Los gibraltareños como excusa     
 
 Ya.    06/04/1973.  Páginas: 2. Párrafos: 5. 

Los gibraltareños como excusa

NUEVAMENTE en la Cámara de los Comunes ha sonado eI tema de Gibraltar. Y ha sonado, como de costumbre, con total desafinamiento. La prueba de lo que decimos son estas palabras de sir Douglas-Home: "Yo lamento el hecho de que la actitud de España sea hostil a los gibraltareños." ¿De cuándo acá los españoles hemos manifestado hostilidad a los gibraltareños? Una y otra vez hemos dicho que los habitantes de Gibraltar, en caso de Integración de la Roca a la soberanía de que fue arrancada por un acto de fuerza, podrían optar por un estatuto especial que España les brindaba.

PERO es buen pretexto, por lo visto, para burlar todo compromiso sobre Gibraltar echarles la culpa a los españoles. ¿Es ésa la manera como sir Douglas-Home entiende "trabajar juntos" para buscar la fórmula de arreglo de un conflicto que debería haber sido resuelto antes de que se iniciara el proceso de descolonización de Africa y Asia? Sir Douglas-Home ha añadido: "Podrían hacerse más progresos si ellos—los españoles— cortejaran a los habitantes de Gibraltar." Francamente, el verbo "cortejar", aun en su versión Inglesa, nos parece Impropio. Suponemos que los gibraltareños tampoco lo considerarán adecuado. Se trata de comprender a unas gentes—unos colonos—que a lo largo de siglos han ido asentándose en la Roca. Y esa comprensión la tenemos los españoles, cuando les brindamos a los gibraltareños las diversas opciones que les permiten acogerse a la ciudadanía británica o a la española o elegir su estatuto de minoría.

NO nos estorban los gibraltareños en la Roca; nos estorban las tropas, los cañones, la Marina y el Gobierno británicos allí instalados como dueños. En relación con la población estable de Gibraltar, no hay en España prejuicios insalvables. Ni mucho menos. Son las autoridades británicas, no España, las que vienen poniendo a los gibraltareños de parapeto defensivo de su colonialismo. España se limita a cumplir—y con gran moderación—las cláusulas del artículo X del Tratado de Utrecht. Las mismas cláusulas que el Reino Unido viene quebrantando sistemáticamente, con absoluto desprecio para la legalidad, que se nos impuso en su día.

LO que España no puede tolerar, cruzada de brazos, es el contrabando, hágalo quien lo haga. No es de ley. No es moral. Es un ataque a nuestra economía. Y tenemos que rechazarlo, mal que les pese a las autoridades británicas del Peñón. Está el Reino Unido en una postura iuridicamente falsa en Gibraltar, como lo están los Estados Unidos en Panamá. Por eso apelan a la negativa a toda negociación sincera. Los Estados Unidos, ante el consenso mayoritario del Consejo de Seguridad en contra del "statu quo", han opuesto la brutalidad del veto. El Reino Unido, a sabiendas de que «u última colonia en Europa es una ofensa constante a la soberanía española, echa mano de la hipócrita disculpa de que los españoles no "cortejamos" a los gibraltareños. Y queremos pensar que los gibraltareños prefieren nuestro respeto y nuestra estima al "cortejo" que sir Douglas-Home echa en falta. Ese "cortejo" británico disfraza otro nombre; imperialismo.

SI los colonos de Gibraltar pensaran fría y objetivamente en su futuro, ante las posibilidades que el desarrollo de Algeciras. La Línea, San Roque y su comarca han de alcanzar por imperativa de las circunstancias, vincularían su suerte a la de sus comarcanos y no a la de la lejana isla, que les niega, en realidad, la plenitud de la ciudadanía británica y que solo los utiliza de instrumento y excusa para vetar de hecho las resoluciones de la O. N. U. No instrumentalicemos a unas gentes —los colonos de Gibraltar— que tienen derecho a tu destino, como España lo tiene a ser soberana de la tierra y del mor en que habitan.

 

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