Puntualizaciones de Martín Villa a Bandres. 
 Estamos ante la necesidad de devolver a una población su dignidad  :   
 No hay guerra civil abierna ni larvada. 
 ABC.    08/11/1978.  Página: 4, 5. Páginas: 2. Párrafos: 27. 

PUNTUALIZACIONES DE MARTÍN VILLA A BANDRÉS

«ESTAMOS ANTE U NECESIDAD DE DEVOLVER A UNA POBLACIÓN SU DIGNIDAD»

No hay guerra civil abierta ni larvada

Madrid. (De nuestra Redacción.) Como respuesta a la interpelación del senador Juan María Bandrés, el

ministro del Interior, Rodolfo Martín Villa, expuso ante el Pleno del Senado un extenso informe, del que

seleccionamos los puntos mas relevantes:

EL GOBIERNO NO ELUDE SU RESPONSABILIDAD.—El Gobierno no trata de eludir su

responsabilidad en este punto. Sabe que a él le corresponde prioritariamente la obligación de prevenir y

reprimir el terrorismo. Pero frente al terrorismo y sus consecuencias todos debemos, de alguna manera y

en mayor o menor grado, sentirnos responsables, puesto que, al cabo, todos también resultamos, en cierto

modo, afectados.

Me sorprende mucho que un jurista tan riguroso como el señor Bandrés sea capaz de incurrir en lapsus

tan grave. Porque me resulta sencillamente inconcebible que el ¡señor Bandrés no sepa a estas alturas

qué es un preso político y, sobre todo, que no sepa, pueda o quisiera distinguirlo con la nitidez suficiente

de un presunto asesino. Porque es cierto que la causa próxima de los sucesos de Pamplona fue la

exhibición de una pancarta «n la plaza de toros, pidiendo ¡a libertad de unos detenidos, puestos ya, por

cierto, a disposición de la autoridad judicial.

No se irán del País Vasco los Cuerpos de Seguridad del Estado

El Gobierno asume plenamente su responsabilidad política E. T. A. es la que mata y roba en las

Vascongadas

Pero no es en absoluto verdad que tales detenidos fueran presos políticos, ya que se trataba nada más y

nada menos que de personas acusadas de haber participado en el asesinato del subteniente de la Guardia

Civil, don Juan Eseverri y cuyos detenidos estaban ya entonces a disposición de la autoridad judicial,

concretamente del Juzgado de Instrucción número 2 de Pamplona, y cuyas actuaciones se hayan

actualmente pendientes del trámite de calificación del Ministerio Fiscal.

Todos deberíamos tener exacta conciencia de que ahora de lo que se traba en el País Vasco, con la

colaboración de todos, primordialmente del propio País Vasco, del Gobierno y de los Cuerpos de

Seguridad del Estado, es de Impedir que la E. T. A. y sus organizaciones paralelas, sus cómplices y

colaboradores, conviertan a los vascos en presos de su propia política de terror, de crimen y de violencia.

PAMPLONA ES BLANCO DE LA E.T.A. En relación con lo sucedido en Pamplona el día 8 de julio, lo

primero que me veo en la precisión de decir es que no se puede ni se debe aislar la entrada de la Policía

Armada en la plaza de toros, del clima de violencia artifical y previamente creado en Navarra y en su

capital.

En este sentido, deseo ser muy claro. Y lo deseo para decir que desde hace algún tiempo Navarra y. muy

en especial, la ciudad de Pamplona, viene siendo blanco de la E.T.A. y de sus organizaciones paralelas

con el intento, no logrado, de colonizarla por el terror. Los conatos en este sentido tuvieron también su

expresión en los días Inmediatamente anteriores a los Sanfermines.

Es en este marco en el que hay que encuadrar los sucesos de Pamplona. Es en el marco de la estrategia

terrorista e independentista de la E. T. A. donde hay que situar los acecido el 8 de julio.

CLIMA DE GUERRILLA URBANA.— Esa misma situación de provocación y violencia se repite el día

11 en San Sebastián a consecuencia de una manifestación contra los Cuerpos de Seguridad del Estado,

colocándose barricadas en la Cuesta de Aldapeta, desde la que se hostiga a la Policía Armada, que tiene

su cuartel al final de dicha Cuesta.

Y en ese mismo clima de guerrilla urbana se desarrollan los sucesos de Rentería, cuando unos 2.000

manifestantes Impiden por la fuerza que una sección y media de la Guardia Civil consiga retirar una gran

barricada que interrumpía el tráfico por la carretera nacional I y que tuvo que recabar la ayuda de la

Policía Armada, una de cuyas secciones produjo en edificios y establecimientos de aquella localidad

daños y destrozos materiales evaluados por los propios afectados en dos millones de pesetas. Como

pueden ustedes comprender, aun con todas las atenuantes que, evidentemente, procede tener en cuenta, el

Gobierno no puede menos que censurar la actuación de este pequeño grupo de los Cuerpos de Seguridad

del Estado, cuya censura, tengo plena certeza de ello, comparten todos sus compañeros y, de seguro, ellos

mismos.

E. T. A. ES QUIEN ASESINA.—A mí, como ciudadano y, sobre todo, como ministro del Interior, me

estremece y preocupan los daños materiales que una sección de la Policía Armada ocasionó en Rentería,

en donde, como ya he dicho, no hubo ningún muerto ni ningún herido, siquiera leve. Pero a mí me

gustaría también conocer qué clase de especial estremecimiento acomete al señor Bandrés ante los 111

asesinatos cometidos por la organización terrorista E. T. A. De ellos 34 guardias civiles, 13 policías

armadas, 11 funcionarlos del Cuerpo General de Policía, tres militares, cuatro policías municipales y 46

personas civiles de la más variada condición social, asesinados alevosamente y por la espalda y muchos

de estos muertos con origen, apellidos, ascendencia y profunda raigambre vasca. No, el problema del País

Vasco no está representado por los Cuerpos de Seguridad del Estado.

El problema del País Vasco está configurado por las acciones criminales que de forma sistemática lleva a

cabo 1» organización terrorista E. T. A. Es la E. T. A. la que hace correr la sangre, es la E. T. A. la que

roba, es la E. T. A. la que planifica y provoca toda suerte de graves alteraciones del orden en el País

Vasco. No cabe la pretensión aquí de querer desfigurar o disfrazar la realidad. La realidad es ésta.

A continuación el ministro respondió a las preguntas de Bandrés:

NAVARRA QUIERE VIVIR EN PAZ.— El Gobierno ha de contestar que en su día el pueblo navarro

elegirá el camino qu« orea más adecuado para su autogobierno, sin que para ello se vaya a dejar influir de

acciones de lo que el senador llama «la extrema derecha». No creo yo que la acción organizada de los

sucesos de Pamplona, no más saltada la chispa en la plaza de toros, sea imputable precisamente a lo que

el senador llama extrema derecha. El pueblo navarro quiere vivir en paz y decidir él mismo su suerte.

La Constitución, digo, es la que estima que Navarra debe decidir su peculiar manera de seguir siendo

española.

MEDIDAS DISCIPLINARIAS.—En cuanto a las medidas disciplinarias adoptadas fueron las siguientes:

por los sucesos de Pamplona causó baja en la Policía Armada el comandante; por los de San Sebastián,

fue trasladado de guarnición el comandante, y por los de Rentería fue relevado del mando y causó baja en

los Cuerpos de Seguridad del Estado el capitán de la 11 Compañía de Reserva; y han sido arrestados el

teniente jefe de la Primera Sección, dos sargentos, un cabo y nueve policías, estando todos ellos

suspensos de sus funciones hasta tanto recaiga la correspondiente resolución de la autoridad judicial

militar.

ASUMO LA RESPONSABILIDAD POLÍTICA.—La responsabilidad política la asume plenamente el

Gobierno y personalmente el ministro, que tiene el honor de dirigirse a esta Cámara. El Gobierno está

tratando de perfeccionar la eficacia del aparato policial a fin de acomodarlo a la situado» derivada del

proceso político que culmina en la Constitución. También acaba la Policía de ultimar un plan

antiterrorlsta y que, lógicamente, no puede explicltarse.

El Gobierno decididamente proclama que no se irán del pueblo vasco los Cuerpos de Seguridad del

Estado, porque la soberanía es Inherente al Estado y pasa por la existencia de sus Cuerpos de Seguridad

en todo el territorio nacional, sin perjuicio de las necesarias y convenientes colaboraciones por parte de

las Policías locales.

NO ESTAMOS EN GUERRA CIVIL.— La solución definitiva al terrorismo se apoya en dos pilares

principales: desarmarlo ideológicamente y asegurar el éxito policial. El terrorismo, cualquiera que sea su

final, se apoya en una ideología, en un extremismo ideológico. El terrorismo es la expresión fanática de

una idea. Esta expresión es utilizada como pretexto por sus fanáticos seguidores cuando no hay otra

expresión para la misma. Al existir, como ahora existe esa expresión, queda demostrado que ese

terrorismo es puro asesinato.

Que, pues, bien claro. No es ésta, ni estamos, en una guerra civil abierta ni larvada. Estamos ante la

necesidad de devolver a una población su dignidad secular para vencer ¿son ella la locura de bandas

criminales que, injustamente, se apellidan vascas.

 

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