Autor: Hernández Domínguez, Abel. 
   El mitín de Vista Alegre     
 
 Informaciones.    28/03/1977.  Página: 7. Páginas: 1. Párrafos: 7. 

EL MITIN DE VISTA ALEGRE

Por Abel HERNÁNDEZ

E l profesor Tierno logró remansar la torrentera de la irracionalidad que desbordaba los tendidos. Era la

noche mágica del P.S.P. en la plaza de toros de Vista Alegre. El cronista llegó al tercer toro por culpa del

endiablado tráfico de General Ricardos y por culpa de los guardianes de las puertas. Ni con carnet de

Prensa ni con invitación especial había manera de que abrieran las verjas. «Es imposible. La plaza está

abarrotada. Lo sentimos. Mire la multitud que espera. No queda libre ni un grano de arena del ruedo. En

los tendidos puede ocurrir un accidente, porque hay miles de personas de más.»

El cronista quería asistir al primer mitin verdadero de su vida. Al lado, el dirigente socialdemócrata

profesor Lasuen, con su esposa, y el corresponsal de «Le Monde», José Antonio Novais, pretendían

inútilmente lo mismo.

Al fin logramos entrar por la puerta del patio de caballos. Era un espectáculo de noche y sonido. También

de luz. De sol y sombra para ser consecuentes con el lugar, aunque fuera noche cerrada. Allí estaban las

banderas de la izquierda. El cronista no vio ni una sola bandera nacional. Destacaba una inmensa bandera

republicana, que fue recorriendo el tendido, llevada por las manos de los asistentes, como una nube roja,

amarilla y morada. En seguida quedaba claro que junto a los socialistas del P.S.P., organizadores del acto,

y de los otros socialistas y socialdemócratas, se habían dado cita en Vista Alegre cenetistas, republicanos,

comunistas, ácratas, trotskistas, polisarios, maoistas y seguramente la mayor parte de los que se dedican a

manchar de pintadas la ciudad. Allí estaban, junto a la serena razón del socialismo razonable, encarnada

en la mesa presidencia (Tierno, Morodo, Fuejo...), muchas de las fuerzas de la irracionalidad.

A estas trato de hacer frente en su profesoral discurso de clausura, con el rojo dosel a la espalda y las

rojas banderas al lado, don Enrique Tierno, presidente del Partido Socialista Popular. El viejo profesor

apeló a la razón y, como buen táctico de la política, se mostró apaciguador, posibilista, pragmático e

integrador. Con sus palabras cuerdas logró ahogar los slogans baratos voceados hasta entonces en los

tendidos y que se repiten y repiten hasta la náusea de la razón. No es así, con presiones emocionales a los

espíritus débiles o a las almas enfermas, como se logra la revolución cultural que él propuso, ni la

transformación, paso a paso, de las estructuras socio-económicas.

«Hemos vencido al miedo», gritó el profesor Tierno, quien remarcó su radical optimismo histórico. Y era

verdad. Aquella estampa humana era la mejor prueba de que estamos tocando en España, con la

Monarquía constitucional, las riberas de la libertad. Vista Alegre era en la noche del sábado una hoguera

humana de libertad. Y los fantasmas del miedo huyen de los pueblos libres.

Con Raúl Morodo, secretario general del P.S.P. (que leyó sus cuartillas), propuso un «pacto

constitucional» y «un pacto electoral descentralizado», y defendió la unidad socialista «sin hegemonías ni

personalismos». El profesor Tierno, más que criticar el pasado y el presente (y con eso demostró su

grandeza de espíritu y su patriotismo) se acercó con sentido histórico a los umbrales del futuro. Habló

bien de los católicos, de los militares y de las otras fuerzas políticas democráticas no socialistas: centristas

y derecha civilizada. Su tercermundismo no le impidió asomarse decididamente al atlantismo y al

europeismo. Un giro importante.

El presidente del P.S.P., en aras del pragmatismo, insinuó la posibilidad de un pacto electoral, si no

entendimos mal, con otras fuerzas cercanas por la derecha, ¿O acaso existía ya el pacto antes del mitin?

Se trata de intentar una mayoría parlamentaria para hacer una constitución breve y clara para nuestro

pueblo. A uno le dio la impresión de que el viejo profesor tiene alguna razón para no entregar sin más ni

más en estos momentos, contra previsiones anteriores, el triunfo electoral a las derechas. Aunque su gran

esperanza está en las elecciones municipales. «Allí nos veremos», dijo.

Y fue generoso. «Este no es sólo un acto del P.S.P. Este es, por encima de todo, un acto de izquierdas y

pertenece a las izquierdas. Es un acto unitario.» A un hombre, cerca de la tribuna, le falló el corazón.

Miles de gargantas corearon el nombre de «Tierno», cuando empezaba a sonar por los altavoces la música

de la "Internacional."

La irracionalidad no salto a la calle, afortunadamente. Todo acabó en paz. El cronista había asistido al

primer mitin verdadero de su vida. ¿Será esto ya la democracia? ¿O es simplemente una primera

explosión multitudinaria de libertad sin miedo? Después de oir al profesor en la plaza de toros, parece que

es posible, a pesar de las viejas banderas, de los viejos resentimientos, de los viejos slogans, de las

irremediables fuerzas de la irracionalidad, de las almas enfermas y de los puños cerrados, la libertad sin

ira.

 

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