Los agentes comerciales     
 
 ABC.    27/12/1959.  Páginas: 1. Párrafos: 5. 

27 DE DICIEMBRE DE 1959.

LOS AGENTES COMERCIALES

La profesión de agente comercial o representante de comercio reúne en España a cien mil familias. Cifra

notable que acentúa muy intensamente el grave problema de este gremio. El articulado del Código de

Comercio vigente—Código que data de 1885—asigna a estos trabajadores la valoración de

"comerciantes", evidentemente, inadecuada. Es muy posible que en la época en que tal valoración se

efectuó, el incipiente desarrollo industrial y el régimen de ferias y mercados que entonces imperaba

justificasen el carácter de "comerciante" para el titular de esta profesión. Pero en la actualidad, cuando la

industria y el comercio precisan insoslayablemente de una compleja red de valedores eficaces y

diligentes, que, a su vez, han de ser dirigidos e inspeccionados por la dirección de la empresa, la figura de

"comerciante" no aparece por ninguna parte, y así aparece, con caracteres diáfanos, la de vendedor por

cuenta ajena. Con la diferencia respecto a los demás trabajadores por cuenta ajena de que al agente de

comercio no le protege la legislación social.

La forma de remuneración del representante de comercio, que consiste en el pago de la comisión, no

permite que se le confunda con la condición propia de las profesiones liberales. La liberalidad profesional

viene dada por el hecho de que quien presta sus servicios especializados pueda pasar libremente minuta a

sus clientes, trabaje o no a satisfacción de aquéllos, y, dentro de amplios límites, a tenor de su voluntad.

Esto, con las variaciones normales en cada caso, le obliga a disponer de una oficina para la recepción de

clientes.

En el caso del agente comercial ocurre de una manera absolutamente distinta. Las condiciones de trabajo

las fija, unilateralmente, la empresa. Solamente está en el arbitrio del agente vendedor admitir o rechazar,

según su grado de necesidad personal, las condiciones que se le ofrecen. Además—y esto es notorio y

fácilmente comprobable—, las empresas suelen imponer al representante de comercio un constante

mandato, al margen, muchas veces, de la específica función de vender. No es raro que se le encarguen

visitas con motivo de letras devueltas, informes sobre el mercado y sobre-la competencia, o bien,

actividades v gestiones semejantes, por supuesto, no remuneradas específicamente.

Agrava esta situación el hecho de que las reclamaciones laborales de estos trabajadores carecen de

jurisdicción adecuada. Los despidos, por lo pronto, no pertenecen a la competencia de ninguna

jurisdicción. Ni a la jurisdicción civil ni a la laboral. Solamente los conflictos por liquidación de

cantidades a percibir pueden ser planteados ante la jurisdicción civil ordinaria. Pero éste sería pleito de

índole sarcástica, ya que tales pleitos suelen desarrollarse dentro de plazos muy dilatados, hasta el punto

de que pueden llegar al Tribunal Supremo. Y en tal situación, las empresas resultan. muy poderosas ante

el representante de comerció, habitualmente imposibilitado de afrontar, una tramitación prolongada.

No hemos hecho sino informar muy sucintamente de este problema. Problema que actualiza, si ya no

fuese actual de por sí, la próxima Asamblea Nacional de agentes comerciales que ha de reunirse en

Madrid durante los días 8 y 9 de enero. Merece la pena que insistamos en el tema.

 

< Volver