Autor: Muro de Iscar, Francisco. 
   Mi querido profesor     
 
 Arriba.    26/11/1976.  Páginas: 1. Párrafos: 8. 

MI QUERIDO PROFESOR

POR muchas razones —y han quedado escritas algunas de ellas en estas mismas páginas—

uno manifiesta de entrada su respeto por la figura del profesor Tierno Galván. El viejo santón

del socialismo español —y lo de viejo en su concepto elogioso, de veteranía, de mando— está

«donde está» y no se ha movido de ahí durante muchos años. Sus ideas, que no comparto en

muchas cosas, son, sin duda alguna, respetables. Su persona, mas aún Aproximadamente

hace un año y medio Tierno Galván me respondía así a la primera pregunta que le hice para un

libro de entrevistas: «Soy socialista marxista.» Las cosas, claras. Y así se publicó cuando no

era tan fácil decir y publicar esas cosas.

Ahora a Tierno le acaban de conceder un grupo de periodistas, en su gran mayoría jóvenes, y

no sospechosos de socialistas que uno sepa, la «Fanfarria de plata». Felicidades, profesor»

Y Tierno dijo. al agradecer el acto, que no iba a hablar de política, Habló de periodismo. El

catedrático de Salamanca y la Autónoma, dijo que en el futuro era la profesión que más riesgo

y responsabilidad iba a tener, ya que tendría que entrar a fondo en todo aquello que es carroña.

«Ha pasado el tiempo —añadió— en que el periodista era el que exigía la responsabilidad;

viene el tiempo en que vamos a exigir la responsabilidad al periodista.»

Comparto lo del riesgo y la responsabilidad. Lo ha dicho hasta la UNESCO. Van a pedirnos

responsabilidades a los periodistas. Las vainas a aceptar. Pero no vamos a dejar de pedirlas

nosotros. Por ejemplo, a la clase política española. Y si lo hiciéramos, con seriedad, aquí

podría arder Troya. A la derecha, a la izquierda y al centro podríamos empezar a pedir

cabezas, con plena Justificación. Dicen que cada país tiene el Gobierno que se merece.

España tiene hoy un Gobierno que está tratando de llevarnos hacia la democracia. Tal vez

podría decirse que cada pueblo tiene la clase política que se merece. Pero no sería justo en el

caso español.

Nuestro pueblo se merece algo mejor que lo que, en ese campo, puede recoger un inventarío

de aprendices de poli ticos, de «transformistas», de oportunistas» de hábiles trepadores. En la

ceremonia de la confusión, que forzosamente atraviesa este país, no digo yo que el primer

puesto —de la confusión— hubiera que dárselo a los políticos —sin pensar en la tendencia, sin

hablar de derechas e izquierdas, de históricos o renovados—, porque creo que no cabría

discusión. Este pueblo que va a votar dentro de unos días, lo hará dentro de unos meses para

algo más importante: para mandar a casa, para jubilar a muchos políticos de bolsillo, para

frustrar «vocaciones» millonarias hacia la política, para destrozar corazones con freno y marcha

atrás, para cargarse ilustres currículums de progobernantes y proposicionistas. Para clarificar,

en definitiva, el panorama, que falta hace.

Y ahí, querido profesor, debemos estar los periodistas. Responsables, sí, pero exigiendo

responsabilidad. No digo yo que no se nos pidan cuentas. Al revés. Tenemos que rendirlas.

Pero no sólo nosotros. No digo yo que, aquí y ahora, una buena parte de nuestra Prensa esté

contribuyendo a fomentar no la discrepancia, sino el odio —repito, a uno y otro lado—, para

que sea más difícil el entendimiento. Y que eso es grave. Aun así, insisto..., insisto,

responsables, sí, pero todos.

Estoy de acuerdo en que va a hacer falta mucha fuerza, mucha integridad y que «si nos

rendimos moralmente y hacemos la más mínima concesión, el país está rigurosamente

perdido», como dice el profesor, el viejo profesor, que «si creyera que el periodismo va a seguir

el camino del proceso de corrupción» no habría asistido al acto.

El viejo profesor hablaba a jóvenes periodistas. Yo estoy entre ellos. Yo no quiero que exista

esa corrupción. Pero ni en el periodismo, ni en la política. Haré lo imposible por lograrlo en mi

parcela. Que el viejo, admirado y querido profesor luche también contra la corrupción, contra

las mil fórmulas de la corrupción de la derecha y de la izquierda, en su parcela política.

Francisco MURO

 

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