin

tener la menos noción de cómo volver a encadenar tas fuerzas desencadenadas.

Esta situación peligrosa, que cada año aflora en el panorama andaluz, tiene un doble objetivo:

por una parte conseguir del Gobierno incrementos anuales de los fondos destinados a financiar

los empleos comunitarios, dineros que son administrados por las autoridades locales de cada

pueblo y que los utilizan en parte para su política particular; por otro lado es un arma utilizable

para captar afiliados al SOC y restárselo a los sindicatos tradicionales dependientes de los

Partidos Socialista y Comunista.

Pero, por encima de la anécdota de cada año, de la publicidad bien montada, ¿existe o no paro

agrario en Andalucía? La respuesta no puede ser sino afirmativa. En Andalucía existe paro

agrario, existió paro agrario y existirá paro agrario; pero de una manera coyuntural, de

temporada, porque el trabajo en el campo es para unos permanente y para otros temporal, ya

que los ciclos biológicos en los que se desarrollan las labores agrarias así lo son. Y esto

sucede en Andalucía y en Castilla, en Francia y en Alemania, en Estados Unidos y en Rusia.

Tan sólo los servicios, no todos, y la industria cuyos suministros de materias primas no

dependan de la agricultura pueden ofrecer trabajo permanente a lo largo del año. Por ello, en

los países o en las zonas altamente industrializadas se buscan para las labores agrarias

trabajadores provenientes de zonas de economía basada en sectores primarios. El gran

problema andaluz reside en que no se aprovechó el momento adecuado para transformar su

estructura económica.

Para paliar la suerte de aquellos trabajadores eventuales, los que carecían de seguridad de un

trabajo diario, se establecieron dos fórmulas: una, natural, nacida de la propia esencia del

trabajo a desarrollar, y que consistía en unos salarios para este tipo de trabajos —recolección

de aceitunas, arroz, algodón, frutas, vendimia, etc.—, muy por encima del doble de lo que un

trabajador fijo percibe, con lo que se le dotaba de medios para los días sin ocupación; la otra

fórmula, más artificial, fue lo que dio en llamarse trabajos comunitarios y consistía en una

habilitación de fondos destinados a ocupar a trabajadores en paro coyuntural, y desprovistos de

seguro de desempleo, en trabajos en los pueblos de la zona rural para realizar obras que,

normalmente, no se hubieran llevado a cabo.

Con ambas fórmulas hubiera podido decirse que el paro había desaparecido en el campo si no

hubiera surgido la gran crisis que ha afectado a toda Europa, y fundamentalmente a España.

De todos los sectores económicos del país, en esta hora de crisis, el campo es el único que no

ha sufrido recesión, el único que no sólo ha mantenido sus índices de producción, sino que los

mejora año tras año, tanto en números relativos como en absolutos. Es decir, el único que

mantiene movilizados todos los medios de producción, entre ellos los de ocupación de la mano

de obra.

Lo malo es que la crisis que afecta a industrias y servicios ha creado paros muchísimo mayores

que los que pudiera haber en Andalucía, pese a los que se han derivado de la paralización de

la construcción en las zonas turísticas; y que una fuerte mayoría de los parados en zonas

industriales, los procedentes de las provincias agrarias, han vuelto a sus pueblos y aun

percibiendo el subsidio de desempleo en los lugares en los que tuvieron el último se han

apuntado (algunos los han apuntado, para poder hinchar el perro, en los empleos

comunitarios).

De esta manera, lo que en su día fue creado con carácter limitado en el número de

beneficiarios y temporal en cuanto a la duración, se ha convertido en ilimitado en número y

permanente en tiempo. Ha llegado a crear una casta aparte, la de los que prefieren ganar poco

sin trabajar —y casos de ello hay en todos los pueblos—, aunque pudieran encontrar trabajo,

pese a que no siempre es fácil. Lo malo es que, si se tiene en cuenta el crecimiento anual de

los fondos necesarios para dotar al empleo comunitario, las posibilidades financieras del país

serán insuficientes para ello y el peligro de bancarrota inminente. JOVELLANOS.

 

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