Autor: Manzano Carmona, Juan Antonio. 
   Dos teorías ante la revolución cultural     
 
 Arriba.    30/11/1976.  Página: 6-7. Páginas: 2. Párrafos: 25. 

Víctor D´ORS

DOS TEORIAS ANTE LA

Hace unas semanas, en la inauguración de curso del Ateneo de Madrid, el profesor Tierno Galván

planteaba un problema: la revolución cultural socialista.

Desde hace muchos años, don Víctor d´Ors había aireado una bandera: la revolución cultural nacional

sindicalista.

Los lectores de ARRIBA tuvieron en su día cumplida referencia de ambas posturas. Hoy, porque se trata

de un tema que está en el ambiente, hemos recogido ambas alternativas, sin más intención que la de

ofrecérselas al lector, como elemento de juicio.

«Hace cuarenta y cinco anos, en 1931, presenté al Congreso de la FEU el nuevo plan para la enseñanza,

en el que se exponían las primeras bases de la Revolución Cultural Española. «Desde entonces, mis traba

jos y colaboraciones han sido encauzados en este sentido. Víctor d´Ors, arquitecto, intelectual y ex

director de la Escuela de Arquitectura de Madrid. Hablamos, pues de un tema, que, por su caracter

polémico y por su candente actualidad merece un puesto preferente en nuestras paginas de hoy.

SUPUESTOS Y SECTORES BÁSICOS

—Hasta ahora, el Estado, de una manera u otra, ha sido como un corsé, un caparazón, una armadura

superpuesta a la sociedad que, algunas veces, se ha conjugado bastante bien con ella. Otras, la ha

oprimido, e Incluso ha llegado a asfixiarla. Como consecuencia de esta acción se ha generado la opresión

del pueblo.

—Entonces, señor D´Ors, ¿a partir de qué supuestos básicos propugna usted esta primera fase de la

Revolución Cultural?

—Parto de tres amplios sectores. El primero consiste en articular los mecanismos necesarios para

conseguir que el Estado no sea esa armadura superpuesta a la sociedad, sino que, por el contrario»

signifique la total integración de esa sociedad a nivel superior. Este Estado es, o debe ser, a la sociedad, lo

que esta última es al pueblo. Entonces, sus órganos se integrarán en ese nivel superior del que le hablo,

constituyendo el nuevo Estado. Ahora bien, esto ha de hacerse partiendo siempre del conocimiento previo

de la realidad, para levantar las estructuras y tendencias capaces de llevar a cabo la integración social de

una manera plena y total. Esto es lo que yo hubiera querido que fuera la Falange, y mi continuo tema de

discusión con José Antonio.

En lo que respecta a la Integración social, ésta debe ser realizada a través de tres grandes canales; 1) por

el de las filiaciones; 2) por el de las profesiones; 3) por el de las aficiones, que puede llevar a los partidos

políticos. El canal de las aficiones prevé la doble profesión, ya que una afición muy importante puede

llegar a ser una nueva profesión,

FORMACIÓN HUMANA

—¿El segundo sector? —Este se ocupa de la formación humana. Parto de la necesidad de una total y

nueva formación del hombre. La situación a la que nos han conducido los me todos formativos y de

enseñanza pasados han producido un hombre desformado, desgraciado y angustiado, a causa de un

cultivo casi exclusivo de la razón. Se ha despotenciado la intuición y los niveles de creación. El

sentimiento ha quedado torcido por ese culto nacionalista, generando la infelicidad en los Individuos al no

poder desarrollar todas sus posibilidades especificas como persona, y genéricas como hombre. Este

segundo sector de la Revolución Cultural, sin olvidar la razón, propugna, como primera consecuencia, el

cultivo de los sentimientos y la potenciación de la capacidad intuitiva del ser humano, haciendo una

constante de toda la vida la formación del individuo. Es lo que sé llama la «educación permanente».

—Bien, vayamos a la realidad. Empecemos por la sociedad española...

—La sociedad española es una sociedad anémica, emparedada entre un hombre fuerte y un Estado fuer te.

Por esta razón no ha podido desarrollarse al compás de sus necesidades. Es una sociedad inerme, donde la

única floración importante ha sido la aparición de clubs de fútbol y de bancos. A partir de ahora, y en lo

sucesivo, la sociedad futura va a estar protagonizada por el trabajo. Por lo tanto, deberá ser, forzosamente,

de talante sindicalista, no entendiendo éste como un nacional-sindicalismo, desfasa d o ya en los tiempos

actuales. Hoy caminamos irremediablemente hacía un sindicato mundial, ante el hecho de que las

diversas internacionales sindicales trabajan por la unificación, por encima de fronteras y de partidos

politicos. He aquí al protagonismo que me refiero, Por eso, en la base de la revolución, como

transformación total de la sociedad, está la reforma de la empresa, considerando que cualquier órgano

social es, de alguna forma, una empresa comunitaria, en la que se termina todo clasismo diferenciador de

base; a) con un mayor ámbito de responsabilidades; b) valorando la peligrosidad del trabajo; c)

apreciando la entrega y la perfección en el trabajo, la obra bien hecha. (Estos serían los factores

correctivos de una igualación total a los diferentes niveles de formación y actuación profesional.)

ENSEÑANZA ESTADO Y SELECTIVIDAD

—Señor D´Ors, pero hasta ahora no hemos hablado de una serie de elementos concretos de cara a la

promoción popular, la enseñanza, la selectividad..., la gratuidad de los medios didácticos...

—Bueno, partiendo de la base de que todo el mundo tiene el mismo derecho a poder desarrollar su

aprendizaje y sus facultades, y que todos los ciudadanos tenemos los mismos derechos y oportunidades, el

Estado tiene; a) lo obligación de ayudar a todo aquel que demuestre conocimientos suficientes y aptitudes

para poder continuar enseñanzas de un curso determinado; b) el individuo debe aprovecharse de esta

situación, demostrando con su trabajo que lo merece, y no defraudando a la sociedad y al pueblo español,

que es quien, en definitiva, aporta el dinero para que estudie; c) la enseñanza no debe de focalizarse todo

en la especialización, ya que, a medida que aumentan los especialistas se hace necesaria la aparición de

los generalistas. (Así y todo, en España urge lo formación de verdaderos especialistas.) Nosotros no

tenemos ni suficientes especialistas, ni esa pequeña cantidad de completos generalistas. La selectividad

debe llevarse de una forma tal que todo el mundo pueda optar libremente o estudiar lo que

realmente quiera. El Estado protegerá en la enseñanza a los que demuestren un nivel de conocimientos

suficientes para poder aprovechar los canales de lo que inmediatamente desea estudiar. En este sentido, la

selectividad es positiva y debe ser un apoyo y una protección para el que lo merece, no es, en ningún

caso, una prohibición restrictiva El niño de «papá» que no aprovecha los estudios por no poseer o por no

querer demostrar sus condiciones de trabajador como estudiante, deberá cargar con los gastos totales del

muchacho que carece de recursos y que, sin embargo, demuestra condición y talla de estudiante.

—¿De qué manera quedarían encuadrados los respectivos niveles de enseñanza?

—Opino que el primer nivel, la enseñanza primaria» deberá ser predominantemente lúdica. El niño de esa

edad debe aprender jugando; la enseñanza secundaria deberá ser, primordial mente dogmática, la

enseñanza universitaria, en último caso, tendrá que ser problemática e investigadora. Una Universidad

que no investiga, no sirve para nada.

OPINIÓN DE TURNO GALVAN

El profesor Enrique Tierno Galván pronunció en el pasado mes de octubre la lección inaugural del Ateneo

Madrileño, sobre el tema «Revolución Cultural». Para él, esta revolución parte de dos niveles. Uno,

primero. de concepción del mundo, desde el que se iluminan los elementos concretos, y el segundo. que

es donde se producen estos hechos. Hoy tratamos de que el profesor Tierno nos hable algo más

concretamente sobre el asunto.

—Profesor, ¿qué es, qué debe ser la Revolución Cultural?

—En principio, no creo que se pueda llamar revolución cultural a una revolución administrativa, o a una

nueva disposición de las estructuras docentes. Esta es una transformación en los medios, en los

instrumentos, El concepto «revolución cultural» es más profundo, y atañe al problema del significado de

la persona humana, en cuanto creador de cultura, y receptor pasivo de la misma. Tiene usted que

distinguir que no estoy hablando de transformación de los instrumentos, a lo que yo no llamo revolución

cultural, sino transformación de las estructuras docentes y su conexión con las demás estructuras sociales.

—¿De qué supuestos básicos parte usted para llevar a cabo esta revolución?

LA DIFERENCIA SOCIAL

—Hay que partir de un principio supuesto, a saber; que las diferencias cualitativas intelectuales entre

persona y persona son mínimas. Las diferencias proceden de la educación, conversión del temperamento

en carácter y de la propia objetividad cultura! a la que se pertenece, y por lo que, en principio, habría que

buscar una educación y un entrenamiento similares, que evitarían el hecho de «los más capaces, más

dotados», al menos en sus dimensiones estadísticas valiosas. Esto exige una transformación de las

estructuras docentes, como primer paso, y, a la vez, llevar desde todos los medios de comunicación de

masas al ciudadano el con vencimiento de que la pretendida Inferioridad intelectual procede de la

diferencia social. El hombre no está fundamentalmente predestinada por la biología, sino por la sociedad,

al menos por la capitalista. Junto con el cambio de estas estructuras docentes, habría que convertir a los

partidos políticos y a los sindicatos en centros de promoción activa de la revolución cultural. Ya lo son

hasta cierto punto, pero tendrían que serlo de un modo pleno. Ningún partido ni sindicato cumplen

enteramente con su misión, si no denuncian la cultura dañosa para el hombre. Desde mi punto de vista,

una revolución cultural supone un cambio en la tabla de valores y una transformación del mundo. Y esto

no lo logran sólo los individuos, las asociaciones y grupos no estatales, sino que hay que hacerla también

desde el Esta do. No solamente a través del sistema docente concreto, es decir, las estructuras de la

enseñanza, sino a través de los medios de comunicación de masas, que tendrían que dedicar, al menos, un

cincuenta por ciento de su actividad a transformar las relaciones del hombre con el medio cultural,

preparándole para que cree y acepte otro.

NUEVOS MODELOS

—Pero esto ¿cómo se podría lograr? ¿Cambiando los medios?

—Habría que sustituir una gran parte del anuncio comercial y de las conferencias sobre lugares comunes

reiterados y muchos de los tópicos de las artes plásticas, por nuevas imágenes y modelos que permitiesen

al ciudadano participar en la creación de un nuevo medio. Por ahora podemos decir que un medio más

justo y más adecuado a la idea del hombre, como un ser que se perfecciona históricamente, en el sentido

del progreso, hacia el concepto de la libertad plena. No quiero entrar en la demostración de cómo esto

sólo se puede conseguir desde una concepción socialista del mundo, pero creo conveniente confesar que,

todo lo que no parta de este supuesto, me parece un remiendo que no lleva a ningún sitio,

REVOLUCIÓN CULTURAL Y TRABAJO

—¿Cree usted, profesor Tierno, que la Revolución Cultural puede hacerse a través del trabjo?

—No es que lo crea, es que la revolución cultural ha de llevarse a cabo a través del trabajo y desde la

conversión del ser humano, del trabajador que gana para consumir cultura —entre otras cosas—, en un

trabajador cuya actividad es un proceso cultural que le satisface y libera, A eso tendemos cuando

hablamos de la educación permanente, para que el propio trabajo resulte educador. Aunque la educación

en el sistema capitalista se resuelva en crítica del sistema, la concepción pequeño burguesa de la

revolución cultural parte siempre de un modo u otro, de la idea de una sociedad clasista. La concepción

más justa y más humana debe partir del supuesto de que la revolución cultural va contra las clases

sociales. Hoy, cuanto más culto es un hombre más penetra en la clase dirigente. Si la revolución cultural

triunfa, la mayor cultura supondrá, simplemente, una dimensión funcional, que no tendrá que estar

vinculada por necesidad a la idea de superioridad social. Todo esto es muy complejo y requeriría hablar

de la Universidad y de la enseñanza primaria y secundaria, del título y del propio titulado pero son temas

en los que no entraremos por falta de tiempo.

LA SELECTIVIDAD

—Revolución cultural y selectividad...

—No acabo de entender la selectividad como un medio para disminuir el número de los que estudian, ni

siquiera como un medio para elegir a los más capaces. En la situación de España, hoy, habría que orientar

la selectividad por las vocaciones, y esto no se puede hacer sino después de dos o tres años de prueba.

Cuando el individuo sabe realmente lo que quiere, hay que ayudarle en su educación para que elija

explícitamente y sin el fetichismo del título, que, al fin y al cabo, es una modalidad de fetichismo de la

mercan cía A todo esto, sólo quiero añadirle que las palabras no resuelven los problemas Clasificar la

realidad por el lenguaje no es ni entender la realidad ni transformarla. O se produce un cambio político

que implique transformaciones muy profundas en en orden social y económico, o la Revolución Cultural

será, una vez más, el capítulo de un cuento de hadas.

Juan MANZANO

Martes 30 noviembre 1976

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