Autor: Capdepont, Margarita. 
 Andalucía: Rafael Escuredo, hambre por una región hambrienta. 
 «En politica se puede exagerar, pero no engañar»     
 
 Blanco y Negro.    13/02/1980.  Página: 22. Páginas: 1. Párrafos: 8. 

Andalucía: Rafael Escuredo, hambre por una región hambrienta

«EN POLÍTICA SE PUEDE EXAGERAR, PERO NO ENGAÑAR»

Ya he dicho que no quería ser testigo mudo de discriminación al pueblo andaluz», explicaba

Rafael Escurado, presidente de la Junta, en esta vorágine autonómica que ha supuesto para

Andalucía la última semana.

Su gesto simbólico, setenta y dos horas de inanición, de un hambre muy andaluza, como

irónicamente dijeron los vecinos de Marinaleda, ese pueblo sevillano donde niños, mujeres,

ancianos y jornaleros acompañaron el hambre del presidente y de sus colaboradores "porque

por unos días más de hambre —apostillaron— no nos pasará nada; ya estamos

acostumbrados", ha tenido comentario para todos los gustos. Desde quienes lo calificaron de

«dieta de fin de semana» hasta aquellos otros que comprendieron el acorralamiento contra reloj

que sufre la decisión de no variar el ritmo autonómico que hace casi ocho meses reafirmaron

las corporaciones andaluzas.

"Esto es una provocación que nos sume en una peligrosa situación de impotencia, y no quiero

insistir ahora en el agravio comparativo respecto a otros referendums porque

fundamentalmente de lo que se trata es de un desprecio incalificable del Gobierno hacia

Andalucía y hacia la Junta que la representa". Criticaba así Rafael Escuredo la decepcionante

entrevista que mantuviera con Antonio Fontán, el ministro designado como portavoz

gubernamental para «perfilar detalles» de la consulta autonómica, el que de allí no hubiera

salido más que «un vuelva usted mañana», que a menos de una semana de comenzar la

campaña oficial no se supiera nada de los dineros, de la publicidad en la televisión y, para mas

enfado, no se le fuera de la cabeza ese texto casi rocambolesco de la pregunta a la que

tendrán que responder los andaluces si 28 de febrero, donde no aparece ni el concepto

autonomía ni la palabra Andalucía. Al fin y al cabo, las claves de todo este asunto.

Quien más, quien menos, y casi siempre desde Despeña-perros para arriba, está criticando,

cuando no riéndose alegremente de «los apuritos y las penas» que en estas horas están

atravesando los andaluces y su presidente. Pero a Escuredo parece que ya le ha pasado el

momento de la política de salón, del digo, pero no digo y otras cosas semejantes, y arranca

decididamente por las claras: "Al pueblo hay que explicarle con realismo e incluso con dureza

las dificultades para que reaccione cuando la situación es grave».

Y mire usted, tal vez los politólogos no han caído en esto, en algo que señaló Felipe González

cuando vino a abrazar al Presidente andaluz después de recuperarse de su neumonía: "Dicen

que el referéndum está perdido, pero olvidan la sensibilidad y la psicología de los andaluces".

También Escuredo pondría su nota en este sentido: "Falta credibilidad en los políticos y

no es el momento de las grandes declaraciones que se pierden en el tiempo; yo he hecho este

gesto reflexionando sobre las salidas que tenía porque sé que este pueblo es muy sensible a

los gestos y comprende la justa dimensión que hay que darle».

Tal vez, Escuredo tenga razón en lo que piensa porque en estos últimos días las solidaridades

han llegado de muchas partes: desde casi setenta Ayuntamientos que también pasaron hambre

y las cien que se adhirieron desde los miles de telegramas y firmas, desde intelectuales

pasando por políticos de diferentes tendencias hasta adhesiones populares y ciudadanas, y,

sobre todo, la también acogida postura de los obispos del sur, que conectaron con prudencia y

visión con las aspiraciones que laten en el fondo de este polémico asunto, solidaridades

también de pueblos ya autonómicos. Reventos y Benet, por los catalanes, y Garaicoechea, por

los vascos, asimismo, mostraron su apoyo para el futuro andaluz.

Réplicas y contrarréplicas, idas y venidas a Madrid, entrevistas con ministros, situación en

conjunto que el presidente Escuredo definiría así: -Parece que esto se mueva en una órbita

casi irreal; yo no creí nunca que el Gobierno y UCD llegaran tan lejos en este punto. Se está

jugando con descaro, se dice que está sobre la mesa un frente popular y se promete lo que la

Constitución no dice. En política se puede exagerar, pero no engañar".

Ahora, cuando la campaña oficial ya ha empezado —millones arriba, millones abajo—, cuando

el lema de «Andalucía nuestra» habla por sí solo, cuando todavía hay quienes quieren tirar

para un lado y para otro, ya no queda más que empeñarse en estos quince únicos días en los

que se podrá hablar de lo que hay en cada platillo de la balanza, tragando kilómetros de tierra

andaluza por sus malas carreteras, explicando lo que es la esperanza, el 29 de febrero no deja

de ser para Rafael Escuredo el «día siguiente»: "Ese dia celebraremos en la Junta de

Andalucía el éxito del referéndum, la victoria del pueblo andaluz». No quiere ni nombrar ni

pensar la palabra fracaso, porque dice: "En política no hay situaciones irreversibles y cada

momento es un momento de reflexión».

Margarita Capdepont Foto: Deben

 

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