Una experiencia estabilizadora     
 
 ABC.    23/03/1960.  Páginas: 1. Párrafos: 6. 

UNA ESTABILIZADORA

Independientemente del mérito personal que acumula el ministro de Hacienda , austríaco, huésped ilustre

de nuestro país—es un destacado economista y profesor de la Universidad Comercial de Viena—, su

visita y sus opiniones, expresadas ayer en la magnífica conferencia que dio en la Cámara de Comercio,

tienen para nosotros un valor extraordinario porque representan la valiosa información objetiva, de quien

lleva ya recorrida una gran parte del camino de la estabilización, que nosotros estamos ahora

comenzando.

Las opiniones, por ,consiguiente; del Dr. Kamitz, expuestas ayer con claridad suprema, tienen un

inapreciable valor de experiencia consumada. Y si esta veteranía experimental se traduce en certeros

consejos y agudas advertencias sobre las facilidades y las dificultades que el proceso estabilizados

encierra, el lector podrá darse una idea aproximada del interés y la expectación que envolvió y acompañó

al Dr; Kamitz a lo largo de su disertación.

De importancia suma, fueron las advertencias, que hizo en torno a lo que pudiéramos llamar "filosofía del

desarrollo", para llamar la atención y guardarse previsoramente de algunos tópicos rancios. Por ejemplo,

el peligro que encierra, sobre todo en las economías excesivamente dirigidas o superlativamente

controladas, una producción llevada a ultranza sin tenet en menta el problema de los costes, en un

principio altamente antieconómico en el que es el costo, y no la utilidad de la producción, lo que

determina el precio. A diferencia de las economías fundadas en les principios del mercado libre, en las

que la producción ha de pasar por la prueba del mercado para que puedan ser consideradas como

producción realmente económica.

Otra punto suscitado por el Dr. Ka-mitz en su conferencia fue el aviso oportuno sobre los peligros que

encierra la llamada "inflación subrepticia". Esta, a diferencia de la que pudiéramos llamar "inflación

galopante", se presenta enmascarada y, casi, casi, como haciendo un favor. En efecto, hay cierta

benevolencia para la inflación en pequeñas dosis —cuando la depreciación monetaria no pasa del 3 o el 4

por 100 anual—pensando acaso que tiene efectos estimulantes, como algunas drogas. Pero no se cae en la

cuenta de que inflación engendra la inflación—como la miseria engendra la miseria—y que al cabo de

diez años una depreciación anual del 4 por l00 se ha transformado, por lo menos, en una del 40 por loo, si

no ha habido otros efectos inducidos para una mayor desvalori-zación de la moneda, que seguramente sí

se han presentado en ese período de tiempo. Esto desalienta todo propósito de ahorro.

Otro de los puntos en los que el ministro austríaco de Hacienda ha puesto el énfasis del acierto es en el

papel decisivo que desempeñan en los procesos económicos de desarrollo el factor fiscal y el factor

presupuestario, en lo que a los gastos se refiere. El Dr. Kamitz ha tenido la valentía de sostener, sin duda

porque su acreditada y depurada experiencia así se lo ha demostrado, que no es apretando las clavijas

fiscales como mejor se consigue un clima de equilibrio y desarrollo, sino justamente por el procedimiento

contrario, aunque cumpliendo, como es natural, un conjunto mínimo de condiciones favorables para esta

política de desgravación. Es un principio muy racional de la más sana economía que el Estado debe

tender a reservarse cada vez menos parte en la distribución de la renta nacional. Como es también otro

signo de prudencia que los gastos públicos no crecen o no deben crecer al mismo ritmo que crece el

progreso, o el florecimiento, sino justamente en proporción inversa, ya que dichos gastos sólo deben

aumentar cuando disminuyen los del sector pri-vado por motivos de crisis, y es necesario mantener el

ritmo de producción y de consumo. Esto,generalmente, se olvida y se paga excesivamente caro.

Finalmente, hay que tener en cuenta que la estabilización; como la paz, no basta con ganarla y

conseguirla, sino que hay que saber conservarlas, Y para ello hay que poner en guardia a todos,

gobernantes y gobernados, frente a los peligros que conspiran contra la misma. Estos peligros pueden

reducirse a tres, y dimanan de la propensión, por parte del Estado, a apoderarse de mayor porción de la

renta nacional, así como de la creencia generalmente errónea, de que la mejor política de desarrollo es 1a

de dinero barato, y de la rigidez, por último, de las escalas de salarios;. Sobre esta última, el Dr. Kamitz

dio ideas tan claras como las que ya había dado sobre la moderación del sector público en sus ingresos,

demostrando de manera fehaciente que con tarifas fiscales bajas se pueden obtener grandes recaudaciones

si la base impositiva se ensancha extraordinariamente.

 

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