Autor: Preciado, Nativel. 
 Alejandro Rojas Marcos:. 
 «Pactaría con el diablo para salvar Andalucía»     
 
 Interviú.     Páginas: 3. Párrafos: 67. 

ALEJANDRO ROJAS MARCOS:

«Pactaría con el diablo para salvar Andalucía>>

«Cuanto más poder tienen los andaluces en Madrid, menos poder tiene Andalucía en España»

Por NATIVEL PRECIADO / Fotos: ANTONIO CATALÁN

Aquí está Alejandro Rojas-Marcos, furioso con el centralismo de Madrid, responsable del hambre de

Andalucía. Y así, con lenguaje encendido y pasional, el secretario general del PSA asegura que pactará

con el mismísimo diablo para alcanzar la autonomía que no llega. «Iría hasta el fin del mundo» para

acabar con la frustración política y la crispación económica de ese pueblo que en Navidades tendrá medio

millón de parados. ¿Quién podrá contenerlos? Marinaleda ha sido el primer aviso, controlado y pacífico,

de lo que puede ser el polvorín andaluz si el Gobierno sigue provocando con su miopía. Y en medio del

barril de dinamita, Rojas-Marcos se pelea a diestra y siniestra. «La única alternativa es el PSA -dice-; lo

de Clavero es ambición personal y el resto, un descarado centralismo». Aún le queda tiempo para llamar

«pobre hombre» a Alfonso Guerra, su tenaz enemigo.

—¿Tiene miedo a una hipotética reforma agraria, como dice Alfonso Guerra?

—Guerra dice que yo debería ocuparme de que no me aplicaran la ley de fincas mejorables. Y yo le digo

que le regalo todas las fincas que me encuentre: una por una.

—¿De verdad que no tiene usted cortijos en Andalucía?

—Alfonso Guerra sabe, como todo el mundo, que yo no tengo patrimonio personal alguno. Decir cosas

como esa es un asunto grave, pero ya estamos acostumbrados a su estilo de insultos y calumnias. Guerra

es de esos hombres a quienes no le importa actuar en política pisoteando el honor de las personas.

— ¿Cómo se explica que arremeta siempre contra usted? ¿Es una cuestión de lucha de clases, de que

usted sea un andaluz rico y él un andaluz pobre?

—Psicológicamente, él es pobre y yo soy rico. ¿Eso es lo que me quiere decir?

— Por supuesto que no. Digo que si existe alguna razón psicológica, que no política, para que anden

siempre a la gresca.

—Muy pobre tiene que ser psicológicamente una persona que actúa en política a base de insulto va,

insulto viene. Guerra tiene un exceso de bilis y eso puede tener una explicación psicosomática. Insisto:

psicológicamente es un pobre hombre, pero detrás de todo esto, hay también una interpretación política.

— Usted también les fustiga cuando tiene la menor oportunidad.

—Yo no insulto, hago simplemente críticas políticas que me parecen correctas. Lo que pasa es que el

PSOE sabe que en Cataluña y en el País Vasco las opciones nacionalistas han sustituido al partido

burgués centrista. Convergencia y el PNV han desplazado a la opción de la burguesía de la derecha que

era la UCD. Lo mismo va a pasar en Andalucía a corto plazo. Y Guerra lo sabe, porque tiene sondeos en

sus manos, donde aparece el Partido Andaluz acaparando en la izquierda la hegemonía que hoy tiene el

PSOE.

—¿Y usted se siente a la izquierda del PSOE?

—Nuestro espacio político coincide sustancialmente con el del PSOE, es decir, que por la izquierda

disputamos electores al Partido Comunista y por la derecha a la UCD.

—Ha borrado al PSOE de un plumazo.

-No, no lo pretendo. El PSOE existirá, porque siempre habrá quienes crean conveniente un partido

centralista, de izquierda y socialista en Andalucía. Pero la hegemonía será nuestra y ellos lo saben.

— ¿Y no cree que Suárez habrá considerado una traición su voto junto al de los socialistas, a favor de la

moción de censura?

—De ningún modo, porque Suárez sabe muy bien que el PSA es un partido de izquierda. Se lo

demostramos a los poquitos días de votar la investidura con aquel pacto que usted recordará.

—Sí, el voto de investidura a cambio de asegurar el grupo parlamentario andalucista.

—Pues bien, hicimos un pacto electoral con el bloque socialista y comunista para las elecciones

municipales. Eso fue al poco tiempo de la investidura. No, no hay equívocos. Suárez sabe lo que somos.

No se ha producido ningún tipo de entendimiento al margen de aquel que hicimos público. Nuestra

independencia quedó demostrada cuando le dimos a las izquierdas nada menos que seis alcaldías de

capitales de provincias andaluzas. Se dice pronto. Si hubiéramos querido pactar con la UCD nos hubiera

sido muy fácil y muy remunerador.

—¿Remunerador?

—Políticamente hablando, digo.

—¿Y el PSA tendría ahora está presencia, a partir de las elecciones del 79, sin la ayuda de la UCD?

—Nosotros nacimos en el año 65 y desde entonces hemos sabido mantenernos en pie. La UCD ni existía

por entonces. Y hemos ganado terreno gracias a que supimos encajar la derrota de las elecciones del 77,

cosa que no supieron hacer otros partidos. Sin ir más lejos, tos socialistas catalanes (PSC) no supieron

encajarla y fueron absorbidos por el PSOE. Cuando hablábamos de un nacionalismo, de clases populares,

de liberación del pueblo andaluz y del partido de la soberanía andaluza, nos lo creíamos. Perdimos en el

77 y esperamos al 79. Y si hubiéramos tenido medios económicos, tendríamos ahora quince o veinte

diputados. Pero no había un duro para hacer campaña electoral.

— ¿Es cierto eso que dice Alfonso Osorio, que Suárez intentó pactar con catalanes y vascos y Alejandro

Rojas Marcos?

—El conoce a Suárez mejor que yo. Desde luego, que yo sepa, Suárez no ha intentado pactar nada

conmigo. Yo sólo tengo una cosa que pactar con Suárez o con el mismísimo diablo: la autonomía plena

para Andalucía, en igualdad con Cataluña y el País Vasco. Buscando esa autonomía he ido este verano a

entrevistarme con Pujol en Cataluña y con Garaícoetxea en el País Vasco. Iría al fin del mundo si hiciera

falta.

—¿El caso es que no ha hablado con Suárez últimamente?

—No, hace mucho tiempo que no le veo. Con respecto a ese pacto con los nacionalistas vascos y

catalanes, debo decir que el PSA lo aplaudiría. Valoramos positivamente que se cree una mayoría

parlamentaria ideológicamente homogénea. El hecho de que haya esos nacionalistas en el Gobierno nos

hace pensar que podrá llegar a comprender mejor el problema de la autonomía andaluza. En definitiva,

eso es lo único que nos interesa.

—¿Cree usted que un Gobierno central socialista daría más juego al PSA que el actual de la UCD?

-Si ahora mismo estuviera el PSOE en lugar de la UCD, apoyaríamos al PSOE para consolidar su mayoría

parlamentaria y le pediríamos entrar en el Gobierno. Nosotros, en estos momentos, somos la oposición

frente a UCD, por ser un partido de izquierda.

—Parece cierto eso que ha dicho antes de que estaría dispuesto a pactar hasta con el diablo.

—Bueno, tampoco nos creemos que el PSOE sea el diablo, a pesar de nuestras divergencias.

—¿Qué le parece la última encuesta de ICSA-Gallup? Da mucho juego político al ex ministro Clavero

Arévalo, su maestro.

—En primer lugar, no fue mi maestro, sino mi profesor, bueno, algo más que eso, mi defensor ante el

Tribunal de Orden Público. Esa encuesta está manipulada y tergiversada. Posee tan pequeño número de

muestras que el margen de error es muy grande. Así que todo lo que dice no me parece muy fiable. El

PSA tiene encargada una encuesta en Andalucía con unas dos mil y pico de encuestas, que es lo único que

puede ofrecer ciertas garantías.

—¿Por qué habrá tal cantidad de andaluces en la clase política española? ¿Se les da bien este oficio en el

que parece tan importante la palabrería?

—Hay una frase famosa que dice: cuanto más poder tienen los andaluces en Madrid, menos poder tiene

Andalucía en España. Y es verdad. Andalucía es tierra de emigración. Hay quien emigra por hambre, pero

se da también mucho el que emigra para medrar, o mejor dicho, para promocionarse, que no quiero ser

peyorativo. El andaluz, cuando llega a Madrid, generalmente, se olvida de Andalucía. Lo más curioso es

que la ponencia constitucional estaba llena de andaluces: Antonio Jiménez Blanco, Pérez Llorca, Alfonso

Guerra... Repito lo que dije durante el debate del voto de censura. Suárez, al frente de las autonomía, nos

pone a un andaluz tras otro: Clavero, Fontán, Pérez-Llorca. Es una prueba evidente de que a Andalucía,

desde luego, no la van a salvar los andaluces de Madrid, sino los que se han quedado o los que salieron

obligados, pero siguen siendo conscientes de las necesidades de su pueblo.

—¿Sería capaz de hacer demagogia si con ello consiguiera más votos, mas poder?

—Por demagogia entiendo la mentira y la falsedad. No, yo no estoy dispuesto a hacer demagogia para

conseguir más votos. Además, no interesa, porque eso al final se paga. La demagogia no es rentable en

política.

—¿Está seguro de que no es rentable?

—Totalmente seguro. En política, a mi entender, lo más importante es la credibilidad y la creatividad.

—¿Un político hábil no convence de lo que quiera?

—En absoluto, yo no soy de los que creen eso. El pueblo andaluz, por ejemplo, ha dado pruebas

increíbles de que eso no es así. No se puede infravalorar al pueblo.

— ¿Quién está sacando mayor tajada de las autonomías, el pueblo o los políticos?

—Puedo hablar tan sólo de lo que conozco, que es la autonomía andaluza. Desde luego, en nuestro caso,

el de la autonomía andaluza, es un poco el resultado de eso que prepararon con el consenso constitucional

y que han permitido los partidos centralistas. Presumen de autonomía, pero esto ha sido una engañifa. La

autonomía sólo ha llegado a cotas importantes para el pueblo catalán, aunque no estén plenamente

satisfechos. Para los demás, el Estado autonómico no existe. La gran quiebra de esa ficción de Estado

autonómico, que nos presentaron los autores de la Constitución, ha sido el 28 de febrero en Andalucía. Y

este problema habrá que resolverlo inmediatamente, en este mes de septiembre.

—¿Y quién puede arreglarlo?

—La derecha es responsable del paro, el hambre y la miseria de Andalucía, porque ha sido la clase

dominante, la que ha gobernado. Eso es lo que hay. La opción liberadora de Andalucía tiene que venir

desde la izquierda; una izquierda pacífica, democrática y que tenga en su seno desde sectores radicales

hasta los más moderados. Eso es lo que nosotros pretendemos. Tiene que venir de las clases populares,

que no sólo son obreros o jornaleros, sino también esas capas cuyos intereses coinciden con los del

pequeño y mediano empresario.

—¿Andalucía es un pueblo politizado?

—Es un pueblo sabio en política, algo mucho más serio que politizado.

—¿La huelga de hambre del pueblo de Marinaleda es un ejemplo de lo que puede ser el estallido del

pueblo andaluz?

—Marinaleda es el ejemplo de la unidad de un pueblo que está cansado de palabras y quiere hechos. Se

ha rebelado ante la actitud indignante del Gobierno, que este año les da menos dinero para el empleo

comunitario que el año pasado. Eso, realmente, es una provocación.

— Es cierto que parecen cansados de palabras; de palabras y de política. Ningún partido, ni de derechas

ni de izquierda, ni centralista ni andalucista, ha protagonizado los sucesos de Marinaleda.

—En efecto. Debemos reconocer que Marinaleda ha surgido espontáneamente, al margen de los partidos.

Desde el Partido Andaluz tengo que hacer una autocrítica, que llegamos allí con retraso. También puedo

decir con orgullo que sólo el PSA, y ningún partido centralista, buscamos una salida gestionando una

entrevista con el Gobierno. Y lo hicimos sólo en beneficio de encontrar una salida pacífica, porque estas

situaciones pueden acabar fácilmente en violencia.

—En Navidades, probablemente, habrá medio millón de parados sólo en Andalucía, ¿quién los va a

contener?

—Para esa fecha debemos conseguir que le den una solución política a Andalucía. El tema autonómico va

a suponer poder, que tendremos que emplear para resolver el problema del paro. Sólo lo podremos

resolver desde Andalucía, por eso, lo más ur gente en el Parlamento es la autonomía andaluza.

—¿Ese poder, según usted, no pasa por la Junta de Andalucía, con la que está en una guerra continua?

—Estamos dentro de la Junta, es más, somos el partido que más importancia da a la Junta de Andalucía.

Nosotros aspiramos a gobernar al pueblo andaluz y eso hay que hacerlo desde la Junta. Para tos demás

partidos, su aspiración es gobernar España y con ellos, y por ese motivo, hemos tenido conflictos. De los

cuatro partidos que están en la Junta, tres son centralistas, es natural, por tanto, que haya conflictos entre

ellos y nosotros, aunque seamos la minoría.

—Su papel es de manzana de la discordia.

—En efecto, y estamos muy orgullosos de que así sea, porque hasta ahora ha sido rentable para el pueblo

andaluz. Fuimos los primeros que hablamos de autonomía, sacamos la bandera andaluza, homenajeamos

a Blas Infante, denunciamos la Ley Orgánica de Referéndum, pedimos el decreto-ley... Cada vez que

hacemos una cosa los primeros, nos convertimos en manzana de la discordia, pero estamos satisfechos de

serlo, porque esas son las reglas del juego.

—Es usted de un optimismo arrollador.

—Sí, estoy seguro de que la única alternativa andalucista es el PSA-Partido Andaluz. El de Clavero es el

amago de una ambición personal y el resto son partidos centralistas.

— Piensa usted llegar muy lejos...

—Estoy muy bien donde estoy. La política tiene varias vertientes. Yo a los políticos les haría con

frecuencia chequeos físicos y psíquicos. Estamos tan proyectados hacia fuera, que nos vamos quemando

por dentro. Y eso es grave para el pueblo que espera algo más de nosotros. Es bueno que nos vayamos de

vacaciones del poder. Yo me quedo con la proyección popular de la política. Necesitamos regenerarnos

continuamente, porque si no acabamos esclerotizados.

—Hasta el momento, los países árabes son los que más juego han dado al PSA, ¿qué espera usted de

ellos?

—Esas cosas me dan una risa tremenda. En tiempos de la clandestinidad, decían de nosotros que éramos

un submarino del PCE. Después, lo fuimos de la UCD. Un día nos da un talón Suárez, otro día nos lo da

Gadafi y, ahora Jomeini... No es dinero lo que queremos. Los países árabes son para los andaluces

ochocientos años de historia en común. El PSA es un partido nacionalista y como tal tenemos que

reivindicar todo lo andaluz. La historia y la cultura de Andalucía han formado parte del mundo árabe y

queremos buscar nuestras raíces. Por otra parte, nuestro pueblo tiene una situación geopolítica muy

importante, que puede prestar un gran servicio a Europa. Podemos hacer de puente en las relaciones con

el mundo árabe. Nadie como Andalucía puede representar ese papel.

—Ese ha sido uno de los intentos del Gobierno español.

—No, en absoluto. La política del Gobierno con el mundo árabe ha sido pésima, absolutamente negativa.

Y lo mismo sucede con la oposición, aunque ya van aprendiendo algo y signen nuestros pasos. Ahora, los

que tanto nos criticaban cuando yo fui a ver a Jomeini, se van de viaje por esos mismos países. El pueblo

andaluz debe tener relaciones excepcionales con los países del tercer mundo y, sobre todo, con los árabes.

Esta riqueza no se puede perder.

—Terminamos con el asunto más inmediato. ¿Cree que Suárez podrá pactar con las minorías

nacionalistas?

—A mí eso de Suárez sí, Suárez no... La margarita que cada día uno de la ejecutiva del PSOE deshoja, me

trae sin cuidado. Yo en eso no entro. Suárez es la punta de un partido que representa los intereses de la

derecha en España. Si la UCD quiere, que lo quite; y si quiere mantenerlo, que lo mantenga. Mi problema

real es quitarle el may or número de votos a ese partido, que gobierne lo menos posible y que un día la

izquierda se siente en el Gobierno de Madrid, pero, no de prestado, haciendo pactos, sino por el poder de

los votos, porque sea elegida por el pueblo. Lo demás, me trae al fresco.

 

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