Autor: Hernández Domínguez, Abel. 
   El juego de los colores     
 
 Informaciones.    13/05/1978.  Página: 3. Páginas: 1. Párrafos: 3. 

INFORMACIONES

El juego de los colores

Por Abel HERNÁNDEZ

CON frecuencia este país se ha dedicado ´al juego de los colores; Este juego ha acabado siempre mal. La

última experiencia brutal fue la guerra fratricida del 36. Vencieron los «azules» y durante casi cuarenta

años el lábaro del «Vaé Victis» (¡Ay de los vencidos!) estuvo clavado en el pechó de los «rojos», con el

destierro, la cárcel o la mordaza. Parece que, por primera vez en mucho tiempo —en demasiado tiempo—

los españoles estamos dispuestos a acabar con este peligroso juego de los colores.

Los «rojos» quieren desteñir sus banderas (Carrillo trata de sacar al Partido Comunista del leninismo, y

Felipe González pretende sofocar el marxismo doctrinario y dogmático, en el Partido Socialista).

Los «azules», si excluimos al pequeño reducto de la derecha nerviosa, de la derecha nostálgica, hace

tiempo que se cambiaron de camisa. En realidad, la mayor parte de ellos nunca creyeron en las fórmulas

autoritarias ni en el sistema en que se movían irremediablemente como profesionales de la política.

Después los llamar dos azules» o «seuístas» (tengo que confesar que me rebelé contra el S.E.U. y contra

el franquismo en mis años de Universidad, y hasta sufrí las consecuencias) han sido los que_ han

protagonizado, en gran parte, el cambio a la democracia. No reconocerlo es una estupidez o una

obcecación.

E1 caso de los travestís» de la política, que se hacen en manada «rojos» de la noche a la mañana jporgue

está de moda, sin haber visto siquiera el forro de «El Capital», de don Carlos Marx, no deja de ser un

espectáculo de charanga y pandereta animado por la subcultura). Mantener la dialéctica franquismo

antifranquismo y rebuscar en los archivos o en. las hemerotecas las cartas políticas de origen —salvo en

casos muy excepcionales— empieza a ser ya una ruindad inútil,

La Unión de Centro Democrático, que acaba de potenciar sus órganos dirigentes acentuando la línea

liberal progresista, ha capitalizado en su corta y azarosa vida dos méritos fundamentales: haber traído la

democracia a España- con- una reforma ruptura que desemboca en una Constitución, y haber albergado

en su .seno armoniosamente, como signo supremo de reconciliación nacional, la corriente procedente del

franquismo y la corriente procedente de la oposición. Considerar a los llamados :«azules» o «seuístas»

demócratas de segunda categoría; y pegarles la posibilidad de que sean .verdaderos reformistas, como

algunos pretenden, es, a p a r t e de- una injusticia —a los hechos me remito—, una prueba clara, de

miopía política. Ya está bien de juegos de colores.

 

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