Autor: Tierno Galván, Enrique. 
   La recuperación económica y el pacto nacional     
 
 Informaciones.    09/10/1976.  Página: 1-2. Páginas: 2. Párrafos: 10. 

Don Enrique Tierno Galván analiza, en el articulo que publicamos a continuación, el momento crítico del

país. Dando muestras de serenidad en el juicio y realismo político, el profesor Tierno incide en los

peligrosos efectos que la crisis económica puede ejercer sobre la coyuntura política. El presidente del

P.S.P. intento aportar su punto de vista para la clarificación del actual horizonte político español.

LA RECUPERACION ECONOMICA Y EL PACTO NACIONAL

Por Enrique TIERNO GALVAN

UNA fábula muy conocida, que me parece que aún hoy se repite transmitida por tradición oral más que de

otro modo, cuenta que unos conejos que escapaban a todo correr de unos perros se enzarzaron a discutir

acerca de si sus perseguidores eran galgos o podendos, y empeñados en esta disputa perdieron tiempo y

los perros dieron con ellos y allí acabó su vida.

En términos generales, la moraleja obvia de la fábula puede aplicarse en algo, si no es bastante, a los

españoles de hoy. No a unos ni a otros, sino a todos los españoles. Andamos metidos en rencillas,

discusiones, personalismos y defendiendo privilegios mientras el tiempo corre y la situación se agrava en

tales términos que de seguir así es probable que no haya que esperar mucho para que no se vea por ningún

sitio salida razonable del despeñadero en el que estamos a punto de caer. Soy optimista por principio, y he

pedido siempre optimismo cuando de política se trata, pero hay ocasiones en que dejarse arrastrar por el

optimismo es caer en la estupidez panglosiana de negarse a ver la catástrofe cuando esta a dos pasos de

nosotros o comenzamos a sentir sus primeros efectos. No es cuestión de que nadie discuta más si son

podencos o son galgos, hay que salvar e1 barco nacional, que sufre las dos peores averías: por una parte,

1a economica, y por otra, 1a política, y de tal manera están engarzadas una con la otra que resulta difícil

determinar a cuál se ha de atender primero. Es un momento grave y no es mi intención ponerme

teatralmente solemne, pero si quiero subrayar que este es uno de los momentos peores por los que ha

pasado España desde hace mucho tiempo.

No es una guerra, pero hay mucha tensión psíquica que en algunas zonas del pais se traduce en

incapacidad para la convivencia normal, y en otras, en desgana y abandono de cualquier entusiasmo

creador. No estamos en guerra, pero podemos llegar a una economía casi de guerra, muy difícil de tolerar

en un pueblo que ha saltado bruscamente del subdesarrollo a una etapa avanzaba del comienzo del

desarrollo.

En resumen, la situación es tal que hay que poner entre parentesis privilegios y personalismos, rencores e

incluso ciertas posiciones políticas que derivan directamente de concepcíones ideológicas progresivas,

siempre que no naya que romper o mermar la propia ideología en cuanto tal.

La única manera de salir de esta situación, que, repito, transcurrido un año puede llegar a ser

económicamente insoportable y políticamente caótica, es intentar con sentido comun y generosidad, la

mucha que se requiere en estos casos, resolver entre todos la situación política y económica

paralelamente, ya que, como hemos dicho, tanto se entremezclan y condicionan.

Ha llegado el momento de dar un aldabonazo en la conciencia nacional y de que los españoles

comprendamos que nos movemos sobre arenas movedizas que pueden tragamos en cualquier momento.

No es con la represión ni con los atentados como se va a resolver el problema, sino con la calma, una

respuesta equitativa y razonable y un modelo económico que sirva, aunque imponga muchos sacrificios,

para sacar la economía española de la desastrosa situación en que está, lo que estoy pidiendo a los demás,

y me pido a mí mismo, es pasar a lo concreto. Se entiende que a lo concreto creador y no destructor. Ya

está bien de discutir en abstracto, de proponer y no hacer, de que e1 Gobierno camine por su

lado y la oposición por el suyo, prometiendo unos y otros entenderse, pero sin que el entendimiento negue

nunca.

No creo que el Gobierno sea capaz y lo digo con pena, de salir por si solo de la situación actual, y no tiene

derecho alguno para rechazar la participación de la oposición en la solución de los problemas que nos

aflijen. La oposición tiene una excepcional fuerza en Europa, capacidad de persuasión sobre la masa,

integridad, y todo esto hay que aprovecharlo, pero aprovecharlo no para decir que se nace o tranquilizar

politicamente a la opinión, porque ahora eso no basta. Hay que aprovechar toda la capacidad política del

Poder y de fuera del Poder para sanear al país, para construir y cumplir un modelo económico suficiente

para que cuanto antes la democracia sea un hecho, sin andarse coa contemplaciones ni concesiones a

quienes a fuer de repetir la palabra patriotismo se han olvidado de su contenido.

Hablo de un modelo económico de austeridad rigurosa y tajante para todos, porque mucho temo que siga

la política de dejar que la cuerda se rompa por lo más flojo y sean los más necesitados o los menos

resistentes los que carguen con tal peso de pequeñas reformas, que en el fondo solo sirven para

incrementar el desasosiego y hacer más dura la lucha de clases.

Me he referido a la democracia porque creo que es el único modelo político razonable ahora, lo mismo

que creo que un modelo económico de la máxima austeridad en el que empiecen por dar ejemplo los que

más tienen, es también el único modelo aceptable ahora.

Reuniendo ambas cosas se podría dar al país lo que le falta; confianza. Hemos llegado a tal extremo que

el ciudadano medio no confia en nada y se está extendiendo como un tentáculo más del inmenso pulpo de

corrupción que nos destruye, la idea de «sálvase quien pueda» o «después de mi, el diluvio». Hay que dar

confianza económica y política al país para salir de la situación actual y para esto es necesario un pacto

nacional. Es cierto que este pacto nacional supone romper con muchas cosas, pero las circunstancias lo

exigen y quienes se han beneficiado del pasado han de resignarse a perder esta condición para el presente

y para el futuro. En España, un pacto social no resolveria nada. Es menester un pacto nacional político y

económico en el que entren las fuerzas políticas y sociales, pero no para simplemente obedecer, sino para

construir esos modelos a los que antes aludía. Sí asi no se hace, mucho me temo que el podenco o galgo

del caos político y el desastre económico casi acabe con España y, por consiguiente, con los pueblos de

España si seguirnos discutiendo si son podencos o. son galgos.

 

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