Autor: Alberola, Ginés. 
   ABC en Alicante: la importación de maderas     
 
 ABC.    18/06/1960.  Páginas: 1. Párrafos: 3. 

ABC en Alicante: La importación de maderas

Alicante 17. (De nuestro corresponsal.) Tradicionalmente es el puerto alicantino uno de los más

importantes entre los peninsulares, en lo que se refiere a la importación de madera. Barcos repletos del

valioso producto forestal desembarcan continuamente sus mercancías, que forman ingentes pilas sobre

los muelles y son transportadas en seguida a los grandes almacenes que existen en nuestra ciudad

dedicados exclusivamente a este tráfico. Los buques llegan de todas las procedencias, pero muy

particularmente de Noruega, Suecia y Finlandia. La madera es reexpedida desde Alicante a gran número

de provincias españolas absorbiendo Madrid un considerable volumen.

Cuando la madera llega a puerto es preceptivo proceder a su reconocimiento y expedir un certificado

sanitario que permite su introducción en el país. Este trámite, que venía cumpliéndose a tenor de lo

dispuesto en la ley de 20 de diciembre de 1952 y del reglamento de 29 de abril de 1953, se efectuaba con

extraordinaria agilidad, sin provocar entorpecimiento alguno al comercio, con poco coste. Mas he aquí

que las cosas se han complicado ahora, y en virtud de nuevas normas, el certificada fito-sanitario de

productos forestales debe ser expedido por la Estación Fito-Sanitaria de la Región Valenciana. Esto

representa un retraso en el despacho de los barcos madereros, con el consiguiente perjuicio para navieros,

almacenistas y consumidores, porque cada vez que arriba un cargamento ha de desplazarse desde

Valencia el técnico que verifique la inspección y libre el documento previsto. Además, se cobra ahora un

canon del medio por ciento sobre el valor de la madera hasta un límite de trescientas mil pesetas,

existiendo una escala suplementaria descendente para los importes que superen aquella cifra. Estas

normas constituyen impedimento grave para el comercio de la madera; originan un dispendio

suplementario por el coste de las estadías que deben abonarse por su permanencia sobre muelle y naturalmente, se

hallan en pugna manifiesta con la fluidez que debe caracterizar toda operación mercantil, máxime

cuando se trata de transacciones que afectan al comercio internacional.

Seria de desear que las certificaciones fito-sanitarias se expidiesen en el propio puerto alicantino por el

organismo o autoridad competente. Hasta ahora ha venido llenando esta función el Distrito Forestal para

la inspección y expedición del certificado. Centralizar en la cabecera de la región—en este caso

Valencia—tal servicio da lugar a los inconvenientes apuntados y no encaja en las normas de

descentralización administrativa que, progresivamente, van implantándose dentro de la laudable política

de simplificación burocrática. Debería, además, revisarse el canon señalado para la obtención del

certificado sanitario de la madera, pues parece evidente que para regular el comercio exterior es suficiente

la aplicación de los correspondientes aranceles.—Ginés ALEBROLA.

 

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