Autor: Pérez Fernández, Herminio. 
 Calvo-Sotelo obtuvo la investidura. 
 Emocionada vuelta a la normalidad parlamentaria     
 
 ABC.    26/02/1981.  Página: 11. Páginas: 1. Párrafos: 14. 

JUEVES 26-2-81

NACIONAL

ABC/ 11

Calvo-Sotelo obtuvo la investidura

Emocionada vuelta a la normalidad parlamentaria

MADRID (Herminio Pérez Fernández) El Congreso de los Diputados ha celebrado ya plenos muy

importantes: algunos solemnísimos y trascendentes; pero probablemente ninguno tan lleno de jubilo, de

alegría sincera, de emociones múltiples, como el que tuvo lugar en la tarde de ayer.

Los saludos, los abrazos entre los diputados, a su llegada al palacio de la Carrera de San Jerónimo, eran

tan efusivos como sinceros, sin que contaran para nada las diferencias ideológicas. Todos los diputados

estaban ayer profundamente satisfechos por el feliz resultado de los dramáticos acontecimientos que

atentaron contra el Parlamento y. contra el Gobierno, que fueron acompañados de tiros abundantes, pero

que, por fortuna, no causaron ni una sola víctima. La alegría de todos estaba plenamente justificada. Lo

mismo que su deseo de exteriorizarla, que se manifestó tan pronto como hizo su entrada en el hemiciclo el

teniente general Gutiérrez Mellado, vicepresidente del Gobierno; fue acogido con una ovación cálida,

prolongada y clamorosa por todos los diputados, puestos en pie en sus escaños. A lo largo de la sesión se

repetirían los elogios al heroico jefe militar, que supo demostrar «su valor y su gallardía» en momentos

tan graves. También el presidente del Gobierno, en funciones, don Adolfo Suárez, fue recibido con otra

expresiva ovación, de reconocimiento para su actitud valerosa, frente a los invasores del hemiciclo.

APLAUSOS AL REY.— Pero esos aplausos no fueron más que el comienzo de una serie de ovaciones

que iban a subrayar, casi constantemente, la breve y medida alocución con que el presidente del Congreso

abrió la última sesión de la investidura del nuevo presidente del Gobierno.

Cuando el señor Lavilla subrayó que hoy más que nunca gritar «¡Viva España!» significaba gritar «¡Viva

la Constitución!» y «¡Viva la democracia!», estallaron en todo el hemiciclo gritos de «¡Muy bien, muy

bien!», mientras todos los´ diputados, puestos en pie, insistían en sus ovaciones. Lo mismo ocurrió al

dedicar el presidente un elogio a la actuación del Rey y a la labor de la Junta de Jefes de Estado Mayor y

de la Comisión General de Secretarios de Estado y Subsecretarios, que asumieron las funciones del

Gobierno secuestrado. También hubo aplausos unánimes para el personal de la Casa y la generosidad de

los diputados se extendió incluso a los representantes de los medios de comunicación social; puestos en

pie y vueltos hacia las «tribunas de la Prensa», sus señorías prorrumpieron de nuevo en grandes aplausos.

LA TRIBUNA DE LA LIBERTAD.— El candidato a la Presidencia del Gobierno, don Leopoldo Calvo-

Sotelo, abrió el debate, como en las sesiones anteriores, con una alocución muy breve, desde la que llamó

«la tribuna de la libertad» recuperada. Fue largamente aplaudido al final por los miembros de su partido y

a continuación se inició el desfile de los portavoces por el estrado.

El debate fue más breve, más rápido, más ágil que en ocasiones anteriores. Los líderes se sucedieron por

el mismo orden ya establecido, con ligeras diferencias: tras el señor Rojas Marcos, del Partido

Andalucista, intervino esta vez, por el PNV, el señor Aguirre, que justificó y lamentó la ausencia de su

compañero Marcos Vizcaya; siguió, por Coalición Democrática, don Manuel Fraga Iríbarne, que anunció

el voto unánimemente favorable a la investidura de todos los miembros de este Grupo, cosa que se

esperaba, pero no se conocía. No ocurrió así con la intervención del señor Roca Junyent, por Minoría

Catalana, pues su cambio para pasar a apoyar la investidura era conocido de antemano; acertó a

consolidarla con sólidos argumentos.

En nombre del Grupo Mixto intervino esta vez el señor Aizpún, acaso la voz más equilibrada de este

conjunto de diputados con ideologías tan dispares y diversas. El señor Carrillo, por el PCE, elogió el

anunciado ofrecimiento del PSOE, para un Gobierno de coalición, tema tan caro al líder comunista; don

Felipe González, representando en esta ocasión a los tres grupos parlamentarios socialistas constituidos

en el Congreso, vería sorprendidos cómo le aplaudían por lo menos veinte diputados de UCD. La

actuación final correspondió al líder de UCD, señor Rodríguez Sahagún, que despertó risas y rumores

divertidos, al manifestar que, durante el encierro a que fueron sometidos los líderes de los principales

partidos políticos, la noche de la ocupación del Congreso, sus compañeros estuvieron de cara a la pared,

uno en cada esquina, y a él le correspondió en el «centro» (¡lógico!).

COINCIDENCIA.—La votación se inició a las seis y cuarto de la tarde, es decir, a la misma hora que dos

días antes. Se esperaba con morbosa curiosidad el momento en que el secretario del Congreso pronunció

el nombre del señor Núñez Encabo y aquel en que el reloj de la Cámara marcaba las seis y veinticinco de

la tarde —instantes dramáticos en que se produjo la irrupción del los «invasores»—, pero, por fortuna,

esta vez todo transcurrió con entera normalidad hasta las 6,38 de la tarde en que finalizó la votación. En

ella y aparte los votos de apoyo de Minoría Catalana y de Coalición Democrática, fueron también

novedad las posturas afirmativas de los diputados del Grupo Mixto señores Clavero Arévalo y Gómez de

las Roces.

A las 6,40, el presidente del Congreso daba cuenta del resultado de la votación, que recogemos al

comienzo de esta crónica. Y añadió, para constancia en acta: «Queda otorgada la confianza de la Cámara

al candidato propuesto para la Presidencia del Gobierno, don Leopoldo Calvo-Sotelo y Bustelo.»

SENADORES.—Como en todas las sesiones anteriores, el presidente del Senado, don Cecilio Valverde,

acompañado por el vicepresidente, señor López Henares, y varios senadores, siguieron el desarrollo de la

sesión desdé la tribuna de honor.

Detalle reseñable fue también ver cómo los señores Areilza y Fraga, indudablemente reconciliados,

charlaban amigablemente.

Se aseguraba en la tribuna de Prensa —no podemos dar fe personal de ello— que don Blas Pinar no había

sumado sus aplausos, en ningún momento, a las varias ovaciones que sonaron en la sala. El, como

notario, sí que puede dar fe y desmentirnos si la afirmación es falsa, porque no es nuestra y no nos duelen

prendas.

El señor Sagaseta, con quien conversamos unos momentos, así como con el doctor Fuejo, que le asistió,

nos hizo una puntualización interesante: no se puso enfermo, ni se sintió indispuesto. No faltan quienes

han pensado malévolamente que no pudo controlar sus nervios tras los disparos; no fue así; sencillamente,

como consecuencia de esos disparos algo cayó sobre la cara del señor Sagaseta y le produjo una erosión

en la nariz, junto a las gafas, por la que comenzó a sangrar. Tan pronto como recibió atención médica,

muy ligera, regresó a su escaño.

EXCEPCIONALES MEDIDAS DE SEGURIDAD.—Un último detalle digno de mención. Ayer las

medidas de seguridad, en torno al Congreso de los Diputados, fueron excepcionales. Puede asegurarse

que ni en las ocasiones en que ha acudido a la Cámara el Jefe del Estado se había producido un

aislamiento tan total del edificio.

 

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