Juventud y rebeldía     
 
 Ya.    04/04/1974.  Página: 7-8. Páginas: 2. Párrafos: 6. 

JUVENTUD Y REBELDÍA

POCOS elogios tan amorosamente escritos de la rebeldía juvenil como los que hace unos dias transcribimos del doctor Marañon, con ocasión del décimo aniversario de su muerte. Al dedicar una plana entera al problema del espíritu rebelde, precisamente en conexión con el Interés del joven por la vida pública, no hacíamos otra cosa que insistir desde un nuevo ángulo en una reflexión que es ya tópica en nuestras columnas: una nueva generación llama a las puertas de la actividad política española y una generación que fue ¡oven y rebelde cede el freno biológico y psicológico de la madurez: 0)0 al fenómeno del desfase.

Hay en la etimología de rebelde une primera sílaba que indica reiteración, que añade a lo bélico lo belicoso, que hace de la lucha no un suceso histórico, sino una situación permanente. No conocieron la palabra ni Cicerón ni César; aparece a partir de Augusto, cuando las grandes campañas han terminado y la intranquilidad de los pueblos rebrota como esas plañías imposibles de desarraigar, más exuberantes cuanto más las hiera el hacha.

Y A palabra se aplica bien a la inquietud de los jóvenes, biológicamente incontenible y siempre renovada porque siempre hay nuevos jóvenes. Ahora bien, cuando una pluma ilustre dijo que aquel que a los veinte años no es revolucionario no tiene corazón, pero que aquel que lo es a los cuarenta años no tiene inteligencia, indirectamente nos planteaba un problema de dinámica social: .¿cómo aprovechar la energía de esa cascada fresca y espumeante de los veinte a los cuarenta, esa Inconformidad con la rutina, visión clara no contaminada por prejuicios, imaginación capaz de soluciones nuevas, heroísmo que no tiene el freno del interés, fuerza física y alegría mental? Porque luego cesaré.

La pregunta viene planteada precisamente a los "inteligentes" que ya no son revolucionarios, pero que hicieron una guerra y después una política. Para ellos, el problema de encauzar útilmente el potencial de la rebeldía juvenil no se planteó en términos normales. Primero, todo el excedente de energía se vertió en tres años de cavar trincheras, escalar picos, izar banderas, llenar hospitales, morir, conquistar. Luego siguieron treinta años de quehacer para reconstruir: es su mérito o, alternativamente, su fracaso.

PARÁ la siguiente ola de la vida ese ciclo es irrepetible. Por eso cuando ahora vemos una violencia que se manifiesta en bandas, en hurto para el goce de la velocidad, en barricadas para la reforma universitaria, en exceso sexual, en guerrilla para extremismos ideológicos, hay que pensar si los adultos cansados de lucha no han perdido la conciencia de que la rebeldía es una necesidad biológica a la que ellos pagaron su tributo. Que si se desborda hacia la violencia estéril es porque no encuentra aplicación en la creación fecunda; que no debe repetir una guerra, pero debe ensayar cada dia una batalla.

Juventud y rebeldía

Habrá rebeldía mientras haya Juventud; si la rebeldía falla, es que la vejez llega. La generación adulta cree poder condicionar con sus recuerdos el quehacer de los jóvenes: obligar al viento a mirar hacia atrás. Pero la única forma como para ellos vive* la historia es en nosotros, vivos, con nuestra tarea inacabada, que ellos quieren proseguir y, no lo olvidemos, renovar según la visión de sus ojos idealistas.

Exactamente como hizo la generación anterior con la precedente. El problema está en encauzar esa fuerza para que no ocurra como está ocurriendo; que la parte más estruendosa de esa rebeldía juvenil no pierda relación con lo que por ella entiende una mente tan esclarecida como la del doctor Marañon.

 

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