Autor: Ruiz Gallardón, José María. 
   Socialismo nacional  :   
 Apostillas a un caos semántico, pero compacto. 
 ABC.    09/09/1972.  Páginas: 1. Párrafos: 13. 

OPINIONES AJENAS, POLÉMICAS, CARTAS, PUNTUALIZACIONES, COMENTARIOS.

SOCIALISMO NACIONAL

Apostillas a un caos semántico, pero compacto

Voy, por mi parte, a dar por terminada la polémica en la que, al hilo de un ar-tículo mío, han intervenido

el señor Alco-cer, de «Pueblo», y ahora su director, don Emilio Romero.

Este último, ironías siempre fáciles apar-te, sostiene dos puntos de vista.

Primero: Según Romero, en España, en 1972. «no hay ni Prensa marxista, ni tri-bunos socialistas.» «toda

la Prensa» todos los tribunos, todas las opiniones que se ha.-cen públicas, son moderadas». Así de ro-

tundo es el director de «Pueblo».

Y sin embargo, respecto de la Prensa, yo creo haber demostrado que en diversas publicaciones españolas

aparecen artículos firmados, nada moderados, socialistas y marxistas. Que desde las columnas de di-

versas revistas se defienden tesis propicia-doras de la lucha de clases, de la revolu-ción cruenta o

incruenta, de la implanta-ción de un socialismo marxista.

Esto en cuanto a la Prensa. Porque el de tribunos se habla, recomiendo al señor Romero, ahora que va a

empezar el curso, que se dé una vuelta por la Universidad cualquier mañana de «asamblea libre». Y que

luego nos cuente, desde las columnas de «Pueblo», lo que haya visto y oído.

Segundo: Romero sostiene que el «socialismo o nacional inspira nuestras Leyes Fundamentales. Y que

en él se encuentran «las afirmaciones o deseos de los tradicionales programas socialistas». Si no me

equivoco, la tradición socialista es la de Pablo Iglesias, la de Largo Caballero, la de Prieto, la de Llopis.

¿Han sido las afirmaciones de estos conocidos tribunos las que han inspirado nuestras Leyes Fundamentales?

Claro está que Romero no tiene empacho de escribir, lineas abajo de acuella afirmación, que «ningún

parentesco político, ni pasado ni actual, tenemos con ese socialismo histórico de Toulouse que nos

describe Ruiz Gallardón» ¿En qué quedamos? ¿Se alientan nuestros Leyes en las afirmaciones o deseos

de los tradicionales programas socialistas, o el socialismo nacional no tiene nada que ver con ellos? Para

mi que el problema es muy claro. Hace algún tiempo Amando de Miguel, una de las cabezas más claras

de nuestro tiempo, calificó la expresión de «socialismo nacional» como «caos semántico, pero compacto».

Y es que en efecto, ese tal sedicente socialismo, ni es socialismo ni es nada. Es una tortilla de patatas

sin huevo y sin patatas. Es una mixtificación. Es una tapadera para no conceder a amplios sectores del

país cauces adecuados de expresión y de critica. Es, además, una apropiación injustificada de la idea de

justicia social. Es, por último, una nueva logomaquia que no engaña ni a los que dicen ser mis partidarios.

Veámoslo. Por lo pronto es difícil concebir un socialismo auténticamente nacional, como no sea bajo la

desacreditada fórmula del nacionalsocialismo. Aquí el orden de los factores tiene su importancia Pero lo

trascendental es que el socialismo no es compatible con estas afirmaciones básicas en nuestro contexto

constitucional: La ley de Principios del Movimiento Nacional consagra, en el VIII, el carácter

representativo de nuestro orden político, precisamente y sólo, a través de entidades con representación

orgánica. Y por ello dice: «Toda organización política de cualquier índole, al margen de este sistema

representativo. Será considerada ilegal,» El IX, tras de reconocer la propiedad privada, establece el

llamado principio de subsidiariedad, incompatible con cualquier ideario socialista en términos que no

dejan lugar a dudas. Dice asi: «La iniciativa privada, fundamento de la actividad económica, deberá ser

estimulada, encauzada y, en su caso, suplida por la acción del Estado.»

Si pasamos a Fuero de los Españoles, bueno será que recuerde el señor Romero los siguientes artículos;

«Artículo 26. El Estado reconoce en la empresa una comunidad de aportaciones de la técnica, la mano de

obra y el capital en sus diversasformas, y proclama, por consecuencia, el derecho de estos elementos

a participar en les beneficios.»

«Artículo 30. La propiedad privada, como medio natural para el cumplimiento de los fines individuales,

familiares y sociales es reconocida, y amparada por e1 Estado.»

«Artículo 32. Nadie podrá ser expropiado sino por causa de utilidad pública o interes social, previa la

correspondiente indemnización y de conformidad con lo dispuesto en las leyes.»

Y el Fuero del Trabajo, en sus apartados XI y XII, dice: «En general, el Estado no será empresario sino

cuando falte la iniciativa privada o lo exijan los intereses superiores de la nación.» Y del Estado

reconoce y ampara la propiedad privada como medio natural para el cumplimiento de las funciones

individuales, familiares y sociales.

Está, pues, claro que nuestra Constitución no es socialista. Como está también muy claro que defender

un sedicente socialismo nacional no es menos lícito que hacer el panegírico, por ejemplo, de un

neocapitalismo nacional. Todo ello supone pluralismo ideológico, que a mí no me parece reprobable,

pero que no parece encajar demasiado bien con las tesis oficiales a1 uso preconizadas desde el Consejo

Nacional, del que el señor Romero forma parte.-José María, RUIZ GARLLARDON-

 

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