Autor: Barra, Alfonso. 
   Brillante participación española en la feria internacional de la alimentación, de Londres  :   
 Fue inaugurada por Mr. Heathcoat Amory, que visitó nuestras instalaciones con el marqués de Santa Cruz. 
 ABC.    02/09/1960.  Páginas: 1. Párrafos: 5. 

ABC. VIERNES 2 DE SEPTIEMBRE DE 1960. EDICIÓN DE

BRILLANTE PARTICIPACIÓN ESPAÑOLA

EN LA FERIA INTERNACIONAL DE LA

ALIMENTACIÓN, DE LONDRES

Fue inaugurada por Mr. Heathcoat Amory, que visitó nuestras instalaciones con el marqués de Santa Cruz

Londres 1. (Crónica telefónica de nuestro corresponsal.) Los exportadores españoles han venido a la Feria

Internacional de la Alimentación, abierta hoy en Londres con un sugestivo muestrario. Los productos que

más contribuyen a suministrar la despensa británica están garbosamente desplegados en las instalaciones

reservadas a nuestro país. Los regios vinos de la Rioja ordenan sus baterías de botellas junto a las tiernas

pasas de Denia. Artículos largamente acreditados, como las aceitunas sevillanas, llevan de la mano a otros

que dan sus primeros pasos en el mercado inglés. En compañía de las marcas de rango internacional están

los nombres de los conserveros que se han propuesto dar a conocer por el mundo los platos tradicionales

de nuestra cocina. De esta manera los ingleses pueden ya saborear una buena paella sin más ciencia que

aplicar el abrelatas al envase. Ninguna receta popular española se halla ausente de este Certamen, donde

tras el acierto de un guiso servido en su punto se libran los difíciles puntos a ganar en las exportaciones.

Bajo las destartaladas naves del Salón Olympia se ventila así la porfiada empresa del bien cocinar para

vender después más partida que los países de la competencia. Ha sido Mr. Heathcoat Amory, antiguo

canciller del Exchequer, quien ha inaugurado la Feria. Se le conoce en el país por su minuciosidad al

manejar las estadísticas, por su inflexible línea en favor de la soltería y por su excelente paladar para

gustar un buen guiso. Esta mañana estaba complacido y sonriente can el embajador de España, marqués

de Santa Cruz, mientras visitaba nuestras instalaciones. Con especial detenimiento recorrió todos los

pabellones españoles y probó las muestras expuestas. Muy sinceros elogios hizo de los productos, de la

presentación y de la iniciativa que supone venir a este frente comercial del Olympia, donde es posible

conquistar posiciones provechosas, y donde pueden ganarse buenas libras esterlinas de los 4.500 millones

que cada año Inglaterra invierte en la adquisición de productos alimenticios. Hay veinticuatro países

presentes en la Feria. Los incluidos en la esfera comunista enseñan la abundante asignación presupuestaria

que sus Gobiernos han dedicado a la mayor gloria de sus géneros. Si a veces los envases son bastos y de

baja calidad el contenido, las mamparas y galas que adornan los pabellones superan todo lo imaginable.

Hay estanterías de ésas que lucen unos humildes botes de tomate plantados en estuches de terciopelo, que

estarían mejor ambientados en el escaparate de una joyería de Regent Street. Los Estados Unidos, por su

parte, enseñan los últimos prodigios de la industria aplicada al hogar. En sus cocinas, el complejo de los

rayos infrarrojos, de la refrigeración y de los aparatos de mando a distancia garantizan hasta el milagro.

Según explicaba un técnico, con esos adelantos ya es posible dirigir un asado sin levantarse de la butaca

del cuarto de estar, desde donde se sigue el programa de televisión. La mecánica se encarga de añadir los

condimentos, de preparar las salsas y de trinchar la pieza. Un aparato de alarma, que reproduce las notas

de un conocido bailable, avisa a los señores que están servidos. Las amas de casa dan vueltas y más vueltas

alrededor de esas cocinas, blancas y relucientes, como material de quirófano. La mayoría de ellas se limitan

a ver y callar.

Un mar de confusiones se agita en sus cerebros, si bien es verdad que hay pie para la incertidumbre. Una

señora con áspero acento del País de Gales se decía a sí misma: "Nos dicen que con las conservas ya no

hace falta ponerse al fogón. Por eso no entiendo este afán de las cocinas mecánicas y de los aparatos

complicados para proporcionar un plato que se podría haber comprado en un simple bote. O guisa una, o

se compra todo envasado." En palabras sencillas está bien expresada esta contradicción que se observa

en la Feria. Si la tendencia de la vida moderna es no perder tiempo en la cocina, los artículos congelados

y envasados son la respuesta. Y, en tal caso, sobran los otros ingenios electrónicos, que no pueden suplir

el arte personal de la cocinera.

Característica de esta Feria es que para reforzar la venta de los artículos expuestos se enseñan los platos

que es posible preparar con ellos. Más claramente dicho: para que los ingleses compren pimientos. Lo

más conveniente es darles la oportunidad de probar una paella debidamente enriquecida con aquel

ingrediente. Y mejor aún, hacer una demostración cara al público de cómo hay que guisarla. Para lo uno y

lo otro hay en el Olympia de Londres unas instalaciones donde doce países han montado su cocina típica.

La española se inspira decorativamente en motivos valencianos, pero las cocineras que trabajan en ella

dedican sus primores a todas las excelencias gastronómicas de nuestro país. En el día de la inauguración

los honores correspondieron a la paella, a la tortilla de patata y al pollo en pepitoria. Cada jornada tiene su

minuta. Un asiduo a la Feria que pase a diario por este pabellón puede tener la seguridad de que conocerá

todos nuestros excesos gastronómicos, y para reproducir las recetas en su casa habrá de convertirse en

buen cliente de productos de la tierra de España, que es de lo que se trata en definitiva.

Citando todas estas cocinas están en plena actividad cunde por el Olympia una excitante mezcla de

olores que estimulan el apetito más decaído. Primero se exponen

los asados. Los pescados al horno también se manifiestan gratamente. Nada menos que mil ingredientes

distintos se mezclan cada día en los pucheros de aquellas cocinas. Pero poco a poco unas tufaradas se

confunden y asocian a las otras. Más tarde el olfato percibe plenamente los afanes culinarios de cada

pabellón. Al final los "curries" asiáticos matan todos los olores. De esta manera el aire del local registra

la apasionada competición que allí se libra para poner por delante de los demás la exquisita sazón de los

platos nacionales respectivos. Y ello es así por razón de honrilla patriótica, saludablemente unida a muy

buenas razones comerciales.

Nuestras recetas han ganado una amplia masa de admiradores de uno y otro sexo. La preciosa paella

expuesta se llevó la palma artística. Ningún plato del mundo entero la puede aventajar en colorido y

gracia. En esto hay acuerdo de la mayoría absoluta. Luego, al momento de consumirla es ya cuestión de

gustos, pero es muy cierto que son pocos los que aquí la han probado y no han repetido.

Esta Feria es ejemplo de los múltiples resortes que es preciso pulsar en el mundo moderno de las

exportaciones. En el Olympia de Londres están nuestros productores en primera linea, con sus buenos

géneros y sus platos del país a punto.—Alfonso BARRA.

 

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