Autor: Dávila, Carlos. 
 La coalición divide, otra vez, a UCD. 
 Los socialistas, disgustados con el gobierno monocolor de Calvo-Sotelo     
 
 ABC.    26/02/1981.  Página: 7. Páginas: 1. Párrafos: 7. 

JUEVES 26-2-81

NACIONAL

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La coalición divide, otra vez, a UCD

Los socialistas, disgustados con el Gobierno monocolor de Calvo-Solelo

MADRID (Carlos Dávlla). La concertación ha sustituido, a última hora, a la coalición. Y esto, con la

abierta opinión en contra de los socialistas y con la mantenida por un sector muy numeroso del propio

partido gubernamental, concretada en el grupo que se mantuvo en una posición critica antes y durante el

Congreso de UCD. La «luz roja» para la democracia no ha sido, al parecer, condición suficiente para

Calvo-Sotelo, que, en su rueda de Prensa posterior a la investidura, vino a asegurar que «un Gobierno

monocolor es más adecuado, en este preciso momento, para avanzar en la estabilización de la

democracia». Justo, el criterio opuesto al suscrito por Felipe González qué, minutos después y en la

misma tribuna de Prensa, afirmó que soto un gabinete de amplia base parlamentaría, como el que se

habría formado entre los dos grandes partidos españoles, puede garantizar que el proceso español no vaya

a ser detenido «con otro golpe involucionista».

La Investidura de Calvo-Sotelo fue, al fin, terminada, con mayores apoyos, incluso de los esperados.

Fraga, que pudo también haber participado en la fórmula tripartita de Gobierno apuntada por los

socialistas, se conformó en esta ocasión con hacer un planteamiento de apoyo global y, sin entrar en

demasiadas explicaciones, ofrecer sus votos al candidato en razón de que «las circunstancias han

cambiado considerablemente». Roca, el portavoz de los catalanes, también trocó el sentido de su voto,

insistió en que el cambio sustancial en su actitud «se hace añora que no existen contrapropuestas, pero sf

una modificación evidente en la Jerarquía de nuestras necesidades».

No hay que poseer demasiada agudeza para suponer cuál es esta variación jerárquica de que habló Miguel

Roca. Se trataba y se trata de la consolidación democrática, y es precisamente sobre este punto sobre el

que existe una discrepancia frontal tal y como hemos asegurado al principio de estas líneas. Ayer, el

Comité Ejecutivo de UCD, y en semisecreto, porque el tema no estaba incluido en el orden del día,

discutió con fuerza su posición sobre la fórmula más adecuada de composición gubernamental. Desde

luego, Calvo-Sotelo —que recuérdese no es miembro hasta hoy de esta Ejecutiva— ya había adoptado

una posición inequívoca. Horas antes había hablado lago y tendido con Felipe González y le había

comunicado su decisión, al tiempo que le pedía «entrar en conversaciones» para buscar modos de

concertación sobre tres o cuatro grandes temas que, el ya presidente, llama «de Estado» y que son: la

superación de los sucesos golpistas de días pasados, la lucha contra el terrorismo y el desarrollo

autonómico.

El PSOE —que quedó francamente decepcionado por el que cree «grave error del nuevo jefe del

Ejecutivo»— tiene voluntad política de concertar, aunque la palabra no gusta en absoluto en el seno de

este partido, líneas de actuación, más o menos consesuadas, sobre los dos primeros temas, pero no así

sobre el tercero, sobre el que Felipe González no "quiere, por ahora, discutir en profundidad. Y es que, en

el fondo, los socialistas que habían aceptado previamente su cota de responsabilidad en la gobernabilidad

de las dos cuestiones, no ve nada claro qué clase de acuerdo puede tomarse sobre un problema que

afecta, directamente, a la misma supervivencia de los partidos estatales en los ámbitos autonómicos.

El sector crítico de UCD —Camuñas y Alzaga lo decían claramente— no están en absoluto conformes

con la decisión del presidente Calvo-Sotelo. Esta disparidad tiene mucha más importancia que la que

podría derivarse de una simple discrepancia a la hora de realizar un análisis de las fórmulas más

adecuadas de Gobierno. Las tiene porque ahora la posible participación del grupo más prestigiado dentro

del partido en el nuevo Gabinete ha quedado seriamente comprometida. Desde el primer momento,

Calvo-Sotelo —si son ciertas las escasas informaciones que se han podido conocer al respecto— quiso

contar con, al menos, uno de los integrantes del grupo «crítico» en su Gobierno. El elegido, con prioridad

sobre todos los demás, era, precisamente, Osear Alzaga, un centrista polivalente, que tiene «pedigrée»

profesional y político bastante como para optar a la titularidad de dos o tres carteras ministeriales. Ahora

será muy difícil convencer a Alzaga de que acepte una responsabilidad da tal nivel porque, en resumidas

cuentas, no cree en la viabilidad del modelo elegido por el nuevo presidente.

Las circunstancias son, sin embargo, tan difíciles y es tan grave el riesgo.que sufre nuestra frágil

democracia, que es posible, a) cabo, que tanto los socialistas como los redivivos críticos de UCD se

avengan a colaborar —aunque, naturalmente, en distinto grado— con Calvo-Sotelo. El presidente,

hterátíco cual es su costumbre, ofreció ayer en su conferencia de Prensa un mínimo bosquejo de cuáles

pueden ser sus voluntades de gobierno a corto y medio plazo. Por lo pronto admitió que el motín golpista

ha condicionado sus criterios de composición gubernamental, lo que es tanto como decir que haya

modificaciones en tres aspectos concretos: el tiempo que durará la crisis (no es fácil que hasta el sábado

se conozca la lista oficial), la candidatura a carteras comprometidas como Defensa (se ha sabido que antes

del golpe Calvo-Sotelo recibió de «círculos militares» una relación de aspirantes en la que Oliart figuraba

en sexto lugar) y, sobre todo, la no anunciada, pero presentida, intención del presidente de reestructurar y

reducir, hasta donde fuera posible, la propia formación gubernamental.

Ayer, en el Parlamento, el «golpe», con ser próximo, pareció ya en la lejanía. Afortunadamente. El día,

como suele decir Calvo-Sotelo, «tenía otro afán». El presidente parece seguro de su poder y esta es una

buena razón para confiar en su declaración de «que los sucesos del lunes no fueron un ensayo». Hay que

conceder que su nivel de información a estas horas será máximo y, por tanto, sus palabras puedan

interpretarse como una referencia aproximada a la no existencia cercana de nuevas intentonas. Para

evitarlas, Calvo-Sotelo se propone gobernar con autoridad y menos en solitario de lo que lo habría hecho

hace sólo unos días. No es poco.

 

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